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Visita tu depuradora

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  • Visita tu depuradora

Sobre el blog

Juan José Salas
MÉDICO DEL AGUA y DOCTOR EN QUÍMICA. Director de Servicios Tecnológicos de la Fundación CENTA. 36 años de experiencia en el tratamiento de las aguas residuales, especialmente de los vertidos generados en las pequeñas aglomeraciones urbanas.
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Cada vez estoy más convencido de la necesidad de que los ciudadanos visiten sus depuradoras, para que puedan ver por sus propios ojos que es lo que se hace con los residuos líquidos que generan todos los días. A mi juicio, es la mejor forma de ir erradicando el concepto, bastante generalizado, de que las estaciones depuradoras son lugares inmundos y peligrosos, donde mejor ni acercarse. Los que nos dedicamos a esto hemos de reconocer, con humildad, que en ocasiones este sambenito nos lo hemos ganado a pulso, especialmente en el pasado y en las depuradoras de menor tamaño.

Cada vez estoy más convencido de la necesidad de que los ciudadanos visiten sus depuradoras

Además, estas visitas permiten a los ciudadanos comprobar a que se dedica el dinero que periódicamente pagan por el tratamiento de sus aguas residuales.

En los casi 28 años que llevo trabajando en el Hospital Universitario del Agua de Carrión de los Céspedes (Sevilla), una de las labores más gratificante y enriquecedora, a la que dedico gran parte de mi tiempo, es a la de la recepción de las visitas, que con asiduidad acuden a este centro.

Tras las pertinentes presentaciones, comienzo el recorrido llevando a los visitantes a la obra de llegada, indicándoles que para empezar les voy a presentar a “los pacientes que acuden al hospital en busca de cura”. Cuando en este punto les comento con ironía que estas aguas son las que me dan de comer, la mayoría de los visitantes me miran con recelo y piensan para sus adentros que los malsanos efluvios de estas aguas han debido nublar mi intelecto, pero al final acaban admitiendo, entre risas, que literalmente es así.

Quitando a los valientes de siempre, la mayoría de los visitantes se acercan lentamente y con recelo, a conocer, en la mayoría de los casos por primera vez, las aguas residuales, temerosos de acabar incorporando a las mismas el desayuno que acaban de tomar.

Cuando por fin vencen el rechazo y se acercan,  se sorprenden y respiran aliviados, al comprobar que lo que llega al hospital es una corriente de agua, de tonos grisáceos, con un olor poco pronunciado y, que salvo en casos de estreñimiento severo, las temidas formas cilíndricas, que esperaban encontrar en abundancia, no hacen acto de presencia.

Siguiendo el recorrido, a veces, al llegar a la etapa del pretratamiento, algunos visitantes, que previamente han estado en otras depuradoras, comentan que de ahí no pasaron, al comprobar que los residuos extraídos por las rejas desbaste se disponían en montones al aire libre, en pleno proceso de putrefacción, escurriendo un líquido maloliente y con un enjambre de moscas sobrevolándolos en pleno festín. Y ante el temor razonable de que, si este era el comienzo como sería el final, prefirieron no continuar la visita.

Al ver que en nuestro caso, y como suele ser habitual en cualquier depuradora correctamente operada, esos residuos se recogen en contenedores cerrados y se retiran con la frecuencia debida para evitar la generación de olores, se lamentan de que tampoco hubiese tan complicado haberles evitado el mal trago de la visita anterior.

Tras el pretratamiento, el hospital tiene dos áreas claramente diferenciadas a las que se conduce a los pacientes para su tratamiento: la de cuidados extensivos y la de intensivos.

En el caso de las tecnologías extensivas, las visitas se sienten un poco desconcertadas, pues por mucho que buscan no ven las maquinarias que esperaban encontrar, no se oye el mínimo ruido y lo que tienen ante sus ojos son zonas verdes, en las que es frecuente observar la presencia de aves.

En ocasiones, cuando las visitas no son muy numerosas, paseo a los visitantes por el interior del los Humedales Artificiales de Flujo Subsuperficial a la espera de que alguno me pregunte ¿y dónde está la depuradora?, para responderle presto y muy ufano: ¡la está usted pisando! ¡Qué mejor demostración de la perfecta integración de este tipo de tratamientos!

Cuando ingresamos al área de cuidados intensivos los visitantes van convencidos de que será aquí donde se dispararán los olores, pero acaban admitiendo, tras acercar sus sensores olfativos a los reactores, que estos desprenden un olor a tierra húmeda, nada desagradable.

En esta área, el secado de lodos es fuente frecuente de chascarrillos y comentarios jocosos, como el de aquel visitante que me espetó al ver salir los lodos bien deshidratados de la centrífuga: “al final todo se reduce en convertir en mojón, lo que antes fue mojón”. Ante tanta filosofía escatológica y minimalista, no me quedó más que reconocer, para mis adentros, que no le faltaba nada de razón.

Al final todo se reduce en convertir en mojón, lo que antes fue mojón

Pero es ante los efluentes depurados cuando el grado de sorpresa de los visitantes alcanza su cénit. Los más desconfiados suelen mirar con insistencia y recelo por los alrededores de la arqueta de salida, para ver si se les está engañando y hay alguna manguera aportando agua limpia para conseguir ese mágico efecto. Hace tan solo unos minutos acaban de ver como son las aguas a la llegada a la depuradora y ahora no dan crédito a lo que tienen ante sus ojos: “un pequeño milagro”.

Finalizada la visita, y de vuelta a los autobuses, es la hora de los comentarios finales. En este trayecto la mayoría de los visitantes vuelven a recalcar su agradable sorpresa ante la ausencia de olores desagradables y el cuidado aspecto de las instalaciones. Es el momento de la clásica pregunta: ¿por qué aquí no huele y la depuradora de … es insoportable? A lo que se responde: las depuradoras evidentemente no huelen a rosas, y tienen zonas que huelen más que otras pero, por regla general, si una depuradora huele excesivamente mal, muy probablemente se deba a un deficiente diseño, a una mala construcción o a una deficiente operación y mantenimiento (y a veces a las tres causas al mismo tiempo).

Otro aspecto, para mí muy reseñable, es que en el transcurso de un corto espacio de tiempo los visitantes han podido ver: máquinas que precisan energía eléctrica para su funcionamiento, operarios realizando las pertinentes labores de operación y mantenimiento, residuos que precisan ser evacuados, técnicos que trabajan en el laboratorio controlando la calidad de las aguas que entran y salen de la depuradora y a otros técnicos que velan por el correcto funcionamiento de todo el sistema. En definitiva, han podido comprobar que el “pequeño milagro” que acaban de presenciar no es gratuito, sino que tiene su coste.

Para aquellos que aún no cuentan con depuradora en su localidad, la visita les previene para que cuando le coloquen el cartel de obra de su futura EDAR, no empiecen inmediatamente a oler ya mal por los alrededores.

Pero por favor, y encarecidamente, procuremos que las depuradoras que visiten nuestros ciudadanos funcionen correctamente, pues en caso contrario, ¡VAMOS APAÑADOS!

P.D. Estimado lector, queda usted invitado a visitar nuestro Hospital Universitario del Agua y, mientras tanto, si le gustó el post y pincha en el corazón azul que aparece sobre la foto, me dará ánimos para seguir recibiendo nuevas visitas. Y, por favor, no olvide que para que el “pinchazo” sea efectivo, debe tener cuenta en www.iagua.es.