Algunos aspectos de la vulnerabilidad de Iberoamérica al cambio climático

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CIDERH
Centro de Investigación y Desarrollo de Recursos Hídricos.
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  • En el Amazonas, la sabana está sustituyendo al bosque tropical por el cambio climático.

En la década de 1870, el geólogo italiano Antonio Stoppani afirmó que la influencia humana nos estaba llevando a una nueva era, a la que llamó la “era antropozoica”. No es posible determinar los efectos de esta era pero claramente el hombre en su desarrollo, como consecuencia de su naturaleza, ha utilizado los recursos del planeta durante toda su existencia, cuyos efectos demuestran claramente lo que Stoppani quiso argumentar en su entonces y que ahora podemos evidenciar con el calentamiento global.

El tema del cambio climático no es tan nuevo como parece. Como asunto científico se remonta a finales de la década de 1850, cuando se comenzó a estudiar las propiedades de absorción de distintos gases por parte del físico británico John Tyndall; pero como motivo de alarma comenzó en la década de los 70 del siglo pasado, especialmente en la década de los 80 hasta finales de la misma cuando el tema se desvaneció debido a la crisis política internacional de ese entonces.

A lo largo de la historia, parte de las extinciones de civilizaciones representativas han estado relacionadas con cambios climáticos significativos.

A lo largo de toda la historia de la humanidad, gran parte de las extinciones de las civilizaciones más representativas han estado relacionadas con cambios climáticos significativos. Bajo este punto de vista, Elizabeth Kolbert en su libro Field Notes from a Catastrophe (2006) expone que la desaparición de la civilización Maya clásica alrededor del año 800 de nuestra era y de la civilización Tiwanaku, que floreció en los Andes cerca del lago Titicaca durante más de mil años y que se desintegró alrededor del año 110, han estado vinculadas al cambio climático al igual como lo están la civilización del Antiguo Egipto y la de Akkad; hipótesis que ha adquirido a partir de nuevos estudios una aceptación por parte de la comunidad científica. Por ejemplo, la idea de que la civilización Maya había sido socavada por el cambio climático se propuso a finales de la década de 1980 a pesar de carecer de estudios climatológicos que lo sustentaran. Fue entonces a mediados de los 90 cuando una serie de científicos que estudiaban el sedimento del lago Chichancanab en la región norte de Yucatán, revelaron que el régimen de lluvias en la región había cambiado entre los siglos IX y X lo que originó periodos de prolongada sequía.

Las evidencias que el cambio climático ha tenido en otras civilizaciones, ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la civilización actual a una posible extinción, el cual se ha visto evidenciado actualmente por un calentamiento inequívoco del planeta como evidencian ya los aumentos de las temperatura del aire y del océano (IPCC, 2007), acelerado proceso inducido por la actividad humana que se confirma por el aumento de las temperaturas medias del planeta, por lo menos, en los últimos 50 años (Ballester, Díaz & Moreno, 2006). Bajo este punto de vista, durante el periodo de 1995-2006, once figuran entre los doce más cálidos en los registros instrumentales de la temperatura de la superficie mundial desde 1850; suceso que ha sido justificado por la comunidad científica por la acumulación de gases de efecto invernadero tales como el dióxido de carbono (379 ppm) o el metano (1774 ppm) cuyas concentraciones desde el 2005 han excedido con mucho el intervalo natural de los valores de los últimos 650.000 años (IPCC, 2007), y que son producidos mayoritariamente por la actividad industrial. Los climatólogos aluden al riesgo de aumento de los mismos como “peligrosa interferencia antropogénica”.

Los objetivos que se deben proponer para la previsión de la peligrosa interferencia antropogénica en el sistema climático, deja en evidencia la responsabilidad de todos los países del mundo así como la vulnerabilidad de la población. En el caso de Iberoamérica, esta responsabilidad a la hora de hacer frente al calentamiento global se puede basar en implantar estrategias y campañas dentro de las comunidades, así como también promocionarlas a nivel mundial sin olvidar reducir los impactos que generan al sistema climático con su desarrollo industrial, ya que prácticamente sus emisiones son aproximadamente el 15% de las emisiones globales (aunque sus calamidades por los desastres no guarden relación con este porcentaje; Feinstein International Center, 2008 ). Para ello, la región cuenta con herramientas que pueden favorecer la implementación de proyectos educativos que van más allá del carácter tecnológico. Una de las herramientas claves en este proceso es la psicología indígena que se puede fortalecer en Iberoamérica como una respuesta a las particularidades de la región, contribuyendo a la comprensión de este fenómeno como proceso de adaptación de las personas, de su cultura y su entorno físico, más aun cuando se comparten orientaciones culturales y cosmovisiones (Verdugo & Pinheiro, 2009).

Por otro lado, la vulnerabilidad de la población al cambio climático en Iberoamérica puede resultar exacerbada por otros factores de estrés tal como lo expone el cuarto informe del IPCC presentado en el 2007, en donde presenta a la pobreza, el acceso desigual a los recursos, la inseguridad alimentaria, las tendencias de la globalización económica, de los conflictos o la incidencia de enfermedades como el SIDA, como factores intensificadores de la vulnerabilidad en la población iberoamericana.

La existencia de cambio climático puede inducir al estrés hídrico.

