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El cambio climático que viene y las compañías aseguradoras en España

Sobre el blog

Carlos del Álamo
Arquitecto Técnico. Trabajando 31 años en ingeniería del agua y edificación. Los últimos 6 años en Cooperación Internacional para las empresas públicas españolas Tragsatec y España Expansión Exterior. 11 años en Acciona Ingeniería. 14 años en Wasser.
  • cambio climático que viene y compañías aseguradoras España

1. Cambio climático: fenómenos extremos y escenarios

El informe nº 4 de abril de 2016 del Consorcio de Compensación de Seguros de España, indica lo siguiente en su artículo denominado “Cambio climático y seguro: una interrelación multifacética”, sobre el cambio climático y sus consecuencias:

“… El cambio climático incide directamente sobre la actividad del sector asegurador, que debe adoptar medidas para, en primer lugar, evaluar el cambio en los riesgos que debe asumir y, en segundo lugar, para buscar soluciones que le permitan asumirlos, reducir los daños y aumentar la resiliencia de la sociedad.”

En el presente trabajo se extractan aspectos de interés relacionados con el recurso hídrico, entre otros.

Igualmente indica este informe con claridad que a día de hoy no cabe ninguna duda de que el modelo socioeconómico adoptado predominantemente por la humanidad desde la Revolución Industrial, que le ha supuesto un desarrollo material y de la población rápido y sin precedentes, no ha salido gratis en términos de impactos ambientales; y añade con determinación que de entre esos múltiples impactos seguramente sean los producidos por la emisión de ingentes cantidades de gases a la atmósfera como consecuencia de la quema masiva de combustibles fósiles –base de este modelo socioeconómico- los que puedan tener unas consecuencias más generalizadas, profundas y duraderas.

Sobre el efecto invernadero indica que es un proceso no sólo natural sino también indispensable para la vida en la Tierra, pues sin la presencia de vapor de agua, dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera, la temperatura media planetaria sería de -18° C (inferior en más de 30° a la real). Sobre el aumento de la concentración de estos gases como consecuencia de las actividades humanas, es la causa inequívoca del refuerzo de este efecto invernadero y del aumento de la temperatura media global en 1° C desde el comienzo de la industrialización. Los efectos del calentamiento no se limitan al aumento de la temperatura media, sino que esta variación en la composición de la química atmosférica supone también múltiples impactos sobre otros elementos del sistema climático: las precipitaciones y su distribución, la circulación atmosférica, la frecuencia e intensidad de los extremos meteorológicos así como sobre todos los sistemas ecológicos y económicos, que se ven afectados o dependen de ellos.

Es evidente que el clima, como distribución estadística de los patrones meteorológicos, es algo intrínsecamente cambiante, puesto que hay una serie de factores externos que evolucionan en el tiempo e influyen sobre esos patrones meteorológicos: la actividad solar, los parámetros orbitales de la Tierra, la distribución de continentes y océanos y sus corrientes, la actividad de los volcanes o el impacto de meteoritos. Sin embargo, ninguno de esos factores “naturales” explica el comportamiento reciente de algunos elementos del clima, como la temperatura media, y sí lo hace la presencia en la atmósfera de concentraciones mucho mayores de los gases residuales resultado de la combustión por el hombre de carbón e hidrocarburos, agravada por la deforestación y por algunas prácticas en la gestión del territorio y las explotaciones agrarias.

Estos gases, especialmente el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el dióxido nitroso (NO2) tienen la propiedad de captar parte del calor que emite la superficie terrestre de vuelta hacia el espacio una vez calentada por la radiación solar. Parte de esta radiación es remitida de nuevo hacia la superficie, produciendo un aumento de la temperatura media que es el denominado calentamiento global.

Los efectos del calentamiento no se limitan al aumento de la temperatura media, sino que esta variación en la composición de la química atmosférica supone también múltiples impactos sobre otros elementos del sistema climático: las precipitaciones y su distribución, la circulación atmosférica, la frecuencia e intensidad de los extremos meteorológicos, así como sobre todos los sistemas ecológicos y económicos, que se ven afectados o dependen de ellos.

