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El futuro incierto del agua en Reino Unido

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Pensamos que el Reino Unido es uno de los países más lluviosos de Europa, pero ¿lo es realmente? Dos artículos en National Geographic analizan la disponibilidad de agua en el país de cara al futuro. El primero examina la posibilidad de que el Reino Unido tenga que enfrentarse a escasez hídrica el día de mañana. Aunque en la primavera de 2019, las precipitaciones en el país estuvieron por encima de la media, en marzo de ese año Sir James Bevan, Director Ejecutivo de la Agencia de Medio Ambiente, hizo un llamamiento en la Conferencia anual Waterwise celebrada en Londres: Inglaterra podría quedarse sin agua en 25 años como consecuencia del cambio climático y el crecimiento de la población, cuestiones que también afectan a Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

Parece ser que el clima del Reino Unido no es tan lluvioso como parece, y es bastante impredecible. Al estar en una latitud media, el aire caliente procedente del sur se encuentra con aire frío y húmedo del norte, y la masa de aire dominante es la que determina el tiempo atmosférico. Sí que llueve en Reino Unido, pero no en todas partes y no en todo momento. De media, en Londres llueve 106 días al año y caen unos 600 milímetros de lluvia, la mitad de la precipitación media que recibe Sídney.

Y el cambio climático deja su impacto: inviernos más lluviosos y veranos más secos de lo previsto. Las sequías, más frecuentes e intensas, traerán estrés hídrico e incluso escasez de agua. A la vez que el cambio climático merma la disponibilidad de agua, aumentará la demanda debido al crecimiento de la población. Se prevé un incremento de la población del Reino Unido de 12 millones en 2050.

El estrés hídrico tiene lugar cuando la demanda supera la disponibilidad, por lo que puede resolverse cambiando ambos lados de la ecuación: aumentando el suministro y reduciendo la demanda, sin olvidar la cuestión de las pérdidas de agua.

En cuanto a la demanda, es primordial concienciar sobre la necesidad de conservar agua. La Agencia de Medio Ambiente lidera junto con Water UK y otras organizaciones la campaña “Love Water”, que hace una llamamiento al público y a empresas a ahorrar agua y proteger el medio ambiente mediante la reducción de la contaminación y el despilfarro. En la actualidad el consumo doméstico es de 143 litros por persona y día. Un objetivo ambicioso sería reducirlo a 100 litros al día. Contar con sanitarios y grifería que permitan ahorrar agua en el baño, y cambios en los hábitos, como puede ser tomar duchas cortas y poner el lavavajillas siempre lleno, pueden servir de mucho.

En cuanto a la demanda, es primordial concienciar sobre la necesidad de conservar agua

Un segundo artículo en National Geographic  profundiza en la parte del balance hídrico que corresponde al suministro. Una posible forma de gestionar la cantidad de agua disponible, no ausente de polémica, es construir más embalses para capturar las lluvias invernales y poder disponer de ellas cuando sea necesario. Sin embargo sus detractores afirman que se trata de una de las presiones que dañan los ecosistemas de aguas dulces hasta el punto de que disminuye su capacidad de afrontar sequías e inundaciones. No se han construido nuevos embalses en el Reino Unido durante décadas, pero la situación podría cambiar, ya que las autoridades creen que son clave para satisfacer las necesidades de agua en el futuro. Los trasvases proporcionan otra posible solución también controvertida: transportar agua de regiones más húmedas a otras más secas o con mayor densidad de población.

Otra opción para aumentar la capacidad de suministro es la desalación. La única planta desaladora de gran tamaño del país se encuentra en Londres. Con una capacidad de 140-150 millones de litros al día, puede abastecer a un millón de personas. Hasta la fecha no se ha utilizado, y solo se pondrá en marcha en caso de sequía, debido a que su funcionamiento tiene un alto coste.

También es importante gestionar mejor el agua disponible. En el Reino Unido se calcula que las pérdidas de agua debido a fugas en infraestructuras son de un 23%. La mayor parte se encuentra bajo tierra, por lo que son difíciles de detectar y arreglar, por lo que puede ser más barato gastar más agua, siempre que haya más agua. Aun así, las nuevas tecnologías utilizadas en redes de distribución están ayudando a solucionar el problema.

Hay otras estrategias para aumentar la disponibilidad de agua: puede utilizarse agua de menor calidad para usos que no requieran agua potable. Por ejemplo, puede utilizarse agua de mar para las cisternas de los inodoros, y pueden reutilizarse aguas grises o aguas regeneradas. Las posibilidades son muchas, y en el futuro probablemente se utilizarán varias: es importante la rentabilidad, pero también ha de tenerse en cuenta la huella de carbono y la sostenibilidad a largo plazo de las diferentes estrategias.

Lee la noticia original en Smart Water Magazine.

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