De esta forma, se puede afirmar que los efectos que el cambio climático cause en algún aspecto de la población dependen exclusivamente de una serie de condiciones que modulen su vulnerabilidad frente a las agresiones ambientales. La vulnerabilidad de la población frente al cambio climático depende de tres grupos de factores:

  • Factores individuales, en los que encontramos:
    • a. Personas con problemas serios de salud.
    • b. Las personas mayores por su menor capacidad de adaptación o respuesta.
    • c. Los niños por su formación física aun en desarrollo.
    • d. Grupos con menores ingresos económicos.
  • Factores comunitarios: como son la existencia de sistemas de abastecimiento de agua, de distribución de alimentos, de sistemas de alerta y de servicios de salud.
  • Factores geográficos: poblaciones en zonas costeras bajas, poblaciones alejadas de asistencia sanitaria, etc. (IPCC, 2001)

Para tomar las medidas necesarias, es necesario fomentar un cambio en la región por parte de los países económicamente estables, donde se cree una inversión sincronizada en infraestructura para el almacenamiento de agua, alcantarillado, control de inundaciones y sistemas de salud pública. El gran cambio o transformación de la región para contener el cambio climático, no ocurrirá sin el aporte económico de estos países (Banco Mundial, 2009), no solo para disminuir la vulnerabilidad de la población de Iberoamérica ante un escenario de calentamiento global, sino para la protección de una de las regiones más biodiversas del mundo de gran interés biológico y natural para el mundo. Desde este punto de vista, hay que recalcar que la región cuenta con cinco de los países más biodiversos del mundo: Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú, donde se estima que los aumentos de la temperatura y las correspondientes disminuciones de la humedad en el suelo, favorecerán la sustitución gradual de los bosques tropicales por las sabanas, como sucede en el Amazonas. En la región en general, la pérdida de diversidad biológica puede ser importante llegando a la extinción de especies como ocurrió con el sapo dorado o Bufo periglenes en el bosque de nubes Monteverde en las montañas de Tilarán de Costa Rica, debida posiblemente a un evento climático extremo de acuerdo a lo citado por Kolbert (2006).

La vulnerabilidad de la población al cambio climático en Iberoamérica puede resultar exacerbada por otros factores de estrés.

Asimismo, la vulnerabilidad de la población se ve también exacerbada por el deterioro no solo de su entorno sino de las fuentes hídricas a las cuales no solo se asocia su desarrollo natural, sino incluso económico y social. Las afecciones que el cambio climático pueda tener en el sistema hídrico está condicionado por los cambios directos en las variables climáticas (quienes son las principales componentes en el ciclo hidrológico), los cuales se traducirían en la variación en el comportamiento de variables hidrológicas que se definen por el proceder de dichas variables climáticas. Bajo este punto de vista, la existencia de cambio climático puede inducir al estrés hídrico, que de acuerdo a lo definido por el Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (PNUMA), lo define como el fenómeno que ocurre cuando la demanda de agua excede la cantidad disponible durante un periodo de tiempo determinado, o cuando la mala calidad asociada limita su uso provocando un deterioro de los recursos hídricos en términos de cantidad y calidad.

Esta posible incidencia de estrés hídrico a causa del cambio climático, tendría sus consecuencias directas en los ecosistemas tal y como se mencionó anteriormente, dejando en alto nivel de vulnerabilidad a los ecosistemas hidrodependientes, en especial a las comunidades vegetativas. Ejemplo de esto se puede dar en los encinares supramediterráneos tipo Quercus Pyrenaica o Quercus Rotundifolia (cuya dinámica biológica depende de la precipitación, la humedad y la temperatura) los cuales se verían amenazadas por alteración de sus procesos naturales al llevar forzadamente el subsistema edáfico de un régimen “percolativo” a uno “exudativo” crítico, que se manifestaría por un escaso crecimiento de los árboles y una caída temprana de las hojas (Gallardo et al, 2000).

Todas esta asunciones de factores que intensifican la vulnerabilidad de Iberoamérica ante un escenario de cambio climático son escazas y posiblemente requieren de un trabajo más detallado y específico, más sin embargo, el aumento de los desastres relacionados con el cambio climático en la región deja en evidencia la vulnerabilidad actual de la zona ante un evento de este tipo, cuyos efectos y consecuencias dejan cifras exorbitantes de muertos y de gastos durante cada año, tal es el caso de Centroamérica donde las cifras económicas llegan a millones de dólares por año (Feistein International Center, 2008). Hay que tener presente que los desastres no se ocasionan por eventos extremos propios del clima, sino que son el resultado de la suma de dos variables: peligro y vulnerabilidad. La primera se puede manejar con estrategias y medidas que se desarrollen constantemente a largo plazo, aunque pueden escapar de la inteligencia del hombre. La segunda, depende exclusivamente de las políticas sociales y económicas que se desarrollen para la región. Una buena herramienta para esto puede ser la creación de redes en todos los aspectos que compete al cambio climático en la región, ya que éstas han demostrado ser un éxito y coste-eficaz para romper las barreras entre investigadores o instituciones aisladas que comparten intereses comunes. Esto implica que el tema del cambio climático tenga un cierto grado de asimilación, lo suficiente para que la puesta en marcha de políticas y estrategias de mitigación de los efectos y causas del calentamiento global, adquieran el objetivo esperado que en todos los casos siempre suele ser el transformar una actitud a partir del cambio de aptitud.  

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