Félix Francés: “Con información y educación en el riesgo, la población será más resiliente”
Félix Francés García, catedrático de Ingeniería Hidráulica en la Universitat Politècnica de València y especialista en gestión del riesgo de inundación, ha dedicado una buena parte de su carrera a estudiar los fenómenos extremos en el contexto mediterráneo. Su experiencia en modelación hidrológica y en la implementación de soluciones para la gestión de infraestructuras hídricas aporta una visión estratégica en la reducción de riesgos. En esta entrevista, abordamos los retos para mejorar la gestión de áreas críticas y las lecciones aprendidas de las inundaciones recientes, centrándonos en zonas especialmente vulnerables como la Rambla del Poyo.
Pregunta: ¿Cuáles considera que son las principales causas de que el sistema de alertas no haya funcionado con la eficacia necesaria en las recientes inundaciones?
Lo primero que hay que subrayar es que, a fecha de hoy, lamentablemente no existe un sistema operativo de predicción hidrológica en muchas confederaciones hidrográficas.
Desde luego no lo hay en la del Júcar. Los SAIH son una infraestructura valiosísima de monitoreo en tiempo real, midiendo precipitación, caudales y niveles de embalses. Por otro lado, la AEMET es la encargada en España de realizar predicciones meteorológicas oficiales. La predicción meteorológica es fundamental para incrementar el tiempo de antelación.
"A fecha de hoy, lamentablemente no existe un sistema operativo de predicción hidrológica en muchas confederaciones hidrográficas"
Pero lanzar las alertas basándose solo en la predicción meteorológica y en lo observado en las estaciones de aforo es insuficiente: por un lado, la predicción meteorológica no tiene en cuenta cómo, cuándo, cuánto y dónde se produce la escorrentía y, por otro lado, las estaciones de aforo solo muestran la información de algunos puntos de la red hidrográfica y no pueden dar una visión completa de lo que está pasando en el resto de la red fluvial, incluyendo los centenares de barrancos que lógicamente no están sensorizados.
Son la modelización hidrológica de toda la demarcación hidrográfica y una modelización hidráulica, aunque esta sea simplificada, las que pueden focalizar el problema en las zonas que se puedan inundar, con mayor antelación que el simple monitoreo. Con ello se ayudaría al despliegue del plan de emergencia en esas zonas y no en todo el territorio afectado por la alerta meteorológica; hacerlo con mayor tiempo de reacción e, incluso, diferenciar el mensaje de alerta según la localización, permitiendo que las personas puedan adoptar a tiempo las medidas de autoprotección adecuadas a cada caso.
P.- En el caso específico de la Rambla del Poyo, que resultó ser un punto crítico, ¿qué proyectos o modificaciones en su gestión deberían considerarse para reducir el riesgo de futuras crecidas?
Hay que distinguir la peligrosidad del riesgo de inundación. La peligrosidad es la combinación de la frecuencia y magnitud con la que se producen las inundaciones en un punto del territorio. El riesgo son las consecuencias negativas promediadas anualmente de tipo económico, población afectada… o, incluso, podemos medirlo en coches arrastrados. Estos riesgos se obtienen cruzando espacial y probabilísticamente los mapas de peligrosidad con los de vulnerabilidad de lo que se encuentra en la zona inundable.
Según establecimos en 1999 en el Avance del PATRICOVA (Plan de Acción Territorial de carácter sectorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana, aprobado en 2003) y como luego marcó la Directiva Marco de la Comisión Europea de 2007 relativa a la Evaluación y Gestión de los Riesgos de Inundación, el objetivo tiene que ser la reducción del riesgo. Y esta reducción se puede conseguir reduciendo la peligrosidad, la vulnerabilidad y/o la exposición.
"Disminuir el riesgo actual con infraestructuras que disminuyen la peligrosidad no es suficiente en ningún caso: siempre habrá un riesgo residual"
Para zonas urbanas e industriales ya consolidadas hay dos alternativas: desplazamiento o reducción del riesgo a través de infraestructura que reduzca la peligrosidad, sea estructural o no estructural o de ambos tipos. Lo primero solo es posible y económicamente razonable cuando se trata de pequeñas poblaciones o algunos edificios contiguos a los cauces. Ocurrió con los pueblos de Gabarda y Beneixida después de la rotura de la presa de Tous de 1982, pero entre los dos no llegaban a los dos mil habitantes y existía una sensación de pánico ante la posibilidad de repetición una situación similar.
