Más información sobre el cambio climático futuro gracias a la exploración del hielo del Ártico

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  • Hielo ártico (Wikipedia).

Distintas previsiones generadas por los modelos climáticos muestran que el Océano Ártico quedará completamente despejado de hielo en el verano de 2060. No obstante, en 2007 y 2012 se alcanzaron mínimos históricos que apuntan a que estas previsiones pecan de optimismo e incluso ya hay quien opina que probablemente el hielo ártico desaparezca estacionalmente en esta década o la próxima. Esta transformación crucial tendrá sin duda consecuencias de gran calado en el clima. En donde se aprecia disensión es en cuanto a su gravedad y calado.

Para dar con acciones correctivas oportunas y eficaces es necesario contar con herramientas adecuadas que permitan vigilar y evaluar con precisión la situación vigente.

El proyecto financiado con fondos europeos DAMOCLES ("Developing Arctic Modelling and Observing Capabilities for Long-term Environmental Studies") se creó para mejorar las capacidades europeas de modelización y observación del Ártico. Su objetivo último pasa por identificar y comprender los cambios que tienen lugar en el hielo marino, la atmósfera y el océano de la zona ártica y subártica. Uno de los problemas a solucionar es el desequilibrio que existe entre los instrumentos meteorológicos y oceánicos dedicados a la vigilancia del Ártico y del resto del planeta, siendo mucho más escasos en el polo norte.

El proyecto ha logrado mejorar la vigilancia del Ártico.

La corrección de esta situación se puso en manos de 48 entidades dedicadas a la ciencia, entre las que se cuentan diez PYME de once países europeos, Rusia y Bielorrusia, y expertos de Estados Unidos, Rusia, Canadá y Japón. El proyecto forma parte de una campaña internacional, mundial tanto en su ambición como en su naturaleza, destinada a superar de forma colectiva los obstáculos a los que se enfrenta la investigación del Ártico.

La complejidad de las tareas a realizar se manifiesta en la utilización de buques, aeronaves, rompehielos, registros satelitales y equipos submarinos para el proyecto. El equipo instaló boyas autónomas en bloques de hielo a la deriva para medir la temperatura y la salinidad de los océanos. Estas boyas se comunican con satélites y envían flujos de datos en tiempo real a distintos equipos científicos de Europa.

Además se utilizaron ondas sonoras para medir la temperatura oceánica. Un altavoz y un receptor sumergidos bajo la superficie permitieron aprovechar la diferencia en la velocidad del sonido en función de la temperatura (a salinidad constante) para controlar la temperatura del agua a gran distancia con una precisión elevada y a un coste muy bajo. Distintos robots en forma de torpedo se desplazaron por el océano para medir la temperatura, la salinidad, la presión y la velocidad del agua a distintas profundidades.

También se anclaron varios instrumentos al fondo marino en torno al Océano Ártico, zona en la que corrientes de gran intensidad transportan agua templada desde el Atlántico Norte hacia el centro de este océano. De este modo es posible vigilar el estado del océano en un lugar determinado durante un período largo de tiempo. Los instrumentos instalados en el hielo a la deriva proporcionan también una idea clara sobre la velocidad a la que desaparece el hielo ártico.

Al introducir los datos de principios de 2007 en el modelo de DAMOCLES, éste predijo a la perfección que, unos meses después, varias zonas extensas de la región central del Océano Ártico estarían despejadas de hielo. El proyecto logró mejorar la vigilancia del Ártico y avisar así con mayor antelación a las autoridades pertinentes de los eventos climáticos extremos venideros. 

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