Gastos fijos, ingresos variables

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Sobre el blog

Lluís Sala
Biólogo especializado en regeneración de aguas y sostenibilidad. Música, fotografía, cultura, viajes, idiomas. Intentando aprender y procurando compartir. Nuevo reto: ser padre.
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  • ¿Cómo abordar la financiación de los costes del ciclo del agua?

Una de las mayores paradojas del mundo del agua, causante sin duda de bastantes de las disfunciones y conflictos que actualmente padecemos, es la que deriva de la distinta naturaleza de los gastos y de los ingresos. Así, mientras que en su mayor parte los primeros son fijos, es decir, no proporcionales a la producción y suministro de agua (principalmente gastos de estructura del servicio, mejoras y amortizaciones, que suelen estar entre el 70% y el 80% de los gastos totales), los ingresos suelen ser variables y están directamente relacionados, a veces de forma muy estrecha, con el consumo.

Algunas de las disfunciones antes mencionadas se dan, por ejemplo, cuando se producen reducciones en el consumo, sean debidas al azar –por ejemplo, en un año lluvioso, en el que se suministrará un menor volumen de agua para riego de jardines- o provocadas por medidas intencionadas, como las campañas de ahorro de agua o los impuestos que penalizan los tramos altos de consumo.

Dado que un servicio que tenga pérdidas es poco sostenible, no suele quedar otra alternativa que subir el precio

Dado que a través de la gran mayoría de tarifas los ingresos están ligados proporcionalmente al consumo, una caída importante de éste, sea por el motivo que sea, supone un peligro para el equilibrio económico del servicio. Y dado que un servicio que tenga pérdidas es poco sostenible, no suele quedar otra alternativa que subir el precio, lo cual a su vez puede suponer una nueva caída en el consumo y en los ingresos, y así hasta que los consumos difícilmente puedan bajar más. Yendo al extremo, en una ciudad en la que la gente fuera extraordinariamente responsable con su consumo de agua y nadie pasara del límite del primer bloque tarifario, su servicio de abastecimiento se encontraría en una situación económica muy difícil, quizás inviable, por falta de ingresos. En el otro extremo, una tarifa plana e independiente de los consumos daría una gran estabilidad y predictibilidad a los ingresos, pero en cambio no incentivaría el uso racional y comedido del agua.

Tomemos como ejemplo el actual canon del agua de Cataluña, que entró en vigor en marzo de 2012. Motivado por una situación financiera cuasi terminal de la Agencia Catalana del Agua, este nuevo canon buscaba aumentar la recaudación y era una de las diversas medidas que en ese momento se tomaron para intentar mejorar dicha situación. Es un canon progresivo que se divide en cuatro tramos de consumo trimestral: en el primer tramo, para consumos inferiores a 30 m3 el precio es de 0,45 €/m3; en el segundo, para consumos adicionales de hasta 20 m3 (máximo trimestral de 50 m3), el precio pasa a ser de 1,03 €/m3; en el tercer tramo, para los consumos adicionales a los anteriores de hasta 10 m3 (máximo trimestral de 60 m3), el precio llega a los 2,57 €/m3; y finalmente en el cuarto tramo, para los consumos superiores a 60 m3, el precio se dispara hasta los 4,12 €/m3. Esta escalada de precios, que se suman a los del propio coste del agua (captación, potabilización y distribución), derivó efectivamente en una mayor recaudación en el primer año, en que pilló a muchos usuarios por sorpresa, pero ya en 2013 fue sin duda responsable de una caída general de los consumos de alrededor de un 7%, que en 2011 ya estaban en 110 litros por habitante y día en la ciudad de Barcelona. Es decir, pasados dos años, el nuevo canon no se ha convertido en la herramienta para el aumento de la recaudación en la magnitud que se esperaba, sino que ha supuesto la más eficaz de las campañas de ahorro acometidas hasta el momento, período de sequía aparte. El resultado es, de nuevo, una recaudación insuficiente.

¿Cómo abordar la financiación de los costes del ciclo del agua?

Una tarifa es una relación matemática entre los gastos de un servicio y un volumen de agua suministrado. Es posible, e incluso fácil, hallar relaciones que atiendan satisfactoriamente a objetivos únicos y concretos, pero es muy difícil, por no decir imposible, hallar fórmulas que den cumplimiento a múltiples objetivos, a menudo antagónicos. Normalmente, a las tarifas del agua se les pide que cubran los costes del servicio, que sean sociales, que permitan corregir problemas ambientales, que permitan hacer I+D e incluso que puedan ayudar a financiar actividades diversas en la ciudad o en el pueblo en cuestión. Y también que sean baratas y, sobretodo, que no suban.

Así pues, ante la situación planteada, ¿qué hacer? ¿Cómo abordar la financiación de los costes del ciclo del agua? ¿Cómo hallar una fórmula tarifaria adecuada y unos precios justos? No es una tarea nada fácil, especialmente en una época de crisis como la actual y en la que muchas de las instituciones públicas relacionadas con la gestión del ciclo del agua arrastran fuertes déficits, sin olvidar la desgracia que suponen las penurias económicas que afectan a millones de familias españolas, para las cuales una nueva subida supondría otro empujón más hacia el abismo social. Éste es otro de los formidables retos que la gestión del agua tiene ante sí y para el cual cualquier solución deberá pasar por el diálogo, la generosidad y el compromiso de todas las partes.  

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