Opinión
Luis Luján Cárdenas
La opinión deLuis Luján CárdenasSociólogo y Periodista, Magíster en Administración, especialista en Comunicación para el Ecodesarrollo, articulista en diversos medios escritos de Perú.
Blogs · Biodiversidad · Objetivos de Desarrollo Sostenible

¡Quita tu rodilla de nuestro cuello!


En los funerales de George Floyd, asesinado por la policía estadounidense, suceso que ha conmovido y sacudido el mundo, el líder negro de los derechos civiles, reverendo Al Sharpton dijo con furia, el pasado jueves: «Es hora de que nos levantemos en nombre de George y digamos: ¡Quita tu rodilla de nuestro cuello!”.

Una contundente afirmación que reta el poder político de los Estados Unidos, donde el racismo contra los negros –y otras minorías no blancas- viven no el tan publicitado sueño americano, sino una verdadera pesadilla americana desde que América del Norte fue invadida por inmigrantes europeos a fines del siglo XV, quienes dos siglos después traerían millones de africanos en condición de esclavos, cuya descendencia carga el yugo del racismo hasta la fecha, dizque en el país ‘símbolo de la democracia’.

Esta oración calza muy bien contra un gobierno que enarbolando las banderas del sistema neocapitalista, domina el planeta desde mediados del siglo pasado, con un arrollador afán de riqueza y acumulación de capital, succionando los recursos naturales de los países pobres y atropellando los derechos humanos, al punto de desequilibrar en un importantísimo porcentaje la balanza sociedad-naturaleza y poner al filo de la navaja la propia supervivencia de los seres humanos y el planeta.

Un nefasto camino de industrialismo y consumismo que siguen otras naciones, como China, India, Rusia y Japón, que dado su febril e irracional afán de desarrollo, acaso son los más contaminantes de la Tierra, responsables de la emisión de cerca de la mitad de los gases de efecto invernadero a la atmósfera, que ha acelerado el cambio climático, que afecta sobremanera a los países pobres haciéndolos más pobres, y ensanchándose aceleradamente la brecha social entre países dominantes y dominados.

Ante esta realidad de carrera sistemática y egoísta hacia un progreso a costa de la seguridad ecológica global, poder y dominio de unos pocos en el marco de una economía capitalista dominante, sin importar el bienestar de más de dos mil millones de habitantes que habitan en países pobres, los Objetivos de Desarrollo Sostenible son un saludo a la bandera y engaña muchachos de las Naciones Unidas.

El bienestar mundial y el equilibrio ecosistémico global no depende de 17 objetivos de desarrollo en una economía asimétrica, que responde a intereses de gigantescos grupos de poder, sino de un cambio y nuevo orden político, cuya agenda solidaria establezca como punto principal una economía planetaria verde humanista, que impulse el desarrollo de abajo hacia arriba, que permita quitarnos la rodilla capitalista de nuestro cuello, que ha signado al mundo desde que se inició la revolución industrial, hace cuatro siglos.

La pandemia del Covid – 19 ha sacado a luz tres importantes hechos: 1. las grandes diferencias, debilidades y fragilidad del sistema imperante y su nefasto efecto en los países pobres, alejados de la ciencia, la información, la tecnología, los recursos económicos, los servicios básicos, la solidaridad y del derecho al progreso y bienestar; 2. la rápida recuperación de la naturaleza y sus servicios ecosistémicos, debido a la paralización de las actividades humanas, tema que debería ser estudiado para una gran estrategia de adaptación, mitigación y resiliencia a la variabilidad climática y las condiciones sociales adversas al desarrollo; y 3. La alta conectividad e inmediatez social y económica debido a la globalización, que bien utilizada podría ser un factor altamente positivo y efectista en políticas verdes y sociales.

El coronavirus, ―un fenómeno mundial que marcará la historia del siglo XXI―, mirándolo como una oportunidad, y la consecuente inmovilización social y paralización de las actividades industriales, comerciales y de transporte, ha hecho posible reducir casi en una tercera parte la emisión de gases contaminantes; los ecosistemas y la biodiversidad se están dando un importante respiro de recuperación, y es muy probable que incida positivamente en la reducción del agujero en la capa de ozono y la temperatura mundial.

Es momento no de reflexión, sino de acción innovadora del conjunto de los países pobres, cuya unión ―como en un momento lo hicieron los países No Alineados―permitiría la fuerza necesaria para construir nuevas relaciones de igualdad y respeto entre las naciones, y un mejor y homogéneo modelo de desarrollo impulsando una economía global muy amigable al ecosistema, con justicia social y buenas prácticas políticas. Debemos traer abajo viejos paradigmas.