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2020: un antes y un después para el ODS6

  • 2020: antes y después ODS6
  • 2020 no ha sido el año que esperábamos. La crisis sanitaria de la COVID-19 ha irrumpido en un año en el que las acciones para abordar la crisis climática y, por ende, la de la seguridad hídrica, se encontraban en un momento crítico en el que o lo dábamos todo para hacerlas frente y cumplir con ella la Agenda 2030, o nos quedábamos a medio gas. Ahora toca volver a mirar al futuro y decidir cómo queremos afrontarlo.

El gesto de abrir un grifo es sencillo; que el agua salga por él, no tanto. Mientras tú y yo vemos como en cualquier acto cotidiano el líquido se resbala entre nuestros dedos, transparente, limpio y casi invisible de no ser porque podemos sentirlo, miles de millones de personas se enfrentan a diario a enormes dificultades para acceder a los servicios de agua y saneamiento que, junto a la higiene, son un derecho fundamental. Hoy, más que nunca.

El año del punto de inflexión

2020 ha marcado el inicio del Decenio de Acción para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030; un periodo de diez años que se planteaba crucial para dar el último empujón a la visión conjunta del futuro que persiguen los ODS: el punto de inflexión de nuestra visión común para rescatar al planeta y acabar con las desigualdades a todos los niveles. Si bien se han logrado avances en muchos lugares desde que los Estados miembros de la ONU adoptaran los 17 Objetivos en 2015 como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, las medidas para alcanzarlos –que no avanzaban a la velocidad deseada– se vieron truncadas por la irrupción de un virus que ha puesto en jaque al mundo entero.

En 2020 también, las Naciones Unidas celebran su 75º aniversario, y lo hacen en un momento en el que el mundo atraviesa una crisis sanitaria mundial sin precedentes que acarrea, además, graves repercusiones económicas y sociales, y pone en riesgo los medios de subsidencia. Entre estos últimos destaca el acceso al agua y al saneamiento, que está recogido en el ODS6, cuyo foco principal es garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

Miles de millones de personas se enfrentan a diario a enormes dificultades para acceder a los servicios de agua y saneamiento

La aparición de la COVID-19 en nuestras vidas ha expuesto y exacerbado las desigualdades que ya existían en este ámbito, donde un acto tan simple para muchos como es el de abrir un grifo y lavarse las manos con agua y jabón –el método económico y efectivo para la prevención del virus (y de otras muchas enfermedades) –, no está al alcance de todos. De hecho, según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020 de Naciones Unidas, en 2017 aproximadamente 3.000 millones de personas en todo el mundo carecían de la capacidad de lavarse las manos de forma segura en sus hogares. Pero los servicios de agua, saneamiento e higiene no siempre faltan en el ámbito familiar, también en aquellos lugares que resultan cruciales para el desarrollo social: los centros sanitarios y los colegios. De acuerdo a dicho informe, en 2016, uno de cada cuatro centros de atención sanitaria en todo el mundo carecía de suministros básicos de agua, uno de cada cinco no tenía servicios de saneamiento y dos de cada cinco no tenían agua y jabón ni desinfectantes de manos a base de alcohol, en los lugares de atención. Además, el 47% de las escuelas de todo el mundo carecían de instalaciones para lavarse las manos con agua y jabón.

Unas cifras que, con la pandemia, se han vuelto más alarmantes si cabe.  “Es fundamental”, señalan desde la ONU, “subsanar las diferencias relacionadas con el agua, el saneamiento y la higiene para contener la propagación de la COVID-19 y otras enfermedades”. Pero, por desgracia, el SARS-CoV-2 no es el único problema que amenaza la consecución del ODS6 de cara a 2030.

Los mismos problemas en diferente contexto

Aunque en un segundo plano debido a la pandemia sanitaria, aquellos otros problemas que amenazan la seguridad hídrica no han desaparecido. La desigualdad en la distribución del agua dulce, la sobreexplotación de los recursos hídricos y el aumento de las sequías y la desertificación como consecuencia del cambio climático, hacen que cada vez más países experimenten un fuerte estrés hídrico. “La mayor crisis de la que nadie habla”, aseveró el Dr. Andrew Steer, presidente y CEO del WRI, coincidiendo con el lanzamiento del Atlas de Riesgos relacionados con el Agua en 2019, Aqueduct, y que advertía de que una cuarta parte de la población mundial se enfrentaba a un estrés hídrico extremo. El agua es el medio a través del cual las sociedades perciben los impactos más graves del cambio climático y, con la crisis climática sobre nosotros –2019 fue el segundo más cálido registrado y el final de la década (2010–2019) más cálida– y la falta del compromiso necesario para revertirla, las perspectivas para los próximos diez años no son positivas.

Con la crisis climática y la falta del compromiso para revertirla, las perspectivas para los próximos diez años no son positivas

El Informe Global de Riesgos 2020 del Foro Económico Mundial brinda una perspectiva amplia sobre las principales amenazas que pueden afectar a la prosperidad mundial en la próxima década. En él, y por primera vez, las amenazas ambientales dominan los cinco principales riesgos globales en términos de probabilidad (eventos climáticos extremos, fracaso en la mitigación y adaptación al cambio climático, desastres naturales, pérdida de biodiversidad y daños ambientales provocados por el ser humano). El octavo lugar lo ocupan las crisis del agua, categorizadas como amenaza social y no ambiental, y se sitúan en el quinto lugar de los cinco puntos con mayor impacto en los próximos diez años, por detrás del fracaso en la acción climática, las armas de destrucción masiva, la pérdida de biodiversidad y los eventos climáticos extremos.

Esto no solo resalta, de nuevo, la importancia de incorporar el agua y el saneamiento en las políticas y planes de otros sectores, sino que además sitúa al ODS6 en el centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por su vinculación e interdependencia con los dieciséis restantes, pues el agua –señala la ONU– “es esencial no solo para la salud, sino también para la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la paz y los derechos humanos, los ecosistemas y la enseñanza”. O lo que es lo mismo, el agua presenta algunos de los desafíos sociales, políticos y económicos más apremiantes del mundo.

Un futuro incierto para un problema nítido

La COVID-19 no solo ha hecho tambalearse a todos y cada uno de los progresos que se habían logrado hasta la fecha en materia de los ODS, desacelerando las soluciones sostenibles dirigidas a los principales desafíos del mundo; también ha hecho que nos preguntemos si saldremos más fuertes y mejor dispuestos a trabajar juntos, en cooperación, tal y como precisan los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En nuestras manos está marcar un antes y un después en la gestión del agua. “Abordar la cuestión del agua no es una tarea que se deba tomar a la ligera”, dice Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, en el prólogo del Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020 Agua y Cambio Climático, y no le falta razón. Siendo el agua clave para todo desarrollo, debemos tener la capacidad de enfrentar los desafíos utilizando un enfoque integrado en las áreas sociales, económicas y ambientales. Y, para ello, debemos tener claro que la lucha es conjunta y, el futuro, común.

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