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El océano que nos separa, el agua que nos une

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Recientemente he tenido la oportunidad de ver in situ diferentes realidades nacionales en cuanto a la gestión del tratamiento de las aguas residuales. Diversos proyectos en ejecución, en el marco de las asistencia técnicas llevadas a cabo por el CENTA en El Salvador, Costa Rica y Bolivia, ha permitido que en el plazo de 3 semanas haya podido compartir experiencias con las distintas administraciones responsables en la materia en cada uno de los países.

Aunque en diferentes fases de desarrollo, en todos los enclaves hemos encontrado un objetivo común, contribuir al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en cuanto al acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Y en los tres casos, también encontramos un elemento compartido, el aprovechar el bagaje de España en la gestión de los recursos hídricos como fuente inspiradora de "lecciones aprendidas" en la problemática que estamos contando.

Como es lógico, en cada país se ha comenzado por la planificación estratégica de cómo abordar la búsqueda de soluciones sostenibles para alcanzar, en el menor plazo posible, altas tasas de cobertura en materia de saneamiento. En el caso de El Salvador, hasta el 2012, no ha existido un Plan de inversión nacional ni una política común respecto al tratamiento de aguas residuales. En ese año se promulga la "Estrategia Nacional de Medio Ambiente", convirtiéndose desde ese momento en el principal instrumento de la política nacional para la protección del medioambiente y reducción de la vulnerabilidad frente al cambio climático.

Dentro de este marco se encuentra la Estrategia Nacional de Saneamiento Ambiental (ENSA) de indudable importancia para el saneamiento y la depuración de las aguas residuales. Esta estrategia pretende adoptar un nuevo concepto de saneamiento ambiental con un enfoque más integral. La ENSA se compone de tres ejes fundamentales con sus líneas prioritarias de acción, cinco temas críticos y cinco requerimientos institucionales necesarios para la ejecución de las acciones. Los tres ejes son:

  1. Manejo integral de residuos sólidos, materiales peligrosos y descontaminación de suelos.
  2. Tratamiento de aguas residuales industriales y domésticas.
  3. Saneamiento básico para las zonas periurbanas y rurales del país.

La ENSA analiza la situación actual de la depuración de las aguas residuales urbanas y certifica el mal estado de las plantas depuradores, su baja eficiencia y sus problemas de sostenibilidad. Apuesta por la implementación de la depuración, estableciendo dos fases. La primera consiste en recuperar las inversiones realizadas a través de la rehabilitación de las plantas existentes. La segunda realizando inversiones en nuevos sistemas que permitan la descontaminación de las zonas prioritarias. En ambos casos se requerirá la adopción de sistemas de tratamiento y de gestión sostenibles adecuados a la realidad socioeconómica del país, que permitan la operación de los mismos a largo plazo. También apuesta por el reúso de las aguas residuales tratadas. En lo que respecta a Costa Rica, en octubre de 2014 se reúne por primera vez la Comisión Nacional de Saneamiento. Impulsada por el Instituto Costarricense de Agua y Alcantarillado (AyA), en diciembre de ese mismo año quedó redactado el borrador de propuesta de la Política Nacional de Aguas Residuales. Esta es la herramienta más importante a nivel país que permitirá impulsar la inversión en este tema de salud pública.

Según el documento base, la Política Nacional de Aguas Residuales “se fundamenta en una serie de enfoques y principios orientadores que transversa las acciones estratégicas necesarias para contribuir a la protección y al mejoramiento del hábitat humano, que impactan de manera positiva en el estado de salud de la población y a la reducción de brechas e inequidades sociales”. Este documento base venía en elaboración desde 2013 y es el resultado de un proceso participativo, con técnicos de la Direcciones de las instituciones responsables y expertos en el tema, representantes de instituciones públicas y privadas del sector académico y de las organizaciones no gubernamentales. Para la construcción, consulta y validación se realizaron tres talleres.

En cada uno de los talleres participaron aproximadamente cincuenta personas. Entre los responsables están el AyA, los Ministerios de Salud, Ambiente, Educación, el Consejo Nacional de Rectores, la Unión de Cámaras entre otros. El caso de Bolivia es más reciente, es a partir de 2015, en el marco del Plan de Desarrollo Económico Social 2016-2020, desde cuando el Ministerio de Medio Ambiente y Agua (con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) viene trabajando en la formulación de una Estrategia Nacional para el Tratamiento de Aguas Residuales (ENTAR).

Se está llevando a cabo de manera participativa, integrando a los principales actores involucrados en la problemática con el objetivo de fijar los lineamientos estratégicos, las prioridades y las medidas necesarias para alcanzar la meta fijada del 40% de tratamiento sostenible de las aguas residuales. Para el desarrollo de la referida Estrategia, se ha adoptado un proceso con los siguientes pasos o etapas:

  1. Obtención, revisión y organización de la información existente.
  2. Diagnóstico de la situación actual, planteamiento de objetivos.
  3. Identificación y caracterización de medidas.
  4. Priorización de actuaciones.
  5. Programación de medidas.
  6. Implementación de la Estrategia.

Como vemos, en los tres países se está avanzando hacia el desarrollo de una estrategia de saneamiento nacional; y en los tres, la experiencia española puede, y está contribuyendo, a la consolidación de la misma.