Las ayudas a la Modernización de Regadíos estarán condicionadas al ahorro de agua

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Sobre el blog

Alberto Hernández García
Ingeniero Agrónomo y socio-fundador de Moval Agroingeniería®, empresa especializada Servicios de Ingeniería para la Agricultura y Gestión Integral de Comunidades de Regantes. Web de empresa http://moval.es
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El regadío español se encuentra en un momento de máxima importancia debido a que actualmente se están definiendo las reglas del juego en muchas comunidades autónomas para que este sector pueda gozar de las subvenciones necesarias para la mejora y modernización de sus instalaciones de riego en los próximos años a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER).

Las bases reguladoras para la concesión de estas ayudas se sitúan en el marco de los Programas de Desarrollo Rural que cada comunidad autónoma ya ha preparado para el periodo 2014-2020. Además, dichas ayudas estarán definidas en base a lo especificado en el Reglamento 1305/2013 del Parlamento Europeo que es el que regula las ayudas al desarrollo rural a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER).

El considerando (35) del Reglamento 1305/2013 dice que “El FEADER debe poder apoyar las inversiones en regadío para obtener beneficios económicos y medioambientales, siempre que la sostenibilidad esté asegurada”. En relación a esto, el artículo 46 referido a las inversiones en instalaciones de riego, introduce una importante novedad en su apartado nº4:

“4. En una inversión que constituya una mejora de una instalación de riego existente o de un elemento de la infraestructura de irrigación, se debe haber evaluado previamente que la misma permite llevar a cabo un ahorro potencial de agua de entre un 5 % y un 25 % con arreglo a los parámetros técnicos de la instalación o infraestructura existente.

Si la inversión afecta a masas de agua subterránea o superficial cuyo estado haya sido calificado como inferior a bueno en el correspondiente plan hidrológico de demarcación, por motivos relativos a la cantidad de agua, la posibilidad de optar a una ayuda del Feader se supeditará a que:

a) la inversión garantice una reducción efectiva del consumo de agua a escala de la inversión que ascienda, como mínimo, al 50 % del ahorro potencial de agua posibilitado por la inversión.

….

Ninguna de las condiciones del apartado 4 se aplicará a las inversiones en una instalación existente que solo afecten a la eficiencia energética o a las inversiones para la creación de un embalse o a las inversiones en el uso de agua regenerada que no afecten a una masa de aguas subterráneas o superficiales.”

Esta importante novedad establece la necesidad de evaluar el ahorro de agua potencial que la inversión puede conseguir. Además, en caso de tratarse de aguas calificadas con calidad inferior a bueno en términos cuantitativos (recursos sobreexplotados), se debe garantizar un ahorro de al menos el 50% del ahorro potencial previsto.


Evaluación de la eficiencia de distribución (izquierda) y Ensayo de infiltración para la evaluación de la eficiencia del riego por gravedad (derecha).

Fuente: Moval Agroingeniería.


UN BUEN OBJETIVO, PERO INCOMPLETO

Si bien es cierto que las inversiones del FEADER deben tener como misión ayudar a conseguir un regadío sostenible, y por tanto capaz de permanecer indefinidamente en el tiempo, establecer como criterio de elegibilidad la necesidad de ahorrar agua en términos brutos puede ocasionar situaciones verdaderamente injustas.

En términos muy generales, y refiriéndonos únicamente al volumen de agua de riego que aplicamos, podemos decir que la modernización regadíos conlleva dos beneficios muy evidentes:

  • Disminución de pérdidas en la red de distribución.

Estas pérdidas, perfectamente cuantificables para cada caso en particular, conlleva un aumento del volumen de agua disponible para riego, al cual antes de la modernización no se le podía dar un aprovechamiento.

  • Mejora de la eficiencia de riego.

Esto significa que, del agua de riego que aplicamos, más cantidad será aprovechable por el cultivo.

Antes de sacar como conclusión que estos beneficios de la modernización de regadíos tendrán como consecuencia directa un ahorro de agua es necesario conocer y entender la casuística existente en el regadío:

  • Zonas de riego con dotación suficiente para cubrir las necesidades hídricas de los cultivos

En estos casos, la falta de eficiencia que puede existir previa a la modernización, tanto en la distribución como en la aplicación, suponen un sobreconsumo por encima de las necesidades reales de los cultivos.

En estos casos, el objetivo perseguido con la modernización es claro, conseguir aplicar el agua que realmente necesitan los cultivos, es decir, evitar gastar más de lo necesario, y por tanto, ahorrar agua.

  • Zonas de riego con dotación inferior a las necesidades hídricas de los cultivos.

Para estos casos, muy extendidos en las zonas más áridas de España, el objetivo que se persigue con la modernización es aprovechar todo el agua de la concesión (que no cubre las necesidades del cultivo) con la mayor eficiencia posible para que el déficit hídrico que sufre el cultivo no condicione en gran medida la cosecha, y en ocasiones la supervivencia del propio cultivo.

Por tanto, en zonas de riego con un déficit hídrico estructural, en ocasiones muy acusado, cabe esperar que la modernización sirva  más para paliar los efectos ocasionados por el estrés hídrico que sufren los cultivos, que para ahorrar un agua que realmente siguen necesitando.

Pero, para que esta situación se puede conseguir se deben dar las siguiente situaciones:

  • Aprovechamiento del volumen de agua que deja de perderse en la red de distribución.
  • Mejor aprovechamiento del agua de riego aplicada al sustituir los sistema de riego por otros más eficientes.
  • Aplicación de técnicas de cultivo que mejoren aún más la eficiencia de aplicación, como pueden ser las técnicas de Riego Deficitario Controlado que contribuyen a evitar las pérdidas de agua por percolación profunda, a que los cultivos lleguen a situaciones de estrés hídrico no controladas y a la mejora de los rendimientos de los cultivos.

Por esta razón, se echa en falta que el Reglamento 1305/2013, en el cual se basarán las bases reguladoras para la obtención de ayudas económicas para la modernización de regadíos, introdujera conceptos necesarios como la eficiencia de riego, productividad del agua, etc., que en definitiva sería más apropiados para evaluar convenientemente la idoneidad de las inversiones en cada zona.

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