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Alberto Fdez.: "El conocimiento del uso legal e ilegal del agua es una asignatura aún pendiente"

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El sector del regadío es el principal usuario del agua en nuestro país y cualquier plan de actuación o medida para mejorar la gestión del agua en España pasa necesariamente por mejorar la gestión y el uso del agua en el regadío. Con el objetivo de poner en primera plana la situación del regadío en España en iAgua queremos dar voz a través del ciclo de entrevistas "El regadío en España" (#RegadíoiAgua) a todos los actores implicados, expertos y sociedad civil. Hoy hablamos con Alberto Fernández, experto en política de aguas de WWF España.

Pregunta: En primer lugar, nos gustaría conocer su trayectoria profesional hasta el puesto que ocupa actualmente.

Respuesta: Soy Doctor en Biología por la Universidad Complutense de Madrid. Compagino mi puesto actual de profesor de enseñanza secundaria en un instituto público con la actividad dentro del Programa de Agua y Alimento de WWF España, organización medioambiental a la que pertenece desde hace 20 años. Soy especialista en ecología y política de aguas, dirigiendo desde esta posición varios proyectos europeos LIFE sobre gestión de la demanda en agua urbana en Alcobendas y en el regadío en el Alto Guadiana. Igualmente, elaboro documentos de posición e informes sobre diferentes aspectos relacionados con la política del agua y la conservación de ríos y humedales. En representación de WWF, participo en el Consejo Nacional del Agua y en el Consejo Asesor de Medio Ambiente y Consejo Regional del agua de Castilla-La Mancha. Soy miembro del Patronato del  Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. Actualmente tengo, como una de mis actividades prioritarias, la consecución de la sostenibilidad en el uso del agua en los acuíferos sobreexplotados del Alto Guadiana, fundamentales para la recuperación de los humedales de La Reserva de la  Biosfera de La Mancha Húmeda y en especial del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. Para ello, dirijo varios estudios de seguimiento de la aplicación del agua en el regadío en la zona. Igualmente dirijo proyectos dirigidos al uso sostenible del agua de las comunidades de regantes, facilitando la planificación de los cultivos para el ahorro del agua y la toma de decisiones de riego mediante diversas herramientas informáticas.

"El regadío español genera el 65% de la producción agrícola bruta y supone el 2% del PIB español"

P.- El sector del regadío es el principal usuario del agua en nuestro país. En este sentido, ¿de qué manera influye el agua en la economía agraria española?

R.- El regadío en España ocupa 3,5 millones de hectáreas. Desde 2002, los campos de regadío han crecido en más de 190.000 hectáreas. Genera el 65% de la producción agrícola bruta y supone el 2% del PIB español, dando empleo al 4% de la población ocupada en España. Los principales cultivos regados por orden de superficie son los cereales, el olivar el viñedo, los cítricos y los frutales no cítricos. El maíz (dentro de los cereales) y el olivar (dentro de los leñosos) son los cultivos que más han crecido en los últimos años por el aumento del uso del agua. Los productos hortícolas y de invernadero son los más productivos económicamente.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre el Plan Nacional de Regadíos actual?

R.- En la actualidad no existe un Plan de Regadíos como tal. Estamos a la espera de la elaboración de una Estrategia Nacional de Regadíos. En la actualidad, la política de regadíos del Ministerio se centra en actuaciones de interés general y la intención de la Subdirección de Regadíos es continuar con la modernización de regadíos en las cuencas intracomunitarias y que afecten a más de una comunidad autónoma. Las comunidades desarrollan nuevos regadíos o modernizaciones de acuerdo con las inversiones previstas en los PDR autonómicos. Sin embargo, desde WWF consideramos que no está justificado el aumento de las superficies de regadío o el consumo de agua dentro de ellos, debido a que sus extracciones influirán negativamente sobre el mal estado actual de las masas de agua, interfiriendo con los objetivos de la Planificación hidrológica. El resultado del seguimiento del estado de las masas de aguas que exige la UE refleja una situación francamente preocupante, con casi la mitad  de las masas en mal estado o desconocido, por lo que España ha recibido un fuerte requerimiento de la Comisión Europea para que corrija dicha situación. Esto pasa necesariamente por replantearse la política de regadíos en consonancia la capacidad de comercialización real de las producciones y la disponibilidad de agua en las cuencas hidrográficas una vez descontadas las necesidades ambientales y de abastecimiento a poblaciones. Todo ello, además, en un contexto de cambio climático que indica una disminución generalizada de los recursos hídricos disponibles.

Alberto Fernández - WWF

P.- En cuanto a la planificación hidrológica en España, ¿cómo valora la implementación de los dos primeros ciclos respecto a Europa?

