El desierto de Atacama está reconocido como el lugar no polar más árido de la Tierra, siendo característica la gran escasez de precipitaciones en la zona, pudiendo sucederse tiempos de espera de hasta 40 años entre periodos de lluvias. No obstante, en las zonas del mismo de proximidad al océano Pacífico, las masas de aire húmedo procedentes de esta extensa masa de agua dan lugar a abundantes nieblas, que se presentan como un recurso hídrico no convencional para la zona. Se debe a todo esto que en la década de 1960 diversos investigadores comenzaron a idear modos de sacar partido a estas nieblas para la obtención de agua aprovechable y muy necesaria. De esta forma el físico Carlos Espinosa inventó lo que es reconocido como el primer modelo de atrapanieblas, ganándose el titular de "El profesor que atrapó las nubes".
Las nieblas son producidas por lo general por nubes bajas que impactan contra la orografía escarpada del terreno. Estas se pueden captar por medio de la instalación, sobre sólidas estructuras de sustento, de mallas especiales que retienen las pequeñas gotas de agua presentes en la niebla. Estos dispositivos conforman los denominados atrapanieblas. De esta forma, estos sistemas no "crean" agua, sino que esta se recoge a partir de las gotas ya existentes en la niebla, pudiendo ser reutilizada posteriormente para el consumo humano o para diversas actividades como el riego.
Funcionamiento y características
El objetivo principal de estas instalaciones es conseguir concentrar las pequeñas partículas de agua presentes en la niebla hasta que tengan una densidad suficiente para formar gotas de agua que luego son recogidas.

En esencia el funcionamiento de un atrapanieblas, tal como se muestra en la figura situada sobre estas líneas, es relativamente sencillo. Las partículas quedan retenidas en unos paneles en forma de malla con una luz determinada por donde el agua es filtrada. Habitualmente estos paneles se instalan en espacios elevados entre 300 y 800 metros por encima del nivel del mar y por donde más corre el viento. A la hora de decidir su emplazamiento también es necesario tener en consideración la contaminación ambiental de la zona, ya que afectará en la calidad del agua recuperada. Las diminutas gotas que quedan retenidas en los paneles se concentran hasta alcanzar un tamaño suficiente para formar gotas más grandes. Estas caen por efecto de la gravedad y se recogen en unos recolectores localizados debajo de los paneles. En función del uso final y de la calidad del agua recogida el procedimiento posterior varía. Puede dejarse caer directamente para su uso en regadío o se almacena y se trata para su posterior transporte.
Pasado, presente y futuro de la tecnología
Como ya se ha explicado, Chile se considera el país pionero tanto en la invención como implementación de esta tecnología. Desde su inicio en la década de 1960 se ha ido desarrollando y perfeccionando partiendo de la patente obtenida por Carlos Espinosa y la cual él mismo fomentó para su difusión gratuita a través de la UNESCO.
En la actualidad esta tecnología se ha imitado para mitigar el impacto de sequías o evitar las mismas en muchos otros países de Latinoamérica como son Perú, Colombia, Guatemala, Ecuador, México o República Dominicana. Así mismo, se han trasladado a diversos países de otros continentes como España, Croacia, Sudáfrica, Namibia, Omán o Yemen.
Centrándonos específicamente en España, la región en la que más uso se ha dado a esta tecnología es Canarias. Desde los años 80 se han realizado gran número de experiencias en las islas debido a sus características y condiciones ideales para captar el agua de las nieblas. Inicialmente las instalaciones se asemejaban a las chilenas, con paneles planos con mallas. En 2008 se patentó en Tenerife unos captadores tridimensionales los cuales presentan forma prismática, con varias capas de mallas superpuestas, tal y como se muestran en la figura inferior. Esta distribución permite una mayor estabilidad de la estructura así como una mayor superficie de captación de la niebla, ocupando a su vez un espacio mínimo. Estos modelos de atrapanieblas más “sofisticados” permiten recoger más de 500 litros diarios. Gracias a estos captadores se creó la primera agua embotellada en el mundo que procede de las nieblas, obtenida en las cumbres de Gran Canaria.

Más recientemente, en 2020 se aprobó un proyecto de instalación de atrapanieblas en Elda, en la provincia de Alicante. Este proyecto supone el primer caso de atrapanieblas en España fuera de las Islas Canarias y tiene como objetivo extraer el agua de la niebla y la propia humedad del aire para ser empleada en el mantenimiento de huertos ecológicos así como provisión para riegos de emergencia en posibles periodos de sequía en los parajes naturales del municipio.
Con todo esto se puede decir que la niebla se presenta como el futuro hídrico de diversas zonas duramente atacadas por la escasez de agua y áridas sequías. Desde las primeras patentes ideadas en Chile se ha dado un extenso y profundo estudio del funcionamiento y potencial de esta tecnología. Pese a esto, los proyectos pueden requerir apoyo y trabajo durante varios años para poder ofrecer todo su potencial, lo que supone que en gran número de ocasiones que estos queden únicamente como proyectos piloto. Esta realidad y el evidente potencial de la relativamente sencilla y económica tecnología atrapanieblas como método de aprovechamiento de un recurso hídrico no convencional como son las nieblas y la humedad del aire hace evidente la necesidad de inversión y continuo apoyo al desarrollo de la misma, no solo por el beneficio propio para las personas sino por alcanzar una gestión y uso del agua más sostenible a nivel global.
