La propuesta de diseño se plasmó en una planta fabricada por SETA
Con el fin de producir agua potable a partir de agua salobre para consumidores aislados, se comienza a popularizar la instalación de plantas de ósmosis inversa de pequeño tamaño (de unas pocas decenas de metros cúbicos al día), alimentadas por energía fotovoltaica o eólica. Desgraciadamente, el consumo de agua para consumidores aislados es tremendamente variable, del mismo modo que la producción de energía por fuentes renovables es también variable.

El diseño de la potabilizadora está basado en la utilización de la información disponible (el consumo histórico de agua, las variables meteorológicas, el estado de la membrana, etc.) para realizar predicciones para las horas siguientes tanto de la producción energética como del consumo de agua, con el fin de planificar el flujo de agua a tratar en cada momento, el almacenamiento de energía en las baterías y los instantes de limpiezas de membranas y filtros.
Esta planificación se apoya en la utilización de ideas de control predictivo de procesos, permitiendo reducir la utilización de las baterías y el tamaño de los tanques de almacenamiento, lo que permite disminuir los costes y alargar la vida del equipo.