Las conclusiones del informe de 2014 del Grupo Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC, indica lo siguiente:

  • La influencia humana en el sistema climático es clara y los cambios climáticos constatados ya han impactado extensamente los sistemas humanos y naturales.
    • El calentamiento de la atmósfera y del océano es inequívoco desde la década de los 50 del s. XX.
    • Las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero están a su nivel más alto de los, como mínimo, últimos 800.000 años y es extremadamente probable que ésta sea la causa del calentamiento observado.
    • Desde 1950 se han observado cambios en los patrones de los fenómenos extremos. Por ejemplo, es probable que haya aumentado la frecuencia de las olas de calor en Europa, es probable que a nivel global haya aumentado la intensidad de las precipitaciones y que éstas hayan aumentado en algunas zonas la frecuencia de las crecidas fluviales e inundaciones, y es probable que desde 1970 se estén alcanzando máximos de altura del nivel del mar, por ejemplo combinados con mareas de tempestad.
  • La continua emisión de gases de efecto invernadero seguirá generando calentamiento y cambios de larga duración en todos los componentes del sistema climático, aumentando la probabilidad de impactos graves, extensos e irreversibles para la población y los ecosistemas.
    • Se establecen una serie de escenarios (o RCP) en función del nivel de las emisiones (determinados por la población, su nivel de desarrollo, la tecnología disponible y su comportamiento medioambiental), resumidos en 4: RCP2.6, que implica una estricta reducción de las emisiones actuales; RCP8.5, escenario con un nivel muy alto de emisiones –business as usual- y dos escenarios intermedios, RCP4.5 y RCP6.0.
    • Es previsible que las temperaturas sigan aumentando a lo largo del siglo XXI en cada uno de los cuatro escenarios contemplados, con aumentos en 2100 que podrían ir, a nivel global, de menos de 2° C en RCP2.6 a más de 4,5° C en RCP8.5.
    • Es muy previsible que las olas de calor sean más frecuentes y duren más, que los fenómenos de precipitaciones extremas (por exceso y por defecto) sean más intensos y frecuentes y que el nivel medio del mar siga subiendo, así como la acidificación de sus aguas por la absorción del CO2 atmosférico.
    • Todo ello causará una amplificación de los riesgos actuales y creará otros nuevos. Todos los modelos climáticos disponibles apuntan a una diferencia de comportamiento entre la primera mitad del s. XXI, con un aumento moderado de estos riesgos y no demasiada diferenciación según los distintos escenarios contemplados, y la segunda mitad del s. XXI, periodo a cuyo final muchos de estos impactos pueden ser extremadamente graves e, igualmente, muy distintos según el escenario que se contemple.

En el año 2015 la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) publicó los escenarios climáticos regionalizados para España a lo largo de todo el s. XXI, y que se corresponden con RCP4.5, 6.0 y 8.5 por considerarlos los más verosímiles. Estas proyecciones coinciden con las predicciones globales publicadas en el quinto informe del IPCC en que no habrá demasiados cambios entre los distintos escenarios hasta 2040-2050, apreciándose diferencias significativas desde esa fecha hasta el año 2100. Para el año 2100, en la España peninsular y Baleares los principales resultados son:

  • Un aumento de la media de las temperaturas máximas de entre 2,5° C y 5,5° C.
  • Un aumento en la duración de las olas de calor de entre 5 o 10 días y más de 25 días.
  • Un aumento en el número de días cálidos de entre el 15 o 20% y más del 50%.
  • Un aumento de la media de las temperaturas mínimas de entre 2° C y unos 4,5° C.
  • Una disminución del número de días de helada de entre el 15% y el 25%.
  • Un aumento del número de noches cálidas de entre el 22% y más del 50%.

