Una mirada economicista de la modificación al Código de Aguas

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Sobre el blog

Gabriel Caldes
Gerente General (MBA) en empresas sanitarias, Dirigió creación de la empresa sanitaria ECONSSAChile, Participó por el Estado en el proceso de transformación en empresa de los servicios sanitario. Autor del libro La Industria Sanitaria en Chile.
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  • mirada economicista modificación al Código Aguas

Hace un tiempo, fui a un seminario sobre la modificación al Código de Aguas en la Universidad Católica de Santiago. Las exposiciones reflejaban la diversidad de miradas que tiene el tema y fueron de buen nivel e interesante, pero una de ellas me llamó la atención, sobre todo, porque representaba a una conocida asociación gremial . Debo reconocer que fue provocadora, no solo por la simplificación y limitada concepción del problema del agua para el consumo humano, que lo restringía casi exclusivamente a la propiedad de los derechos de aprovechamiento del agua y estos a los vaivenes del mercado, si no que por el exceso de ideologización económica ochentera (Escuela de Chicago de Milton Friedman). 

La presentación (que fue a continuación de la exposición del Ministro de Obra Públicas), trataba de fundamentar o justificar por qué la modificación del Código de Aguas, que actualmente está en discusión, era perjudicial para el país y su desarrollo. Frases como "En los últimos treinta años el crecimiento de Chile ha ido de más a menos" (¿?) o "Chile vive hoy un profundo estancamiento económico, donde el cuestionamiento a los derechos de propiedad pueden agravar la situación" eran planteamientos que son parte de un sector que legítimamente se opone a los cambios del Código. 

Pero lo que empezó a llamar mi atención, fue la pregunta de ¿Es realmente el agua para el consumo humano, el problema? a lo que se respondía ¡NO! y a continuación planteaba que “Chile no tiene hoy un problema grave en materia de provisión de agua. Las empresas concesionarias son sólidas y están haciendo las inversiones. Las áreas con potenciales problemas son menores en comparación con el total” Ésta afirmación no fue fundamentada y tampoco aclaró si se refería a la sequía que afecta a las localidades rurales o a las ciudades como Copiapó, Valparaíso, Illapel u Ovalle, donde las primeras, las localidades rurales, unas 400.000 personas se quedaron sin acceso al consumo de agua potable y el Estado debió invertir US$ 140 millones de dólares en camiones aljibes para abastecerlas de agua. Las segundas, las ciudades mencionadas, que tienen cerca de un millón de personas y estuvieron a días de iniciar un proceso de racionamiento producto de la escasez hídrica. Remataba este punto, diciendo que “Los problemas son más de gestión e institucionalidad, que de abastecimiento de agua para el consumo humano. La ley está y las autoridades tienen las facultades en caso de problemas.” En la primera afirmación, si bien es cierto que tenía en parte razón, en la segunda se refería a la facultad de expropiación de los derechos de agua por parte del Estado como lo contempla actualmente el Código de Aguas. Instrumento que a la fecha nunca se ha utilizado, no solo por lo prolongado en el tiempo del trámite expropiatorio, si no que probablemente, por el efecto político que tendría una medida de este tipo, donde algunos sectores lo verían como un atentado o vulneración a la propiedad privada.

El expositor no mencionó, que en los casos las localidades rurales y las empresas sanitarias tenían en propiedad los derechos de agua, lo que no había era agua. Cuando hay sequía, la propiedad de estos derechos no aseguran el acceso al agua, esto ocurre por que el Código de Aguas del año 1981, puso el foco en los derechos, sin considerar que el agua en algún momento podía agotarse. No se conocía el efecto del cambio climático. La modificación del código persigue asegurar, en caso de sequía o escasez,  el acceso al agua para el consumo humano a todo evento y no a los derechos de agua.

El relator continuaba preguntándose si “Entregar el agua al mercado daña su sustentabilidad?” a lo que nuevamente afirmaba “Está demostrado que la mejor forma de velar por el uso responsable de un recurso es generar derechos de propiedad claros y estables sobre él (Coase)”. No mencionó donde está demostrada la eficiencia de esta fórmula. Lo que sí está demostrado, es que Chile es el único país del mundo donde el uso del agua es exclusivo del propietario de los derechos de agua a perpetuidad, aun cuando no los utilice y su suso es gratuito. 

Uno de los efectos del Código de Aguas de 1981, es que creó un sofisma, este dice, que el agua es un bien de usos público de todos los Chilenos, pero si quieres usarla debes tener derechos de aprovechamiento aguas, convirtiendo estos papeles, en un instrumento que da propiedad sobre el uso del recurso hídrico. En la práctica, esto "privatiza" el agua, pero jurídicamente el recurso hídrico sigue siendo un bien de uso público.

Como una forma de fundamentar sus posiciones, el expositor plateaba que “Cuando permitimos a las personas apropiarse del agua estamos incentivando el buen consumo, las obras de riego y la investigación tecnológica” afirmación que no fundamentó. Acto seguido planteó “Lo que parece molestar es que hayan personas que ganan con la compra de derechos de agua y luego su venta a un precio mayor. Al que le molesta esto deberían molestarle los desarrolladores inmobiliarios, los inventores, los cazatalentos del fútbol, etc.” Esta afirmación me llevó a pensar que el expositor no entendía el problema del agua y en particular la del consumo humano. Lo que olvida el expositor, es que uno puede optar por prescindir de un bien inmobiliario, de los inventores o caza talentos del futbol, pero del agua, nadie puedo prescindir porque no es una opción. El tener acceso al agua para el consumo humano es una necesidad, no pasa por el valor ($) de los derechos de agua, ni del mercado.

Sin duda que hoy, con el actual Código de Aguas, los derechos son un bien transable en un dudoso mercado (sin información de precios, registro de transacciones, información, etc) y que sus propietarios pueden especular con ellos, incluso si destinar el agua a un uso productivo. 

El debate en el que se encuentra el país sobre un recurso cada vez más escaso como el agua, no puede simplificarse y restringirse solo a la mirada económica o de mercado. El tema es mucho mas complejo de lo que el expositor planteó. Se requiere de una mirada más holística, donde se debatan los temas ambientales, políticos, sociales, productivos, éticos y de derechos de la ciudadanía. El agua es un bien de primera necesidad y en particular para el consumo humano. Al menos pensaba que estábamos de acuerdo en esto, al parecer no es así . 

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