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Copenhague, una ciudad hídricamente resiliente

Al llegar a Copenhague, la sensación es que todo gira en torno al agua. Y, aunque quizá sea una visión algo sesgada por la deformación profesional, sí es cierto que la ciudad se articula en torno al puerto, del que nacen canales (el más famoso, el Nyhavn) que dan forma a la estampa típica de la ciudad que acogió a Hans Christian Handersen y a su célebre Sirenita.

Estos días, además, el agua se ha convertido en la preocupación principal a la que atender en la capital de Dinamarca: acoge, del 11 al 15 de septiembre, el Congreso Mundial del Agua de la International Water Association (IWA), bajo el lema “Smart Liveable Cities”. Esta semana he tenido la oportunidad de conocer de primera mano herramientas, profesionales y lugares que atestiguan el papel protagonista que juega el recurso de cara a los desafíos más importantes de la humanidad, como son el cambio climático o el crecimiento de la población urbana.

El agua se ha convertido en la preocupación principal a la que atender en Copenhague acoge, del 11 al 15 de septiembre, el Congreso Mundial del Agua

Así, y como muestra de ello, el domingo 11 de septiembre la organización planificó una visita exclusiva para prensa centrada en dos elementos principales que forman parte de la infraestructura resiliente de Copenhague: el Kalvebod Brygge Cloudburst Tunnel y la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) de Lynetten, la más grande de Dinamarca.

Kalvebod Brygge Cloudburst Tunnel: prevenir es más barato que curar

En 2011, la capital danesa sufrió unas fuertes inundaciones, dejando estampas de calles completamente cubiertas de agua, estaciones desbordadas y casas destruidas. Fruto de esta situación de tormenta masiva, que amenazaba con convertirse en habitual debido al impacto del cambio climático, nació el Copenhagen Cloudburst Management Plan. El objetivo estaba claro: aunque no se pueda proteger la ciudad por completo, sí es posible prepararla mucho mejor para las inundaciones. El plan contemplaba una inversión de 3.800 millones de coronas danesas (511 millones de euros). Comparado con la estimación de daños por las lluvias ese mismo año (entre 5.000 y 6.000 millones de coronas), el plan quedaba ampliamente compensado, incluso cuando las medidas se pongan en marcha con una frecuencia de una vez cada 10 años. Así, la política se centra en la prevención en vez de la reparación una vez que se han producido los problemas, contemplando un plazo de ejecución de las medidas de 20 años.

La apuesta del plan era proponer soluciones verdes allá donde la ciudad tuviera espacio suficiente para ellas, no así en zonas densamente edificadas. Para este tipo de áreas, los túneles subterráneos se alzan como la alternativa.

El Kalvebod Brygge Cloudburst Tunnel es uno de estos túneles. Este proyecto a gran escala tiene un presupuesto estimado de 43 millones de euros, y el objetivo principal es preparar a la ciudad para los eventos raros de lluvia extrema, definidos como 15 milímetros de lluvia en un intervalo de 30 minutos. Durante tales aguaceros, el túnel tiene la función de alejar las aguas pluviales de los distritos urbanos y de los barrios residenciales, y para descargarlas en el puerto de Copenhague. Al mismo tiempo, tendrá un efecto de protección climática en la mayor cantidad de lluvia diaria.

Sección del Kalvebod Brygge Cloudburst Tunnel.

En cuanto a sus medidas, está previsto que tenga aproximadamente una longitud de 1,3 kilómetros, con 2/3 metros de diámetro, y estará enterrado 20 metros bajo tierra. El diseño está pensado para hacer frente a una cantidad repentina de lluvia tan fuerte que, estadísticamente, solo ocurrirá una vez cada 100 años.

La construcción comenzó en 2021, y se espera que el túnel esté terminado en 2026.

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PTAR de Lynetten: la depuradora circular

Uno de los mayores orgullos de Copenhague es la excelente calidad de sus aguas, tanto en el abastecimiento como en las aguas residuales tratadas.

De hecho, resulta casi obsesiva la preocupación por parte de la administración de hacer del puerto una zona donde los habitantes y visitantes de la ciudad tengan la opción de bañarse (si tienes el valor y el aguante al frío suficientes).

En el caso del suministro, las aguas subterráneas son la fuente principal en todo el país. Estas, tras pasar un tratamiento simple, llegan directamente a los grifos de los hogares daneses, sin ni siquiera requerir cloración.

En cuanto al tratamiento de aguas residuales, la depuradora de  Lynetten, que tuve la oportunidad de visitar, debería ser también motivo para presumir.

Esta infraestructura, situada el norte de la ciudad (en una zona industrial invadida por modernos cafés y tiendas vintage) y gestionada por la empresa danesa Biofos, es la más grande de Dinamarca, y trata el 20% de las aguas residuales del país nórdico, incluyendo la capital y otros municipios cercanos. En su apuesta por la más alta eficiencia, la reducción de emisiones y el objetivo “verde” de emplear soluciones basadas en la naturaleza siempre que sea posible, la PTAR se conforma como un ejemplo de economía circular.

  • Tratamiento de las aguas residuales
  • Parte del proceso de nitrificación y desnitrificación de las aguas residuales
  • Vertido de las aguas tratadas

De este modo, las aguas son tratadas con su mayor parte mediante procesos biológicos, y tan solo un 20-30% de ellas requieren tratamiento químico. Además, la depuradora es a su vez una fábrica de recursos. Por un lado, produce biogás suficiente para su autoconsumo, con un sobrante que se inyecta directamente en la red de la ciudad. También los residuos sólidos y lodos una vez tratados están destinados a una incineradora, sita en la misma PTAR y que se alimenta precisamente de biogás.

La PTAR de Lynetten es la más grande de Dinamarca, y trata el 20% de las aguas residuales del país nórdico

Con todo ello, el agua vertida está muy por debajo de los niveles fijados por la legislación, de modo que incluso la reina de Dinamarca disfruta del baño en las gélidas aguas del puerto, donde acaban las aguas vertidas desde Lynetten.