Tecnologías intermedias en la gestión del agua: no solo posibles sino necesarias

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Sobre el blog

Fernando López-Vera
Catedrático de Geodinámica e Hidrogeología, Univ. Aut. de Madrid. Presidente de la Fundación Fomento y Gestión del Agua. Dr. en Geología Económica.
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  • Presa de Alcántara capacidad de embalse 3.162 hm³, superficie inundada de 10.400 ha.

Una de las lecturas que más me influyeron en mis años de estudiante y que contribuyo en mayor medida a la sensibilización medio ambiental de toda una generación, fue el ensayo del economista británico E.F.Schumacher (1911 – 1977) “Lo pequeño es hermoso”. Schumacher, fue un verdadero gurú que pronostico la crisis del año 1973, la “crisis del petróleo” que con su terrible secuela de paro y retroceso económico fue un hito en la historia del mundo moderno.

En aquel entonces se especuló si se produciría una reorientación de los objetivos económicos y de la técnica para ponerla al servicio y a la escala del hombre, o si se seguiría aferrados al estilo de vida que nos había llevado a la crisis. Quien se olvida de su historia está abocado a repetirla y desgraciadamente así ha ocurrido en las sucesivas crisis vividas en las décadas de los años 90 y el 2000.

La tesis defendida por Schumacher era que “necesitábamos una profunda reorientación de los objetivos de nuestra economía y nuestra técnica para ponerlas al servicio -y a la escala- del hombre”. Se basaba en que el capital proporcionado por la Naturaleza es mucho más importante que el aportado por el hombre, que consumimos a gran velocidad un tipo de bienes de capital irremplazables, al tiempo que denunciaba que la economía, tal como se entendía solo se aplicaba a las manufacturas.

El hombre a lo largo de su historia ha sentido idolatría por el gigantismo. Las grandes civilizaciones nos han dejado enormes ruinas que en poco o en nada han contribuido al progreso de la humanidad. Pero esta afirmación depende de la escala temporal que se considere, pues en su momento debieron cumplir con sus objetivos.

Es cierto que el hombre moderno ha construido un sistema de producción que viola la naturaleza. El uso masivo del agua llego en la revolución industrial con la construcción de presas y canales para el abastecimiento de ciudades y el regadío, gracias a ello se logró el saneamiento de las ciudades, la erradicación de enfermedades y el incremento en la producción de alimentos, a pesar del daño que estas estructuras producen en la naturaleza.
La utilización masiva del agua potencio el crecimiento de las ciudades y la creación de mega-urbes. Y en todas las facetas del sistema productivo al gigantismo se le atribuye el valor de la economía de escala, de manera falaz, pues no se suele computar los costos ambientales ni los de oportunidad.

Muy pocos aún defienden la construcción de grandes presas de embalse, canales o grandes transvases

Hoy día la tesis defendida por Schumacher sigue estando vigente. Muy pocos aún defienden la construcción de grandes presas de embalse, canales o grandes transvases. Y al margen de la necesidad de reorientar los objetivos de nuestra economía, la captación de recursos primarios de agua se orientan a la aplicación de alta tecnología pero de escala intermedia, que permita una gestión autónoma y con inversiones moderadas. Con estas premisas el aprovechamiento del agua subterránea adquiere un papel protagonista.

Los grandes sistemas hidráulicos ya no tienen futuro. Podemos poner el símil de las grandes empresas multinacionales que se dividen en empresas específicas más pequeñas que funcionan con una gran autonomía. Se trata de conseguir la pequeñez dentro de una gran organización. De la misma forma los sistemas hidráulicos deberian organizarse en estructuras medianas tanto en la captación de recursos primarios como de recursos complementarios.

Sin embargo en el mundo actual no podemos provocar una ruptura total, debemos admitir que no hay una respuesta única. El hombre necesita muchas estructuras distintas para sus distintos propósitos, las pequeñas y las grandes, algunas específicas y otras generales.

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