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Manuel Valls: "No parece que la remunicipalización sea una gran idea, más bien todo lo contrario"

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  • Manuel Valls: "No parece que remunicipalización sea gran idea, más bien todo lo contrario"
  • El político catalán irrumpe en la escena política de Barcelona dispuesto a dar un vuelco a la gestión municipal de una de las ciudades más importantes de Europa.
  • Fotógrafo: Xavier Jubierre.

No hace falta excesiva presentación para Manuel Valls (Barcelona, 1962), uno de los políticos españoles más conocidos en nuestro país y en la vecina Francia, donde ejerció de primer ministro durante la presidencia de François Hollande.

Criado en un ambiente intelectual y artístico entre la ciudad de París y el barcelonés barrio de Horta, Valls se unió al Partido Socialista francés con 20 años. Su carrera desde entonces ha transcurrido de forma meteórica, ocupando cargos de primer nivel en todos los ámbitos de la administración francesa: como alcalde de Evry entre 2001 y 2012; en el Gobierno, como ministro del Interior entre 2012 y 2014; y en la cúspide del Ejecutivo, como primer ministro entre 2014 y 2016.

Ahora vuelve a su natal Barcelona con una idea: convertirse en el próximo alcalde de la urbe catalana más conocida en el mundo. ¿Su objetivo? Situar a Barcelona en la liga de las grandes urbes globales. En esta apuesta, el agua juega un papel fundamental.

Manuel Valls

Pregunta: En su programa electoral apuesta por hacer de Barcelona una gran capital europea a través de una nueva política municipal. ¿Cuáles son las principales medidas de dicha política?

Respuesta: Barcelona tiene vocación de gran capital española y europea. Cuenta con todos los activos para serlo. Pero necesita un cambio que la libere de los lastres que tanto la están perjudicando, la mala gestión municipal y el procés. Sin esas dos rémoras, podremos reconectar con la energía positiva de esa Barcelona abierta, segura y confiada. Una Barcelona creativa y productiva que tenderá puentes para aprovechar las oportunidades que se impulsan desde la Unión Europea, atraer sedes y actividad de ámbito europeo.

Nuestra ciudad reúne las condiciones necesarias para convertirse en un hub tecnológico de primer nivel situado en uno de los lugares más apreciados para vivir de todo el planeta. Esta combinación es la esencia de la poderosa marca Barcelona. Pero hay que liberar las energías de la ciudad. La fuerza del cambio será sorprendente.

Y para que ese cambio sea más potente, hemos de derribar fronteras: la perspectiva desde la que hemos de afrontar los retos del futuro de Barcelona en movilidad, en transición ecológica, en vivienda, en desarrollo económico… no puede ser solo la estrictamente municipal, sino la metropolitana. El futuro será de las grandes ciudades globales, y para jugar en esa champions league Barcelona debe integrar, por supuesto desde el consenso y la complicidad de todos los ayuntamientos implicados, toda su área metropolitana. 

En varias ocasiones ha puesto de relieve la importancia del medio ambiente en su propuesta de modelo urbano. ¿Qué acciones incluye en su programa para fomentar un modelo de ciudad sostenible?

R.- Sí, sin duda, la gestión del medio ambiente es uno de los cinco grandes ejes de nuestro proyecto político para la ciudad de Barcelona. Es una de las claves del impulso que vamos a dar para construir una ciudad más justa y equilibrada en la que la transición ecológica y la lucha contra la contaminación serán objetivos prioritarios.

Una de las señas de identidad de Barcelona es ser una ciudad de personas comprometidas con causas justas. Y esta lo es. Para empezar, vamos a crear un observatorio metropolitano del capital natural. Aunque lo más importante es la firme decisión de basar nuestras decisiones en un criterio transversal a todas las políticas municipales que garantice la solvencia científica y técnica, junto con la legitimidad y la transparencia. Porque este ámbito se presta mucho al populismo, y hay que trabajarlo de manera seria... Con políticas que no perjudiquen a los ciudadanos sino todo lo contrario. La defensa del medio ambiente debe mejorar nuestra calidad de vida y al mismo tiempo debe ser una fuente de empleo y de nuevas oportunidades. Emprenderemos la transición ecológica con audacia y rigor, abriendo un debate serio sobre movilidad sostenible y limpia, un debate de principios y de presupuestos. Incorporaremos con agilidad las nuevas tecnologías: el coche eléctrico, el coche autónomo, el transporte compartido... Y buscaremos un gran un acuerdo que consolide la circulación alternativa, porque queremos que Barcelona sea verdaderamente la capital de la movilidad sostenible.

