Opinión
Amalia Pons Martí
La opinión deAmalia Pons Martí
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La iniciativa de Coral Watch


Los arrecifes de coral son el hábitat de miles de especies y se ven especialmente afectados por el cambio climático debido a su gran sensibilidad a los cambios de temperatura del agua marina.

Los corales son organismos simbiontes. Están formados por un animal (pólipo) y una serie de algas fotosintéticas microscópicas. Estas algas viven en la superficie del pólipo y le proporcionan alimento y su característico color marrón, verde o rojizo.

Los cambios de temperatura en el mar causan situaciones de estrés para los corales, y provocan que expulsen las algas microscópicas, perdiendo así su color y su principal fuente de alimento. Este fenómeno se conoce como “Coral bleaching” o blanqueamiento de los corales.

Los corales tienen una gran capacidad de recuperación de las algas fotosintéticas, pero, si la situación de estrés se prolonga en el tiempo puede acabar causando la muerte del arrecife. Además, los corales que han sufrido eventos de blanqueamiento serán más vulnerables a enfermedades y no siempre vuelven a su situación original. También es común que durante los períodos de estrés se establezcan algas oportunistas en la superficie de los corales que aceleran la muerte de los pólipos causándoles asfixia. Una vez el arrecife ha sido repoblado por algas oportunistas no puede ser recuperado.

La pérdida de los arrecifes supone la pérdida del ecosistema y deja sin hábitat a las especies que dependieran de él para su supervivencia.

En las últimas décadas hemos sido testigos de eventos masivos de blanqueamiento de corales. En 1998 y 2002 tuvieron lugar los primeros registrados, seguidos por los de 2016 y 2017, donde la mitad de la Gran Barrera de Coral australiana (la barrera de coral más extensa del mundo) se vio afectada, causando estragos que tardarán años en recuperarse, si es que llegan a hacerlo.

Con este panorama de enormes zonas de arrecife perdidas y muchas más debilitadas por los eventos de blanqueamiento pasados nos enfrentamos a un tercer evento masivo, del que aún no se conoce la extensión que dio comienzo en Abril del 2020.

Como respuesta a esta situación, en la universidad de Queensland (Australia) se fundó en 2002 la organización sin ánimo de lucro “Coral Watch”, que tiene como objetivo crear una base de datos a nivel global sobre la salud le los corales y sobre todo concienciar sobre la importancia de estos organismos para los ecosistemas marinos y la situación crítica en la que se encuentran.

Para generar esta base de datos global, Coral Watch ha creado un gráfico donde se encuentran plasmados los colores de las diferentes especies de corales (marrones, verdes o rojizos) desde una situación de completa salud a una situación de blanqueamiento completo. La utilización del gráfico es muy sencilla, basta con llevarlo al arrecife e ir comparando las diferentes especies que se encuentren allí con el gráfico y apuntar el código del color del gráfico que se ajuste mejor al color del coral. Coral Watch envía de manera gratuita el gráfico y una tablilla para escribir bajo el agua.

Después, estos datos se añaden a un servidor público y gratuito de Coral Watch, donde se almacenan los datos de los arrecifes para hacer un seguimiento de la salud de los corales. Actualmente en el servidor de Coral Watch podemos encontrar información de más de 230.000 corales de 1910 arrecifes diferentes en 79 países. Esta información ha sido recogida por ciudadanos voluntarios de todo el mundo.

Además de la base de datos, Coral Watch también da cursos y publica libros, muchos de los cuales están disponibles de manera gratuita en su página web, con el objetivo de concienciar a la población de la importancia de preservar los arrecifes de coral.

Ésta es sólo una de las iniciativas que existen actualmente para dar visibilidad el acuciante problema que es la muerte de los arrecifes de coral. Éste no es un problema que afecte solo a la biodiversidad de los ecosistemas; la desaparición de los arrecifes tendrá severas consecuencias económicas y sociales. Miles de personas en todo el mundo dependen de los arrecifes para sobrevivir; de manera directa, siendo la pesca su principal fuente de alimento o de manera indirecta, en las zonas basadas en el turismo subacuático. La desaparición de los corales tendrá fatales consecuencias para estas comunidades.

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