Ésera: hacer del desastre una oportunidad

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Colegio de Geógrafos de Aragón
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  • Imagen de las avenidas de estos días atrás (TVE)

El día 18 de junio las cuencas de algunos ríos del Pirineo aragonés y leridano se vieron afectadas por eventos de crecidas fluviales no recordados, cuanto menos, desde la década de los años 80 del pasado siglo.

La tarde del día 17 se formó una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) centrada al W de la península, cuya parte frontal y más activa afectó a esa zona pirenaica generando abundantes precipitaciones. Se recogieron hasta 260 litros/m2 en el refugio de La Renclusa, más de 150 litros/m2 en Llanos del Hospital, unos 100 litros/m2 en Eriste, Ampriu o Saravillo. Los avisos naranjas de la Agencia Estatal de Meteorología para el Pirineo aragonés hablaban de precipitaciones de hasta 100 litros en 12 horas. No andaban nada desencaminados.

A estas precipitaciones, muy cuantiosas, se unió la aportación de caudales adicionales fruto del deshielo de la abundante nieve que aún estaba en las cotas superiores a los 2.000 metros. La escorrentía generada por ambos factores se encontró con un suelo ya saturado. El efecto sinérgico de todos estos factores desencadenó el desastre. Las imágenes, vídeos y testimonios que se han publicado en estos días pasados no dejan lugar a duda sobre la magnitud e intensidad de las riadas y de los daños que han causado, por fortuna todos ellos materiales.

Tras la catástrofe es hora de actuar, pero también de reflexionar

Como sucedió en los eventos otoñales que afectaron a la Jacetania y las Cinco Villas, estas crecidas han vuelto a poner de manifiesto la deficiente ordenación del territorio que se da, de forma especial, en espacios fluviales, generando un riesgo evidente. Éste aumenta cuanto mayor es la exposición que crece conforme más bienes se instalan en zonas problemáticas.

estas crecidas han vuelto a poner de manifiesto la deficiente ordenación del territorio que se da en espacios fluviales, generando un riesgo evidente

La presencia de “refugios”, pistas polideportivas, campings, depósitos de gas o, en su versión más extrema, hasta urbanizaciones de reciente construcción en zonas muy cercanas a los cauces, son un claro ejemplo de estas deficiencias en materia de ordenación. La presión urbanística sobre los fondos fluviales es especialmente destacable en estas cuencas pirenaicas. La escasez de terreno apto para ser urbanizable hace que cada vez más se tienda a invadir las zonas inundables. No debe olvidarse nunca que el riesgo cero no existe. La alusión a diferentes acciones sobre los cauces como la gestión hidráulica en la laminación de crecidas o la limpieza de cauces, ambas con una incidencia inapreciable ante eventos de esta magnitud, no deja de ser una excusa para eludir lo ineludible.

Ante situaciones tan extremas como las sucedidas los días pasados, la mejor y más efectiva actuación es el principio de precaución previa. Los valles pirenaicos, especialmente el Valle de Benasque, han sufrido las crecidas más severas de los últimos 30 años. Atendiendo a datos históricos estos eventos no son inhabituales y se tienen referencias históricas de crecidas similares en las décadas de los 60 y de los 80.

El desastre ocasionado requiere decididas labores de reconstrucción. Las Administraciones no deben incurrir en los mismos errores, cuentan con herramientas de ordenación con suficiente entidad para generar un modelo sostenible

El desastre ocasionado requiere decididas labores de reconstrucción. La magnitud y extensión de los daños supone, por contradictorio que parezca, una oportunidad para los gestores encargados de estas labores: Confederación Hidrográfica, Gobierno de Aragón, Comarcas, Ayuntamientos… Estas Administraciones no deben incurrir una vez más en los mismos errores. La sociedad no debe ampararse en la sensación de “falsa seguridad” que propician embalses o costosas defensas adosadas a los cauces menores de los ríos.

Las herramientas de ordenación del territorio de las que disponen las Administraciones tienen la suficiente entidad como para generar un modelo más sostenible y racional de ocupación del territorio, siendo especialmente escrupulosos con las zonas afectadas por riesgos naturales. El actual proceso de revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Benasque, por ejemplo, es una magnífica ocasión para poder adoptar medidas sensatas en este sentido.

Cambiemos el modelo, hagamos del desastre una oportunidad. 

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