En una época de sequía sin precedentes, la desalación —junto a la reutilización— se convierte en una tecnología clave para asegurar el abastecimiento. España es una potencia en desalación, no solo por su capacidad instalada, que la sitúa entre los primeros países a nivel mundial, sino también por la fortaleza de su industria. Aprovechar ese know-how resulta obligatorio en una situación tan crítica como la que atraviesa el país en este momento y, si tenemos en cuenta el histórico de escasez de agua, también para ser más resilientes de cara al futuro.
Desde la puesta en marcha de las primeras plantas en las Islas Canarias en la década de 1960, la desalación ha experimentado un crecimiento notable. En la actualidad, España produce alrededor de 5 millones de metros cúbicos de agua desalinizada para consumo humano, abastecimiento, uso agrario e industrial, en casi 800 plantas desaladoras instaladas. Si toda esa agua se utilizase para consumo humano, señalan desde AEDyR, podría abastecerse a cerca de 34 millones de personas.

La desalación en España (Esther Martín/iAgua).
La sequía en Cataluña y Andalucía
Cataluña y Andalucía se enfrentan actualmente a una severa sequía que impacta no solo el abastecimiento de agua potable sino también sectores cruciales como la agricultura. La desalación emerge como una solución viable y necesaria para mitigar los efectos de esta crisis hídrica, complementando las fuentes de agua convencionales y ofreciendo una respuesta sostenible a las necesidades de agua de estas regiones.
En Cataluña, la cifra de municipios que se encuentran en estado de emergencia por sequía asciende a 239 repartidos en las cuatro provincias catalanas: 163 en Barcelona, 63 en Girona, 11 en Lleida y 2 en Tarragona. Entre las medidas anunciadas para hacer frente a la situación, el Gobierno de España financiará con una inversión de 467 millones de euros las dos nuevas desaladoras de Tordera II y Foix, que estarán en funcionamiento en 2028 y 2029, respectivamente, y aumentarán el tratamiento de aguas en 80 hm³ anuales. Estas actuaciones persiguen un triple objetivo: garantizar el abastecimiento de agua de las provincias de Girona, Tarragona y Barcelona; la reducción progresiva del trasvase del Ter a Barcelona; y reducir las extracciones de los acuíferos en mal estado ecológico de la costa catalana.
La desalación emerge como una solución viable y necesaria para mitigar los efectos de esta crisis hídrica en España
En Andalucía, que soporta desde 2018 unas condiciones de sequía preocupantes, la Junta ha puesto en marcha una serie de iniciativas en las que la desalación tiene un papel protagonista. Por un lado, dentro la Estrategia ‘Sequía Plus’, se plantea el uso de desaladoras portátiles hasta mejoras en las infraestructuras de tratamiento de agua y la ampliación de recursos hídricos. Por otro, el último Decreto de Sequía aprobado —el cuarto— incluye la ampliación de la desaladora de la Costa del Sol. Asimismo, sobre la mesa también se contempla desarrollar un plan director de desalación.
La desalación, pese a no ser una solución única, se presenta como un complemento indispensable en la gestión de los recursos hídricos de España, especialmente en regiones como Cataluña y Andalucía, que se enfrentan a severas sequías. La experiencia y capacidad tecnológica de España en este ámbito la posicionan como un referente internacional, capaz de afrontar los retos presentes y futuros en la gestión del agua.
La desalación en España como impulso económico
La transición de España desde las tecnologías de desalación basadas en la evaporación hacia la ósmosis inversa ha marcado un hito en la eficiencia y sostenibilidad del proceso. De hecho, España lideró la evolución de esta técnica para desalar agua de mar, introduciendo importantes hitos tecnológicos en los diseños de plantas las de desalación.
Actualmente, más del 90% de las plantas utilizan ósmosis inversa, reduciendo significativamente el consumo energético y, por ende, los costos operativos. Respecto al coste del agua desalada, esta se ha reducido notablemente desde el inicio. Según AEDyR, en la actualidad, el coste en España está en torno a 0,60-1,00 € por metro cúbico, aunque cabe señalar que el coste final del agua desalada depende en gran medida de las condiciones locales. En cuanto al coste energético, el mayor que implica al proceso, el consumo energético de una planta desaladora de agua por ósmosis inversa es del orden de 3 - 3,5 kWh m3, disminuyendo en los últimos años gracias al desarrollo de procesos tecnológicos cada vez más eficientes. Sin embargo, también hay que tener en cuenta el coste del agua potable, que ha ido en aumento.
En cualquier caso, los avances en este campo han permitido que la desalación se utilice ampliamente en España para diversos fines, reflejando la adaptabilidad y eficacia de esta tecnología frente a los desafíos hídricos del país.
- Consumo humano: las áreas costeras, particularmente en el arco mediterráneo y las Islas Canarias, dependen en gran medida de la desalación para el suministro de agua potable. La creciente demanda de agua en estas regiones ha hecho de la desalación una fuente vital de agua.
- Agricultura: la agricultura es un sector clave en la economía española, especialmente en regiones como Andalucía, Murcia, y Valencia, donde el agua desalada contribuye significativamente al riego. Esto permite la producción agrícola incluso en tiempos de sequía severa, asegurando la continuidad de las actividades y el sustento de las comunidades locales.
- Industria: la desalación también abastece a diversas industrias, especialmente aquellas ubicadas en zonas con limitado acceso a fuentes de agua dulce. La disponibilidad de agua desalada permite el desarrollo y mantenimiento de actividades industriales, en las que el agua se ha convertido en una materia prima más.
- Turismo: en regiones turísticas, especialmente en las Islas Canarias y el Mediterráneo, la desalación garantiza el suministro de agua para hoteles, complejos turísticos y servicios relacionados. Desde AEDyR apuntan que «si no hubiera habido desalación, no hubiéramos podido llegar a los niveles de desarrollo turístico actuales».