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Los españoles no tenemos una buena relación con el agua

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Los españoles no tenemos una buena relación con el agua. Esta afirmación, que inicialmente puede parecer chocante, no lo es. Pero antes de entrar en materia, una observación: En este artículo nos referimos al agua que llamamos continental, dulce o de beber, (cualquiera de estos términos es incorrecto, si buscamos la acepción apropiada). En lo referente a las aguas marítimas, aunque la historia nos demuestra que hemos sido gentes de mar, en la actualidad, no podemos decir lo mismo.

Pero volvamos al enunciado inicial. ¿Qué razón nos mueve a decir esto?

España no es un país afortunado en el reparto hídrico ofrecido por la naturaleza. O mejor dicho, una gran parte del territorio del país. De una parte, nuestros ríos, lagunas, charcas y otros reservatorios naturales, están sometidos a la variabilidad pluviométrica, tacaña y “caprichosa”, con extensas regiones de nuestro país.

De otra, sobre el recurso y su uso. Se puede pensar que la red de embalses y estructuras de conducción hidrológicas que disponemos en España existen desde siempre. Esto no es así. De las casi 1.400 presas y embalses que tenemos hoy en España y que tienen capacidad para acumular unas reservas de algo más de 55.590 Hm³, gran parte de ellas, han sido construidas en un periodo no superior a 120 años, si exceptuamos el de Almansa (1.548) y Tibi (inicio en 1.580) y otros pocos reservatorios.

El uso de las aguas continentales se destinan principalmente a Energía, Riego, Consumo humano, Industria, Ocio. Solamente, el uso del agua para actividades deportivas o recreativas, es el sector que proporciona a los interesados una información sobre el recurso algo más allá de la información básica.

La información. O para ser más precisos, la falta de información. Ahí tenemos un elemento que contribuye a sostener lo que dice el enunciado de esta exposición. Noticias optimistas difundidas generalmente por medios generalistas, la mayoría de las veces sobre la eficacia del control de las plagas, contribuyen a crear un estado de opinión irreal.

La educación. No es suficiente que nuestros estudiantes, en la fase temprana y también en estudios superiores, conozcan la geografía de nuestros recursos hídricos. Es necesario que conozcan el grado de dependencia que tenemos como país precario de este recurso. Es necesario conocer sobre el  estrecho margen de maniobra que tenemos, cuando las cosas no vienen bien dadas y las consecuencias reales de esta situación.

No solo debemos tener conciencia de las limitaciones hidrológicas, sino de aquello que es más importante: la preservación, cuidado, mantenimiento y atención sobre esos hectómetros cúbicos de agua útil que disponemos para nuestra subsistencia y desarrollo.

Un factor que se suma a este catálogo de alertas es el de las especies invasoras. Este fenómeno, que ha existido siempre, en los últimos años ha experimentado una alarmante proyección. El incremento del fenómeno se debe absolutamente a la intervención del factor humano. Hemos contribuido con nuestro desapego y falta de información, a aumentar el riesgo y provocar situaciones que en algunos casos se han convertido en críticas para los afectados más directos: Eichhornia crassipes (camalote) en el Guadiana, Dreissena polymorpha (mejillón cebra) en más del 25 % de nuestro sistema hidrológico, Corbicula fluminea (almeja asiática) en sistemas de riego, pueblos sin abastecimiento de agua potable por causa de la colmatación de tuberías, y así podríamos enumerar una extensa lista de ejemplos.

¿Pueden calcular cuánto dinero cuesta al erario público y la tesorería de las empresas intentar frenar o controlar estas plagas?

Algunos datos: En USA, 145.000 millones de dólares en los últimos 7 años. Brasil 85.000 millones de dólares en los últimos 5 años. España 1.200 millones de Euros (estimación) en los últimos 10 años. ¿Puede extrañarse alguien que la Unión Europea haya destinado la cifra de 12.000 millones de Euros para combatir las aproximadamente 1.200 especies que hoy están localizadas en suelo europeo? De todas ellas, el Dreissena polymorpha (mejillón cebra) ocupa uno de los primeros puestos del ranking en especies más invasivas y por consiguiente más peligrosas.

Cuando decimos que los españoles no tenemos una buena relación con el agua, nos referimos a que siendo actores involuntarios una veces y voluntarios otras, desconocemos nuestro rol o participación en la obra y lo que es peor, no podemos asistir a ella porque ignoramos en qué escenario se está desarrollando y sobre todo, el desenlace. Valga este símil para expresar de forma simple un problema tan complejo.

Mientras los gobiernos gastan mucho dinero en prevenir, orientar y atender a sus ciudadanos en relación con problemas derivados de malos hábitos, maltrato o usos inadecuados, (léase tráfico, drogas, violencia de género, maltrato a animales, etc.), que consideramos necesarios, aunque insuficientes, no hemos visto nada significativo que se refiera a mejorar nuestras relaciones con un elemento vital, esencial e imprescindible para la vida, como el agua.

Algunos países ante la gravedad del problema, han reaccionado manteniendo una línea dura e inflexible para actuar y combatir el problema. Los denominados Task Force, (fuerzas operativas temporales establecidas para trabajar en una operación o misión concreta). Organismos específicos formados por profesionales, para tratar problemas que por encima de ideologías, intereses políticos y estrategias de partidos, afectan la vida de las personas de forma masiva. Estos organismos de duración temporal o indefinida según sea el alcance del problema y cuya existencia se establece en función de la resolución o control de los problemas y no sometidos a la temporalidad de los gobiernos, son los encargados de establecer las estrategias que, posteriormente servirán para abordar el/los problema/s para los que han sido creados.

En la actualidad, en España, en el caso de las especies exóticas acuáticas invasoras, no existe nada que se parezca a lo anterior. En los relativo al ciudadano, solamente actuaciones de carácter restrictivo, algunas recomendaciones y poco más.

Por contrario, la dispersión  y falta de sincronía y  opacidad de los datos y resultados obtenidos, en  la mayoría de las acciones técnicas y administrativas, provocan un estado de confusión y desinformación alarmante. Esta situación, unida a la estructura de nido de abeja en lo relacionado con políticas preventivas e informativas, en las diferentes administraciones, provoca que la sociedad no reciba ningún mensaje unitario y específico sobre lo que debe hacer, evitar o prevenir, en relación a este grave fenómeno que nos afecta a todos.

Si queremos que nuestros ciudadanos sean más receptivos y contribuyan a establecer lazos de relación con el medio hídrico en España, consideramos que se debe coger el toro por los cuernos y empezar a plantearnos este importante problema, como de alta  prioridad. Muchos problemas actuales desaparecerán o se minimizarán, simplemente con que los españoles hagamos o dejemos de hacer unas pocas cosas. Así de fácil.

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02/04/2018 · 83 1

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