Toda esta experiencia de gestión la vamos a integrar en un marco global, coherente con nuestra apuesta, para convertir Barcelona en un hub de conocimiento para la adaptación al cambio climático de las ciudades mediterráneas.

P.- El agua juega un papel fundamental en la estructura de la ciudad. ¿Cómo aborda la gestión del recurso en su programa para Barcelona?

R.- Soy barcelonés, y recuerdo lo que eran en mi infancia el Llobregat y el Besòs… Creo que los barceloneses hemos de sentirnos muy orgullosos de todo lo que se ha avanzado en la recuperación de esos dos grandes ejes de la estructura de la ciudad. Han pasado de ser auténticas cloacas a convertirse en unos parques fluviales espléndidos que dignifican las zonas por donde pasan. Esa política de recuperación hay que sostenerla porque ha sido muy positiva, y quedan todavía muchos retos por delante…

Un rasgo muy característico de Barcelona es su régimen pluvial. La gente suele extrañarse cuando se le dice que en Barcelona llueve más que en Londres, pero en verdad es así: casi un 10% más, aunque en menos de la mitad de días. Esta irregularidad, debida a la condición mediterránea de Barcelona, se ve agravada por el cambio climático y se expresa en sequías prolongadas y aumento de las lluvias de corta duración pero intensidad torrencial.

Nuestra ciudad es particularmente vulnerable al cambio climático. Por ello, es prioritario diseñar estrategias para reducir esta vulnerabilidad y optimizar la eficiencia del sistema con inversiones adecuadas en la renovación y mejora de la red y de las grandes infraestructuras metropolitanas. Afortunadamente, Barcelona es un referente mundial en la gestión del ciclo integral del agua y seguirá siéndolo.

Por lo demás, es evidente que la gestión del agua, que es un bien público y un servicio básico para los ciudadanos, un derecho fundamental, tiene que abordarse con los criterios de eficiencia, sostenibilidad y calidad, y orientarse hacia el modelo de la economía circular que reduzca al mínimo la huella hidrológica.

P.- Una de las apuestas del actual gobierno de la ciudad es la remunicipalización de la gestión del agua. ¿Cuál es su postura respecto a este movimiento?

R.- Lo primero que conviene dejar claro es que hay que garantizar el mejor servicio posible, sin apriorismos de ningún tipo. Ni en un sentido ni en otro. No se pude ser business friendly de manera acrítica, ni tampoco dejarse llevar por los prejuicios ideológicos en contra de toda iniciativa privada, como hace la actual alcaldesa de Barcelona, que es una auténtica enemiga del comercio.

El objetivo ha de ser la buena gestión. Es decir, la gestión que suponga una prestación de servicio excelente para los ciudadanos, con independencia de que ésta sea pública o privada. Dicho esto, le diré que yo soy un firme partidario del modelo de colaboración público-privada, un modelo que ha estado en el ADN de las mejores transformaciones que ha experimentado Barcelona en la historia reciente.

Pero el concepto de «remunicipalización» por el que me pregunta contiene tres errores de bulto. El primero es que la titularidad del agua ya es municipal, por lo que la expresión es voluntariamente engañosa: la titularidad pública del agua como bien público no está en cuestión, de lo que se está hablando es, exclusivamente, de la gestión.

El segundo error es que supone un paso atrás muy grave respecto del gran avance que comportó situar la gestión del agua en manos del Área Metropolitana de Barcelona, con una clara visión de mayor de eficiencia y sostenibilidad del modelo, y también de mayor corresponsabilidad del conjunto de municipios metropolitanos.