Por tanto, para los centenares de miles de habitantes y miles de comercios e industrias afectados por la rambla del Poyo y otros barrancos, lo que era absolutamente necesario era implementar las actuaciones de infraestructuras de protección que estaban planificadas desde hace mucho tiempo. Pero no solo esto es suficiente.
P.- Desde su experiencia en modelación hidrológica, ¿qué estrategias a nivel de cuenca serían efectivas para minimizar los impactos de lluvias intensas en estas zonas?
Disminuir el riesgo actual con infraestructuras que disminuyen la peligrosidad no es suficiente en ningún caso: siempre habrá un riesgo residual, y la experiencia en todo el mundo nos dice que generan una sensación de falsa seguridad que hace que el riesgo residual crezca en el tiempo a pesar de haber reducido la peligrosidad.
Independientemente de las infraestructuras, sean necesarias o no, hay que desplegar el conjunto de actuaciones que inciden en la disminución de la vulnerabilidad del territorio. Mientras que las infraestructuras a implementar dependen de cada caso, las medidas que disminuyen la vulnerabilidad son siempre aplicables. Habría que distinguir entre: «antes de la inundación» donde es necesaria la adecuación de la edificación y las infraestructuras; la zonificación de usos, la mejora de las vías de evacuación; y política de seguros (esto último en los países donde la prima pueda ser diferente en función del riesgo).
"Lanzar las alertas basándose solo en la predicción meteorológica y en lo observado en las estaciones de aforo es insuficiente"
Por otra parte, «durante la inundación» son imprescindibles: sistemas de predicción y alerta; disponer de planes de emergencia y desplegarlos a tiempo. Por último, «después de la inundación» para ayudar en la recuperación de los daños, se desarrollan/elaboran planes de ayuda y recuperación que incluyen: reconstrucción de daños en edificación e infraestructuras; aplicación de los seguros; subvenciones a fondo perdido para lo que no cubren los seguros; y financiación adicional necesaria sobre todo por parte de las empresas.
Y, por encima de todo, es fundamental que la población disponga de la información y la educación respecto a su riesgo real y cómo actuar en una situación de emergencia. Con información y educación en el riesgo, la población será más resiliente.
P.- ¿Qué mejoras estructurales y de planificación urbana se deberían priorizar en las zonas más afectadas para fortalecer la resiliencia frente a futuras inundaciones?
Inmediatamente después de una inundación, comienza los que se denomina «proceso de recuperación» con unas prioridades claras de limpieza de edificaciones y calles, y restablecimiento de los servicios esenciales. A continuación, se realiza la reconstrucción de edificios e infraestructuras dañadas. Hay que aprovechar la reconstrucción para aplicar las medidas de adecuación de edificaciones e infraestructuras que establecen la normativa urbanística del PATRICOVA. Dos ejemplos. Las plantas bajas en zona inundable deben tener acceso interior a la planta superior o a la terraza y las infraestructuras estratégicas deben tener un nivel de protección de quinientos años de periodo de retorno.
P.- ¿Qué lecciones ha dejado este evento en cuanto a planificación y prevención de inundaciones, y qué considera que debería guiar la adaptación y la gestión del riesgo hídrico en el Levante?
Las cuestiones básicas para la reducción del riesgo son conocidas por todos los expertos y técnicos de la administración que trabajamos con inundaciones. Es más, por aplicación de la Directiva Marco, en muchas zonas inundables ya existen Planes de Gestión del Riesgo de Inundación (llamados PGRI) elaborados por las confederaciones hidrográficas. Pero, una vez más, en este país vamos detrás de los acontecimientos en vez de adoptar las medidas necesarias antes de que ocurra una catástrofe. ¿O las inversiones necesarias para disminuir el riesgo no son prioritarias confiando en que no lloverá?
Afortunadamente, la esperanza que nos han dado nuestros conciudadanos, no solo de Valencia, sino de toda España, es la enorme solidaridad que los damnificados han y están recibiendo. Porque un mes después, no se ha conseguido una recuperación completa y mucho menos se ha finalizado la reconstrucción, que tardará muchos meses.