Opinión
Luis Luján Cárdenas
La opinión deLuis Luján CárdenasSociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
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¡Démosle una chance a la naturaleza!


Lo que no ha podido hacer la humanidad con su avanzada ciencia y tecnología ―incluyendo la política―, lo ha logrado la pandemia del coronavirus: darle una tregua al planeta frente a la contaminación ambiental, originada principalmente desde el inicio de la industrialización en las sociedades modernas.

Esta limpieza global se está notando en la recuperación y regeneración de la naturaleza que nos rodea, producto de la semiparalización de la actividad humana, cuya cuarentena desde inicio del presente año se está prolongando por varios meses, lo que indudablemente favorece al entorno desintoxicándolo como nunca antes lo ha hecho, pero con un alto costo social que no pudo prevenir ni la nación más desarrollada.

La inactividad humana y la paralización parcial de la economía mundial está purificando rápidamente la atmósfera, el suelo, los mares, los bosques y toda fuente natural de agua, a favor de la biodiversidad e incluso de la salud de los humanos, haciendo posible progresivamente algo que tanto anhelamos: el equilibrio entre sociedad y medio ambiente.

Esta recuperación natural del ecosistema planetario va a fortalecer nuestra resiliencia ambiental frente a los efectos del cambio climático, dado su gran impacto, registrándose en más del 60% el retroceso de la contaminación ambiental, hídrica, lumínica, sonora, del suelo, subsuelo, etc. Algo impensable de suceder hace pocos meses.

Esta revolución ambiental cuyo mayor aliado, aunque nos duela, depende de la duración de la Covid-19 y los esfuerzos de los científicos por hallar una vacuna, podría ser sostenida en el tiempo ―o por lo menos en parte― moderando, limitando, perfeccionando, adecuando, reformulando nuestra práctica y pensamiento social, lo que debe traducirse en un nuevo sistema sociopolítico y un nuevo orden mundial.

Esta gran e inusitada experiencia histórica planetaria no puede caer en saco roto. Estamos viviendo en carne propia un experimento práctico natural que paraliza el mundo ―que no habría sido posible por obra humana dado el status quo que vivimos―, experimentando sus efectos y consecuencias globales en la vida en la Tierra.

Los científicos de todas las ciencias tienen aquí, a la mano, un fenómeno a escala mundial de donde podrá obtenerse grandes e importantes conocimientos, que luego podrán ser traducidos en nuevas políticas sociales, que disminuyan y desaparezcan las brechas sociales y medioambientales.

Es imperativo que después del coronavirus la humanidad tome conciencia que la naturaleza es un órgano vivo que exige respeto por parte de la sociedad, y que ambos pueden convivir complementándose, interactuando, protegiéndose, ayudándose, cuidándose, en perfecta armonía y paz hasta el fin de los tiempos.