En el sector del agua, una verdad fundamental resuena con particular fuerza: tan importante es saber hacer, como hacer saber. España posee un ‘saber hacer’ incuestionable, con empresas y expertos de prestigio global que abordan con éxito desafíos como la escasez hídrica, promoviendo la eficiencia, la regeneración y la desalinización, y garantizando la calidad del agua. Este dominio técnico ha logrado que un servicio complejo parezca simple, un distintivo solo al alcance de los más grandes en cualquier disciplina.
Potenciemos sin complejos una colaboración público-privada de calidad y permitamos que España, su talento y sus empresas, sigan siendo un referente y motor mundial en la gestión del agua. El ‘saber hacer’, si no lo estropeamos nosotros mismos y si se dota de los recursos económicos necesarios, está garantizado.
Sin embargo, a pesar de, o quizás debido a esta excelencia técnica, surge una dificultad crucial: el ‘hacer saber’. El sector a menudo falla al poner en valor este servicio esencial. Como sociedad, nos cuesta asumir el precio del servicio del agua porque no se logra explicar de forma sencilla y atractiva el esfuerzo que hay detrás, aunque «parezca fácil». Una lección valiosa, como la aprendida en mi vida en México, cuando se cuestionaba el pago del servicio y se respondía con la frase «Dios provee el agua, pero no la entuba», demuestra la necesidad de un mensaje sencillo, entendible y que conecte con la ciudadanía.
Se trata de empoderar al ciudadano con información sobre un bien esencial, garantizando una gestión que ponga en valor real el servicio
La rutina de tener agua limpia y segura al abrir el grifo y la mejora en la calidad de ríos y costas han provocado que los ciudadanos olviden mayoritariamente los tiempos difíciles. Esto convierte al agua en noticia solo cuando hay fallos o, peor aún, al llegar la factura. El resultado es que la inversión en infraestructuras hidráulicas es vista por algunos políticos como un elemento que «no gana votos», como nos recordaban ellos mismos en el último Spain Smart Water Summit de 2025.
Pese a las dificultades, soy optimista gracias a la mejora de las iniciativas de comunicación y sensibilización que se observan en el sector. En este contexto, permítanme llevar el agua a mi molino, para explicarles sobre el programa EDUCASSA de Compañía de Aguas Sabadell (CASSA). Este programa de educación ambiental, que cumplirá cuarenta ediciones en 2026, impacta anualmente a más de 5.500 niños y niñas y se ha convertido en una de nuestras «joyas de la corona». Esta labor educativa ha generado una cultura del ahorro de agua. En Sabadell, por ejemplo, se dice que «jamás dejamos abierto el grifo mientras nos lavamos los dientes».
EDUCASSA y otras experiencias vivenciales, combinadas con estrategias de comunicación adecuadas, permiten conectar con la ciudadanía, generando en Sabadell prácticamente 400.000 impactos comunicativos directos anuales en una población de 225.000 habitantes.
Cuando la información fluye como el agua, se facilita la aceptación de nuevas soluciones por parte de la población. En Sabadell, la introducción del agua regenerada para usos no potables ha sido siempre bien recibida desde 2014, cuando se obtuvo la primera concesión de Cataluña para descarga de cisternas de sanitarios y riego de jardines privados. La exigencia social ahora es extender la doble red, un modelo que ya permite que el 55% del agua utilizada en esas zonas sea regenerada.
Las nuevas tecnologías y las experiencias de proximidad como EDUCASSA permiten conectar con la ciudadanía y ofrecer un servicio que va más allá de lo técnico. Se trata de empoderar al ciudadano con información sobre un bien esencial, garantizando una gestión que ponga en valor real el servicio de abastecimiento y saneamiento del agua. Aquellos que mejor comprendan e implementen la estrategia del ‘hacer saber’ obtendrán una ventaja competitiva en el futuro.