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Aguahólicos Anónimos: Hagamos terapia

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Sobre el blog

Alberto Guijarro Lomeña
Ingeniero Industrial y Posgrado en Cooperación Internacional. Agua, saneamiento, Agenda ODS, desarrollo, sostenibilidad, RSE.
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  • Aguahólicos Anónimos: Hagamos terapia

Tras casi 3 meses sin escribir por estar de baja (¡nada grave!), aquí estoy de nuevo para compartir información, reflexiones y propuestas en el ámbito del agua en relación con los derechos humanos y la Agenda 2030 de los ODS.

En la pasada edición de la World Water Week organizada por el Stockholm International Water Institute asistí a una sesión realmente interesante y, por qué no decirlo, inesperada, titulada “WASHoholics Anonymous: Confessions of Failure and How to Reform”.

Al verlo en el programa no dudé ni por un instante en asistir, puesto que no es habitual escuchar públicamente a personas y organizaciones reconociendo sus fallos. Tampoco en el sector del agua.

Y me sorprendió que en el encuentro internacional más relevante del sector en relación con el desarrollo humano sostenible, al que asisten cada año las organizaciones de referencia a nivel global, hubiera una sesión en la que algunas entidades (no muchas, cierto, pero valientes) reconocieran públicamente sus fracasos.

Porque seamos sinceros: cada uno de nosotros somos muy buenos profesionales, trabajamos en organizaciones punteras, innovadoras, y nuestros proyectos siempre alcanzan los resultados previstos (y así se refleja cada año en las memorias anuales y en los informes finales de los proyectos). ¿O no siempre?.

Es, por tanto, muy poco habitual, escuchar errores cometidos, a pesar de que eso sin lugar a dudas facilitaría la mejora de los proyectos. Y en la sesión a la que asistí en Estocolmo se compartieron algunos fracasos realmente… “interesantes”, aunque solo sea desde el punto de vista de los aprendizajes.

Una entidad presentó los resultados de una evaluación que había realizado de sus proyectos de agua en una región 5 años después de su finalización, y se encontró con que entre el 5 y el 16% de los sistemas de abastecimiento no funcionaban (no salía agua, vamos), y un 50% de los sistemas solo funcionaban parcialmente (proveían agua, pero en condiciones de cantidad o calidad inferiores a las previstas), y el 11% de los sistemas no se utilizaban (a pesar de que se encontraban en buenas condiciones para el funcionamiento).

De forma análoga, 5 años después de la finalización de las instalaciones de saneamiento, la disponibilidad de las letrinas había caído entre un 20 y un 40%, y solo el 5% podían considerarse como saneamiento mejorado: solo el 18% de las letrinas se encontraban realmente limpias, no existían posibilidades para el lavado de manos en un 85% de las letrinas y se comprobó que ni siquiera se realizaban prácticas de higiene en el resto.

En palabras del representante de la entidad que efectuó esta evaluación de sus proyectos, estos resultados supusieron un shock para el equipo de la organización.

Otra entidad reconoció que las evaluaciones ex post de algunos de sus proyectos habían revelado un bajo rendimiento de los sistemas de abastecimiento instalados y una baja aceptación de los dispositivos de saneamiento, especialmente cuando no había existido una fase de apoyo tras la finalización de la construcción de los sistemas.

Estos son solo algunos ejemplos, seguramente extremos (¿o no tanto?), de fracasos en proyectos de agua y saneamiento, que no representan, por supuesto, la realidad del conjunto de intervenciones del sector, pero que ponen en evidencia errores que seguro que no son únicos.

Pero la buena noticia es que el estudio de estos fracasos posibilitó la identificación de diversos aprendizajes de gran relevancia para las organizaciones, que impulsaron mejoras en el diseño y ejecución de los proyectos. Asimismo, en la sesión se resaltaron 3 requisitos imprescindibles para avanzar:

  1. disponer de información ex post de las intervenciones para ayudar a planificadores e implementadores a mejorar el diseño de futuros proyectos
  2. sensibilizar a las instituciones que financian proyectos de agua y saneamiento sobre la necesidad de apoyar económicamente la fase de post construcción para facilitar la sostenibilidad
  3. comunicar con honestidad el impacto a largo plazo de las intervenciones, así como los aprendizajes derivados de los proyectos

Siempre se ha dicho que de lo que mejor se aprende es de los errores. Yo realmente creo que se puede aprender tanto de los éxitos como de los fracasos, aunque para ello es preciso realizar un ejercicio al que no siempre se le presta la atención suficiente (en el sector del agua y en cualquier otro): evaluar lo realizado.

Y los proyectos de agua y saneamiento que se dirigen a colectivos de bajos ingresos no se puede evaluar de cualquier forma. Es habitual leer o escuchar informes y presentaciones de resultados de proyectos cuyo éxito se mide por el número de pozos o letrinas construidas o los metros de canalización instalados. Si esos objetivos se consiguen, que años después los sistemas no funcionen será un problema “de otros”, pues el proyecto “alcanzó sus metas”.

La consecución de las metas de acceso universal al agua, al saneamiento y a la higiene de aquí a 2030 requiere de no pocos cambios en la forma en que trabajamos los actores del sector, si queremos alcanzar las metas. La responsabilidad final es de los gobiernos, sí, pero todas las organizaciones que trabajamos en este ámbito también tenemos nuestros propios deberes. Y qué mejor forma que reconocer y aprender de los errores para introducir los cambios necesarios para avanzar.

P.D. ¿Para cuándo una sesión como la descrita en España y en Latinoamérica?