A primera vista, el retroceso de los glaciares puede parecer una señal lenta, casi invisible, del calentamiento global. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Nature Climate Change revela que los impactos de superar temporalmente los 1.5 ºC de calentamiento global no solo serán duraderos, sino en muchos casos irreversibles para los glaciares del planeta.
Un equipo internacional de científicos liderado por Lilian Schuster y Fabien Maussion ha demostrado que incluso si logramos enfriar el planeta tras un "sobresalto térmico" hasta volver a un nivel seguro de 1.5 ºC, la pérdida de masa glaciar continuaría por siglos. Su estudio utilizó un sofisticado modelo climático y glaciar —el Open Global Glacier Model (OGGM)— para simular la evolución de más de 200.000 glaciares en diferentes escenarios de calentamiento hasta el año 2500.
El experimento del sobrecalentamiento
El eje central de la investigación fue comparar dos escenarios climáticos: uno donde el calentamiento global se limita a 1.5 ºC de forma estable, y otro donde se alcanza un pico de 3.0 ºC antes de reducirse nuevamente a 1.5 ºC. Este último, aunque más optimista que muchos caminos actuales, representa una versión "esperanzadora" del futuro si se apuesta por la eliminación masiva de carbono tras décadas de inacción.
Los resultados fueron contundentes: bajo el escenario con sobresalto, los glaciares perderán un 11% más de masa para el año 2500 que si se hubiera evitado ese pico de temperatura. Este daño no se recupera aunque las temperaturas se enfríen, mostrando una clara "irreversibilidad" del sistema, un concepto que el reciente Global Tipping Points Report define como un cambio que no se revierte bajo las mismas condiciones que lo provocaron, o que toma mucho más tiempo en recuperarse que en ocurrir.
El fenómeno del “agua del valle”
El estudio también introdujo un concepto inédito: el de "agua del valle" (o trough water en inglés). Durante el periodo en que un glaciar comienza a recuperarse tras un sobresalto térmico, su escurrimiento de agua —vital para millones de personas que dependen del deshielo— puede disminuir de forma temporal pero significativa. Esta reducción afecta sobre todo a las estaciones secas, en regiones como los Andes, Asia Central o los Alpes europeos.
Los resultados fueron contundentes: bajo el escenario con sobresalto, los glaciares perderán un 11% más de masa para el año 2500 que si se hubiera evitado ese pico de temperatura
En algunos casos, como en la cuenca del río Rapel en Chile, este déficit de escorrentía estacional podría durar más de 300 años y reducirse hasta en un 50%, afectando directamente el suministro de agua para la agricultura, el consumo humano y la producción hidroeléctrica.
Glaciares a diferentes ritmos
No todos los glaciares responden de la misma manera. Los glaciares "de respuesta rápida", situados típicamente en zonas de montaña con fuertes pendientes como los Alpes o el Himalaya, muestran una pérdida más abrupta pero también posibilidades limitadas de recuperación. Por el contrario, los glaciares polares, más planos y masivos, como los de Alaska o el Ártico ruso, responden lentamente pero continúan perdiendo masa incluso siglos después del pico de calentamiento.
Esto implica que muchas regiones de alta montaña podrían experimentar primero un "pico de agua" —un momento de abundancia de deshielo— seguido de una disminución permanente del caudal.
Más allá del hielo: el dilema ético del enfriamiento global
Este estudio no solo resalta las consecuencias físicas del cambio climático, sino que plantea un dilema ético y de gobernanza climática: en un futuro donde logremos revertir el calentamiento, ¿cómo lidiar con el impacto negativo que ese enfriamiento podría tener en regiones que dependen del agua glaciar?
Los investigadores advierten que el enfriamiento global posterior a un sobresalto podría acarrear consecuencias contraproducentes para ciertas comunidades, creando tensiones entre los objetivos globales de mitigación y las necesidades locales de adaptación.
Lejos de ser una predicción distante, este estudio sirve como advertencia urgente. La ventana para evitar un sobresalto de temperatura se está cerrando rápidamente. Las decisiones que tomemos en esta década determinarán si los glaciares del mundo —y las civilizaciones que dependen de ellos— tienen un futuro estable o uno marcado por la pérdida, el deshielo y la escasez.
"El mundo después del sobresalto será diferente al de antes", concluyen los autores. La ciencia lo ha dicho con claridad: evitar el sobresalto no es una opción, es una necesidad.