Y hay todavía un tercer error, que es el de promover, desde esta óptica «centralista» de una Barcelona que actuaría de manera unilateral e insolidaria, una fragmentación de los activos, del know-how y de la plantilla metropolitana de la empresa actual, lo cual conllevaría graves perjuicios de todo orden, tanto para el resto de municipios metropolitanos, que no fueron ni siquiera consultados al hacer esta propuesta, como para los trabajadores de la actual sociedad mixta metropolitana.

Así que no parece que la «remunicipalización» sea una gran idea… Más bien todo lo contrario.

P.- En su opinión, ¿cuáles serían las prioridades a abordar en la mejora del servicio municipal de agua en la ciudad?

R.- Si hablamos primero del modelo de gestión del Ayuntamiento en términos generales, le diré que la situación exige un cambio radical. Por un lado, para recuperar la excelencia de la gestión, que fue una característica del Ayuntamiento de Barcelona hasta que cayó en manos de unos políticos populistas y manifiestamente incapaces. Y, por otro lado, como le comentaba hace un momento, para pasar de un enfoque determinado por los prejuicios ideológicos a otro centrado en hallar, para cada problema, la mejor solución para los ciudadanos.

El modo como ha fijado sus prioridades este Consistorio en la política del agua es un ejemplo claro de lo que digo: un ejemplo perfecto de cómo no hay que afrontar una decisión política. El primer paso para gobernar es realizar una diagnosis acertada; posteriormente, fijar unos objetivos; luego, escoger los mejores métodos para alcanzarlos, y, por supuesto, ser capaz de evaluar los resultados para introducir las correcciones precisas… Pues bien, si llevamos a cabo esa diagnosis, ¿cree usted que la «remunicipalización» del agua es una de las prioridades de los barceloneses? ¡Si es claramente uno de los servicios mejor valorados por la ciudadanía!

La alcaldesa está haciendo bandera de la «remunicipalización» -que en su esquema mental es una «nacionalización»- por motivos doctrinarios y dogmáticos, sin tener la menor base objetiva. Resulta hasta difícil de concebir que se pueda proponer a los barceloneses algo así sin apuntar los plazos ni los costes que supondría la indemnización que el Ayuntamiento, o sea, todos los barceloneses, tendríamos que pagar a la empresa expropiada, y sin garantizar en absoluto que esos costes sirvieran para conseguir un servicio mejor.

En vez de resolver los problemas reales de la gente, intentan crearnos nuevos problemas. En fin, un auténtico despropósito. Porque si existe un lema sabio en el refranero es este: lo que funciona no se toca.

Así que, a partir de ese alto nivel de satisfacción de los ciudadanos, lo que hemos de hacer es trabajar para mejorarlo, pero manteniendo lo bueno que ya tenemos. Hemos de seguir avanzando, por ejemplo, en ahorro, pero sin perder de vista que nuestro porcentaje de pérdidas en la red es comparativamente muy bajo, y que el índice de eficiencia hidráulica de Barcelona está 10 puntos por encima de la media de los abastecimientos de Cataluña.

En materia de agua, como de transición ecológica en general, los principios de actuación no deben ser la estrategia o el interés electoral de la alcaldesa para tapar sus fracasos, sino los de eficiencia, sostenibilidad, calidad e innovación.

P.- En este sentido, ¿qué modelo cree que se ajusta mejor a las necesidades hídricas de Barcelona?

R.- Insisto en que no existe un modelo que podamos considerar perfecto, en abstracto, solo por ser público o privado. La perfección se alcanza al hallar, para cada situación concreta, la mejor fórmula. Esta fórmula ha de contar con mecanismos que garanticen la protección de los intereses de los consumidores y, a la vez, optimicen la eficiencia.

Pero hay un dato cierto, y es que tenemos que afrontar niveles importantes de inversión en el ciclo integral del agua, unos niveles que el sector público no está en condiciones de asegurar en solitario.

Por todo ello, para atender las necesidades presentes y futuras de la Barcelona metropolitana respetando y potenciando el actual marco de cooperación, hay que mantener con firmeza la autoridad reguladora e inspectora del servicio desde la AMB, pero hay que apostar por las fórmulas de colaboración público-privada más adecuadas, como se ha hecho satisfactoriamente hasta ahora.

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