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Sobre la formulación y ejecución de planes de gestión de recursos hídricos por cuencas

  • formulación y ejecución planes gestión recursos hídricos cuencas

Sobre el blog

Axel Charles Dourojeanni Ricordi
Consultor Senior en Recursos Hídricos e Innovación en la Fundación Chile.

En vista de la enorme cantidad de trabajos que se auto califican de "planes" de gestión de recursos hídricos, a veces denominados “integrales" y que distan mucho de serlo, siendo apenas una recopilación de información, y con suerte inventarios, he escrito el siguiente recordatorio. Se basa en indicaciones efectuadas para formular planes en diferentes países y experiencias propias: 

El instrumento clave para la coordinación de las acciones de intervenciones sobre las fuentes naturales de agua y ecosistemas asociados es lo que algunos países, como Australia, denominan “Plan Estratégico de Gestión de los Recursos Hídricos de la Cuenca”. En Francia se denominan SDAGE o sea "Esquemas directores de Ordenamiento y Gestión del Agua”, pero apuntan a lo mismo:  guiar las intervenciones sobre los recursos hídricos y el territorio de las cuencas. Algunos prefieren denominarlos "programas estratégicos de acción" ya que el término "plan" está algo desvalorizado. Es cuestión de gustos.

El plan en la práctica es una estrategia escrita u hoja de ruta, una guía, para pasar de una situación actual a una situación deseada (situación deseada que debe ser explícita, publica y consensuada), tener indicadores de logros., horizontes de tiempo para alcanzar las metas y responsables de ejecutarlos con plazos de ejecución. En muchos planes revisados no figuran en ninguna parte el escenario deseado ni dictadores de logros, ni etapas. Sólo se indican generalidades como "mejorar la calidad de vida" o "alcanzar la seguridad hídrica" sin especificar en qué consistirán los logros.

El plan debe tener respaldo legal y fuentes previstas de financiamiento y sus ejecutores ser sujetos a responder por incumplimiento según las circunstancias y atenuantes. Debe basarse en un conocimiento en profundidad de los recursos y elementos naturales, sociales y económicos de la cuenca. Debe disponer de una contabilidad hídrica de los usos actuales y proyectados del uso de sus recursos hídricos y otros recursos naturales y ocupación del territorio de la cuenca Debe determinar si se sigue o no se sigue algún plan de ordenamiento del uso del territorio.

El plan debe tener respaldo legal y fuentes previstas de financiamiento y sus ejecutores ser sujetos a responder por incumplimiento según las circunstancias y atenuantes

Debe considerar el efecto acumulado de las intervenciones en el territorio de la cuenca (como el efecto de la expansión urbana, minera, agrícola, etc) y prioridad en estudiar el efecto de la ocupación del territorio sobre el ciclo del agua y las opciones utilizadas para compensar los efectos no deseados.

Debe utilizar modelos hidrológicos e hidrogeológicas, “twins digital” y muchas otras técnicas dispón para tomar decisiones informadas. Debe hacer proyecciones para tomar medidas proactivas y no solo reactivas ante cambios de clima e incrementos de demandas. En particular las zonas urbanas deben proyectar sus demandas anuales y estacionales a largo plazo, proponiendo medidas para satisfacerlas sin afectar otros usuarios o compensarlos. Obviamente debe disponer de pronósticos hidrológicos y de demandas a largo plazo.

En la formulación de planes se debe asociar presupuestos y propuestas de acciones de los usuarios de agua y con las de las autoridades locales, gobiernos regionales, municipios etc con las organizaciones de gestión de los recursos hídricos. Debe disponer de enfoques integrales de gestión de recursos hídricos por cuenca (es decir conocer el efecto de las intervenciones sobre el sistema hídrico desde las nacientes hasta la desembocadura) para poder decidir cómo enfrentar situaciones extremas, estar sujetos a mandatos de revisión de cumplimiento de metas, y tener capacidad de convocatoria de los actores involucrados para tomar decisiones participativas y con información.

Técnicamente debe considerar la asociación entre usos de agua subterránea y superficial, las opciones de obtener nuevas fuentes de agua como el reúso, la desalación, la recuperación de capacidades naturales de las cuencas y fuentes naturales, etc. Es esencial conocer en tiempo real la calidad de agua y fuentes de contaminación, zonas sensibles o de riesgo, zonas de extracción y retornos de agua, usuarios y cambios de destino de usos, etc. Debe evaluar tanto el efecto de las acciones directamente vinculadas al uso del agua extraída de las fuentes, como aquellas acciones indirectas que también afectan las fuentes y el agua.

Debe considerar todas las acciones que programan otros sectores, pero tienen influencia sobre el agua (tales como inversión minera, ocupación de márgenes de río, construcción de caminos en la cuenca y otros), definir y separar claramente los roles que le corresponde a cada sector en la gestión de las intervenciones en las fuentes naturales y ecosistemas acuáticos asociados.

Debe considerar y respetar los estándares aprobados como los de calidad del agua, respeto de las márgenes de ríos y lagos, zonas de recarga de acuíferos, zonas de protección de humedales y reservas entre otros.

Los estándares de calidad de agua aprobados a nivel nacional y refrendado a nivel de cuenca, deben ser cumplidos por todos los habitantes, usuarios y estado y proveer un puente entre lo que señalan los estudios científicos, lo que la sociedad desea y los mecanismos de gestión aplicables.

La ejecución de los planes debe tener un seguimiento público por medio de observatorios de cuenca, ser revisados periódicamente y actualizados, publicar dos veces al año los ingresos y egresos de los fondos destinados por diversas fuentes para financiar el plan. Los responsables de dicho control deben ser personal calificado asignado por la autoridad nacional de recursos hídricos o el organismo de cuenca. Recordar que los planes son guías, no instrumentos rígidos.