Hacia una gestión integrada del territorio fluvial. Crecidas e inundaciones

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Sobre el blog

Javier Trigueros Marín
Técnico de Medio Ambiente.
  • gestión integrada territorio fluvial. Crecidas e inundaciones

¿Son adecuadas las medidas de prevención y gestión de los episodios de crecidas e inundaciones en el territorio nacional? ¿Estamos aprovechando los posibles beneficios ambientales y económicos que generan las crecidas de nuestros ríos?

Cada pocos meses es portada de los informativos en España un nuevo episodio de crecida de nuestros ríos. A la lógica indignación de los vecinos de las tierras inundadas le suceden mensajes desde las administraciones prometiendo nuevas medidas para contener los problemas. Medidas que se antojan insuficientes, caras y poco útiles y que van desde medidas estructurales (presas, diques, escolleras) hasta otras más caras pero igualmente insatisfactorias, como son los dragados, los cortes de meandros o los encauzamientos.

Estas medidas suelen causas grandes problemas medioambientales. Los dragados por ejemplo rompen el equilibrio morfodinámico del río: eliminan sedimentos, eliminan vegetación, destruyen hábitats naturales o reducen la capacidad de autodepuración de los ríos.

La Directiva Europea de Inundaciones, aprobada en 2007, establece que no se pueden (ni se deben) evitar las inundaciones, pero sí se debe trabajar para controlar y minimizar sus consecuencias. Para ello la mejor solución es devolver su espacio natural a los ríos a través de una política adecuada de ordenación territorial y una gestión correcta de los recursos fluviales, ambas posiciones están planteadas en la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos. En algunos territorios como la cuenca del Duero están apostando por estas medidas.

Pero, ¿cómo se gestiona adecuadamente el territorio fluvial? Responder a esta pregunta es bastante difícil. Algunas medidas pueden ser recuperar meandros y bosques de ribera, eliminar diques y motas y adaptar sus usos a la inundabilidad o revisar los planes municipales de ordenación urbana para favorecer en las llanuras de inundación determinados usos agrícolas.

Por último, una gestión integrada del territorio fluvial debe contar con otros factores como la educación frente a la incertidumbre, haciendo especial hincapié en que la seguridad completa es imposible y fomentando nuevas medidas de prevención como los seguros, así como programas de sensibilización que incidan en la percepción general sobre los ríos y las crecidas. Únicamente una población bien informada sobre los procesos naturales fluviales puede apoyar una gestión integrada de sus territorios.

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