En cuanto a las precipitaciones, se proyecta una disminución en la precipitación total anual del orden del 5%; una disminución del número de precipitaciones intensas de alrededor de un 3%; un aumento de la duración de los periodos secos del orden del 2% y una reducción del 4% en el número de días de lluvia. Las proyecciones para la precipitación albergan una incertidumbre mayor, pero el aumento de las temperaturas implicaría un gran aumento de la evapotranspiración, lo que, combinado con la posible reducción de las precipitaciones, sin duda puede tener un impacto importante sobre los recursos hídricos disponibles.

Hasta este punto se han mencionado, sobre todo, las tendencias de los valores medios. Sin embargo, para poder conocer cómo va a afectar el cambio climático a los valores extremos, que es lo que más interesa al sector asegurador, el estudio debe abordarse de un modo diferente. En resumen, en lo relativo a la atribución de eventos extremos al cambio climático el grado de confianza decrece por este orden: olas de calor, episodios fríos, sequías y precipitaciones intensas; por lo tanto hay menor confianza en la atribución de eventos que tengan que ver con la precipitación, puesto que la modelización del vapor de agua atmosférico es mucho más complicada.

El “Informe sobre riesgos globales” del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, 2016), indica que:

  • Para toda Europa, destaca el aumento de la duración y la frecuencia de las olas de calor como uno de los principales cambios esperables, especialmente importante en islas urbanas de calor.
  • En las regiones semiáridas habrá una mayor incidencia de las sequías y un riesgo mucho mayor de incendios forestales. Indirectamente, estas condiciones más adversas para la cubierta vegetal natural podrían hacer aumentar el riesgo de desplazamientos de tierra en laderas.
  • Las inundaciones costeras tendrán unos efectos más graves por el aumento del nivel medio del mar, produciéndose con mayor frecuencia daños a las infraestructuras y propiedades y de pérdida de suelos agrícolas por salinización.

En la línea de lo anterior, un reciente estudio de 2015 del Joint Research Centre de la Comisión Europea realiza, con los últimos modelos e información disponible para confeccionar el Quinto Informe del IPCC, una proyección del riesgo de inundación para Europa a lo largo del siglo XXI, con el escenario climático más pesimista (el RCP8.5) y diversos escenarios socioeconómicos, y traduce esta proyección de riesgo en población afectada y daños económicos estimados. Así, con este escenario, en general el riesgo de inundación en Europa a finales del s. XXI aumentaría del orden del 220% de media, afectando a alrededor de medio millón de personas al año en 2050 y a casi un millón en 2080 (frente a los 216.000 afectados/año actuales), y causando daños de entre 20.000 y 40.000 millones de euros en 2050 y de entre 30.000 y 100.000 millones de euros al año en 2080 (frente a los 5.300 millones de euros/año actuales).

En las últimas décadas se ha constatado un aumento de las pérdidas directas y de las aseguradas por causas meteorológicas (ciclones tropicales, depresiones extratropicales y tormentas locales), hidrológicas (inundación fluvial y costera, movimientos de ladera), o climatológicas (temperaturas extremas, sequía, incendios forestales). Sin embargo, y pese a los primeros indicios de atribución de eventos concretos al cambio climático comentados anteriormente, existe un consenso general en que la causa principal de este aumento de las pérdidas no es el crecimiento del peligro, sino el de la exposición, derivada del crecimiento económico y la mayor concentración de población y bienes en zonas vulnerables.

Además, el propio sector asegurador ha subrayado su importante papel como herramienta para la adaptación al cambio climático, bien directamente a partir de la distribución de los riesgos, bien utilizando el extenso registro de daños por catástrofes naturales para proporcionar información esencial a estudios destinados a aumentar el conocimiento de los riesgos naturales y de su previsible variación con el cambio climático.