R.- A pesar del negro panorama sobre el estado de las masas de agua que muestra la planificación hidrológica vigente, y en contra de los objetivos que plantea la DMA, menos de un tercio del presupuesto se ha destinado al programa de medidas dedicado a los objetivos medioambientales. En cambio, la mayoría del presupuesto se ha dedicado a la satisfacción de las demandas. La inversión total, no obstante, a mediados del periodo no llega al 13% del total previsto por la planificación hidrológica hasta 2021. A este planteamiento de escasa incidencia en la mejora de las masas de agua hay que añadir el impacto que han supuesto los volúmenes tan bajos que se han adjudicado a los caudales ecológicos, lo que pone a los ríos en franco riesgo cuando se den situaciones de aumento de las demandas o por los efectos del cambio climático. Otras actuaciones de gobernanza y gestión de la demanda, como el control del uso del agua y la revisión de las concesiones, tanto a los regadíos modernizados como a los usos beneficiados por la corrección de fugas en las conducciones, brillan por su ausencia. El conocimiento del uso legal e ilegal del agua es otra asignatura todavía pendiente. En relación con las tarifas y la recuperación de costes de costes de los servicios del agua, los planes hidrológicos españoles no han avanzado suficientemente en la línea de los objetivos de la DMA. No han supuesto un incentivo para hacer un uso más eficiente de los recursos, han frenado la correcta implementación de la DMA por la falta de recursos para poner en marcha las medidas necesarias, y su contribución al cumplimiento de los objetivos ambientales a través de la aplicación del principio de “quien contamina, paga” ha sido limitada en nuestro país.

"Desde WWF consideramos que no está justificado el aumento de las superficies de regadío o el consumo de agua dentro de ellos"

P.- A su juicio, ¿qué aspectos deberían tenerse en cuenta a la hora de abordar la futura revisión de la Directiva Marco del Agua prevista para 2019?

R.- En primer lugar, y como mensaje fundamental, tenemos que manifestar que no es necesario modificar el texto actual de la DMA. Sustancialmente, es una normativa plenamente vigente, moderna y acorde con las exigencias de la sociedad avanzada en la que vivimos, y una herramienta fundamental para la protección de los ecosistemas acuáticos y de la biodiversidad que depende de ellos. En España la DMA ha sido vapuleada y no ha contado desde las administraciones del agua, ni desde los usuarios un apoyo real a su implementación. La inversión para su puesta en práctica ha sido claramente insuficiente y se han retrasado en el tiempo, tanto en la trasposición a la normativa española como en su adaptación a los calendarios previstos por la propia Directiva. La pretendida ineficacia a la que hacen mención algunos sectores es la muestra del desinterés en cumplir con sus objetivos o la falta de provisión de medios suficientes para lograrlos, buscando su desprestigio. Por tanto, hay que defender y apoyar su papel y evitar abrir la posibilidad de modificaciones que rebajen su alcance y ambición antes de que se pruebe la efectividad de sus objetivos y medidas tras la ejecución de las correspondientes inversiones.

"En España la DMA ha sido vapuleada y no ha contado desde las administraciones del agua, ni desde los usuarios un apoyo real a su implementación"

P.- En estos momentos, ¿cuál es la realidad del agua en el sector del regadío en nuestro país?

R.- El sector del regadío en España ha sufrido un fuerte proceso de expansión y de modernización a distintos niveles. El auge de inversión en estas medidas estuvo apoyado por el pretendido objetivo del ahorro de agua que se decía supondría la mejora de la eficiencia en el regadío, cambiando los sistemas de aplicación del agua en la parcela desde un riego superficial por gravedad a otro presurizado por aspersión o goteo. Lejos de cumplirse este objetivo, se ha puesto más cantidad de agua a disposición de los cultivos, aumentando con ello su producción (gracias al aumento del consumo por hectárea y los dobles o triples cultivos) y la superficie total en un 9%. Muchos cultivos han tenido un nivel de crecimiento por encima de las demandas, afectando a los precios. Es el caso de los frutos de hueso y pepita o el viñedo de riego. A pesar de ello, los sectores ligados al regadío han presionado para que los Planes Hidrológicos de Demacración Hidrográfica incluyan un crecimiento de más de 700.000 ha, principalmente en la Cuenca del Ebro. Esta situación insostenible necesita la construcción de nuevos embalses, aumentando el actual deterioro de los ríos. Y es que el regadío actualmente utiliza el 75% del total del agua que se consume en España, según el último informe del MITECO al Consejo Nacional del Agua sobre el seguimiento de los planes hidrológicos. Pero si exceptuamos las cuencas más norteñas el consumo en las restantes se aproxima al 90%. Esto ejerce gran presión sobre los acuíferos y los ríos, impidiendo el cumplimiento de sus servicios ecosistémicos, como la capacidad de autodepuración de las aguas.

