Garantía y coste: reglas

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  • Garantía y coste: reglas

El riesgo es un concepto muy bien estudiado, en especial por las compañías de seguros. Se expresa por el producto de la probabilidad de que suceda un acontecimiento no deseado y las consecuencias del mismo. Puesto que la probabilidad es un número adimensional, la cuantificación de las consecuencias –en vidas, en dinero- aporta las unidades en que se mide el riesgo.

El concepto garantía es antisimétrico al concepto riesgo. Está asociado a la probabilidad de que no suceda el hecho no deseado. Su análisis es multifactorial y específico para cada tipo de sucesos. En el mundo del agua, la garantía se ha estudiado en base a la pluviometría y su influencia sobre las reservas de agua.

No obstante, el coste creciente de disponibilidad del agua, la evidencia de que ese es el componente determinante del coste del servicio y la tendencia a la imputación de esos costes en las tarifas han puesto el acento en la relación entre garantía y coste. Mis observaciones me permiten sugerir un decálogo de reglas que rigen esa relación.

1.- El coste marginal de obtener recurso adicional es superior al coste medio del recurso disponible actualmente.

Lo habitual es tener que ir a buscar el recurso más lejos o con un tratamiento más intenso. Sólo se rompería esa regla si se produjera un gran descubrimiento tecnológico o de nuevo recurso.

2.- El coste del incremento de garantía es, por lo menos, igual al coste marginal de obtener recurso adicional.

Es lo que suelen expresar, cada vez con mayor precisión, los términos fijos de los suministros en alta.

3.- El incremento de garantía tiene un coste marginal diferente en función de la solución o cesta de soluciones adoptadas.

Ese es un problema clásico de la planificación hidrológica - desalación o trasvases- que se envenena por otros aspectos como la imputación de esos costes a los beneficiarios o posiciones ideológicas divergentes en cuanto a su trascendencia ambiental. El análisis de costes suele aportar bases de debate más objetivas que permiten contextualizar los demás aspectos.

4.- El aumento efectivo de la garantía depende del régimen de explotación adoptado para el conjunto de las fuentes de recurso seleccionadas, y su flexibilidad.

Una vez se han decidido las fuentes de aprovisionamiento, se impone un criterio multifactorial que establezca el punto óptimo para el sistema sin que se sobrexplote un determinado factor, se incurra en costes injustificados, o se incumplan otras restricciones asociadas al sistema.

5.- Los incrementos de garantía suelen afectar un ámbito territorial mayor, en la medida en que relacionan fuentes de origen diverso.

También aumentan la relación entre diferentes grupos de usuarios del agua.

6- Es posible establecer niveles de garantía diferentes para diferentes grupos de usuarios.

Las prioridades de uso establecidas en la legislación de aguas, y la práctica de la gestión, así lo demuestran.

7.- La regulación convencional, las interconexiones, la aportación de nuevos recursos y la mejora en eficiencia, son procedimientos que se comportan de forma análoga desde el punto de vista de la garantía: todos tienden a mejorarla.

Es decir, el debate ideológico sobre esos procedimientos, debería reconocer que no son excluyentes ni incompatibles.

8.- La garantía de abastecimiento implica una capacidad productiva y una disponibilidad de agua superiores a las necesidades ordinarias. El coste del conjunto queda soportado por el agua efectivamente utilizada.

El exceso de capacidad productiva se podría asimilar al coste de la plantilla de un equipo deportivo. No todos juegan pero todos cobran. Y su presencia es la garantía para las eventualidades: lesiones, necesidades tácticas, etc.

9.- La garantía de abastecimiento forma parte de un modelo de gestión del agua que incluye otros parámetros y otros costes.

La garantía global del modelo de gestión integral del ciclo del agua – que añade el saneamiento y la protección ambiental- tiene un coste superior a la simple garantía de abastecimiento.

10.- La falta de garantía -o el riesgo de fallo de suministro- tiene un coste muy superior al de la garantía.

O, como se dice, el agua tiene un valor muy superior al de su coste. De ahí la tentación de convertirla en negocio y la necesidad de mantener su gestión como servicio público.

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