2. La cobertura en España de los riesgos extraordinarios

España dispone de un sistema de cobertura aseguradora de riesgos extraordinarios, establecido por ley, gestionado por el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), que es una entidad pública estatal, y para cuyo funcionamiento es indispensable la participación del sector asegurador privado. La característica esencial del sistema de riesgos extraordinarios es la obligatoriedad de proporcionar al asegurado una cobertura frente a unos riesgos que se consideran extraordinarios a través de su inclusión en las pólizas de daños en los bienes (con algunas excepciones), de vida y de accidentes personales, y que son contratadas por los tomadores con las compañías aseguradoras de su elección. Ello representa que una misma póliza ofrece una doble cobertura: la de los riesgos ordinarios, que corre a cargo de la compañía aseguradora, y la de los riesgos extraordinarios, que asume el CCS. El tomador, por esta segunda cobertura, abona un recargo sobre las cantidades aseguradas, que es cobrado por la entidad aseguradora junto con sus primas. Así, el CCS actúa como asegurador directo en los casos de siniestros producidos por catástrofes naturales, entre ellas las de origen hidrometeorológico: inundación fluvial o costera, vientos superiores a 120 Km/h o tornado. Al producirse alguno de estos fenómenos, el CCS indemniza a los asegurados por los daños producidos en las mismas condiciones de su póliza original, con una franquicia que se aplica a comercios, industrias y empresas, no a particulares.

Además de estas catástrofes hidrometeorológicas, el CCS cubre también riesgos geológicos (terremoto, maremoto, erupciones volcánicas), caída de meteoritos y otros originados por el hombre. El sistema es auto-sostenible y no requiere de ningún tipo de aportación de los presupuestos de ninguna administración pública.

Entre 1987 y 2014 se han abonado más de 6.400 millones de euros (actualizados a 2014) en compensaciones, el 93% de esto por desastres naturales (6.000 millones de euros). Del montante de indemnizaciones por desastres naturales, el 91% de esas indemnizaciones, 5.400 millones de euros, fueron por causas hidrometeorológicas (74% por inundación fluvial o costera y 17% por vientos fuertes).

El sistema de cobertura de riesgos extraordinarios ha ido transformándose a lo largo de sus 75 años de existencia. Ha evolucionado en conjunción con el sector asegurador español y la propia sociedad y economía españolas, y ha estado funcionando en un entorno climático como el español, que es particularmente complejo y variado. El CCS presta sus servicios en un territorio en el que la precipitación media anual varía de más de 2.600 mm a alrededor de 100 mm. Asimismo, el rango de temperaturas, resultado de la compleja orografía del país, es igualmente variable tanto en valores medios como en valores extremos. Para terminar esta consideración, la posición de la Península Ibérica en la frontera entre la zona templada con circulación del oeste y la zona subtropical, entre el Océano Atlántico, un mar interior como el Mediterráneo y el norte de África, proporciona una enorme complejidad a esta variabilidad climática. Sólo en la Península Ibérica y Baleares hay 13 tipos de clima según la clasificación de Köppen (AEMET-IM, 2011). En comparación, otros países de nuestro entorno como el Reino Unido sólo tienen 2 o 3. Añadir un archipiélago africano subtropical como las Islas Canarias al ámbito geográfico de competencia del CCS añade aún más variabilidad. Indudablemente, como se ha comentado anteriormente, el cambio climático puede modificar la distribución de esta variedad climática, y es incluso posible que la reduzca, pero el sistema de riesgos extraordinarios está probado en estas condiciones variables y muy diferentes entre sí y ha dado una respuesta adecuada.

En definitiva, el sector asegurador español ya cuenta, a través de su sistema de aseguramiento de riesgos extraordinarios, con una herramienta útil para hacer frente a la eventualidad del aumento de la peligrosidad como posible consecuencia del cambio climático.

El CCS trabaja con múltiples actores nacionales e internacionales para la difusión del papel del seguro de catástrofes, el conocimiento de las causas de los riesgos naturales, la determinación de las siniestralidades futuras como consecuencia, entre otros factores, del cambio climático y la toma de conciencia de la población en general sobre su nivel de riesgo con vistas a su autoprotección.


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