"WWF trabaja para reducir la contaminación y la huella hídrica del regadío a través de la difusión del mejor conocimiento de las necesidades de las plantas"

P.- ¿De qué forma contribuye WWF a ayudar en la conservación del agua en la agricultura?

R.- Desde la política y gestión del agua, el término clásico conservación del agua se refiere al conjunto de actividades que permite un uso sostenible del recurso, respetando las necesidades de los ecosistemas acuáticos y los recursos estratégicos de los acuíferos, pues de ellos dependen muchos de estos ecosistemas. Un importante componente de la conservación del agua es la gestión de la demanda, que consiste en todo tipo de medidas tecnológicas, buenas prácticas en los  usos y de gobernanza del agua que permiten reducir el uso y consumo del agua en las cuencas  hidrográficas. Desde el punto de vista de la agricultura, la conservación del agua debe basarse en el conocimiento de las necesidades ajustadas de agua y su correcta aplicación en el tiempo para evitar su despilfarro. Igualmente buenas prácticas de riego que impidan la percolación o escorrentía de fitosanitarios y fertilizantes contaminantes. Pues bien, WWF trabaja para reducir la contaminación y la huella hídrica del regadío a través de la difusión del mejor conocimiento de las necesidades de las plantas. Pero también explorando las oportunidades que las buenas prácticas y tecnologías permiten para poder realizar un riego deficitario controlado asociado a las demandas de calidad y reducción de costes de producción del regadío. También estamos realizando un seguimiento del impacto de las modernizaciones de regadío sobre las cuencas hidrográficas, aportando herramientas y mejores prácticas de gestión de la demanda del agua que se vean reflejadas en una mejora de la normativa de aguas y de planificación del regadío.

"Una necesidad urgente es la coordinación con la política de aguas, tanto nacional como de la Unión Europea"

P.- Desde WWF, ¿qué proyectos se han puesto en marcha para mejorar la situación del regadío en nuestro país?

R.- WWF desarrolla manuales y proyectos piloto de buenas prácticas en la gestión del agua de riego encaminadas a su uso sostenibles sin mermar el beneficio económico de las explotaciones. Desde el año 2000 ha desarrollado en las regiones próximas a los  humedales de Doñana y el Alto Guadiana herramientas informáticas y metodologías de trabajo para  el asesoramiento a las decisiones de riego y a la planificación de los cultivos de regadío para ajustarse a las concesiones permitidas por ley o las limitaciones por impuestas por las condiciones de sobreexplotación. Se basan en el conocimiento de la demanda evaporativa y en la respuesta de los cultivos al riego mediante las imágenes de satélite o el empleo de sondas de campo para conocer el estado del suelo, el estrés fisiológico de la planta y las condiciones meteorológicas que afectan a la demanda de agua por el cultivo. Igualmente hemos demostrado la viabilidad de la puesta en práctica del riego deficitario controlado enfocado a la calidad de las producciones, especialmente en el viñedo de regadío.

P.- Por último, ¿cuáles son los principales retos a los que deben hacer frente el sector del regadío en España?

R.- En primer lugar reducir su gran dependencia de los recursos hídricos y energéticos. Para ello debería buscar estrategias para su adaptación al cambio climático y la incorporación sistemática del riego deficitario controlado en todos los cultivos donde sea posible. Otro reto es el gran consumo energético que supone el riego a presión, por lo que debería primarse el uso de energías renovables. Una necesidad urgente es la coordinación con la política de aguas, tanto nacional como de la Unión Europea, por lo que las políticas públicas de regadío deben prevenir el deterioro adicional de las masas de agua y contribuir a la reducción del consumo a través de acciones estratégicas como las ligadas a la adaptación a la demanda real de productos agrícolas. La política agraria comunitaria va a ser cada vez más exigente en el cumplimiento de los objetivos ambientales a la hora de percibir ayudas y complementos a la renta de los regantes. Por último está la dificultad de cofinanciación por parte de los regantes, haciendo que la mayoría de la inversión caiga sobre las arcas públicas. Esto hace que en aplicación de estos fondos que son de todos se prime el principio de “fondos públicos para bienes públicos”, que en el regadío significa disminuir el impacto por contaminación directa o difusa de las aguas y la reducción del consumo de agua (evapotranspiración) al tiempo que mejora su rentabilidad y sostenibilidad ambiental.

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