Pueblo de mina, pueblo de ruina

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  • “Pueblo de mina, pueblo de ruina” – Proverbio chileno

Sobre el blog

Maria Eugenia Rinaudo Mannucci
Analista Ambiental e investigadora del cambio climático en América Latina. Actualmente trabajo en el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt en Bogotá, Colombia.

Tal y como lo manifestara la Revista National Geographic, la deforestación es una terrible plaga de nuestros tiempos, arrasando con bosques y selvas de una forma masiva y descontrolada. De acuerdo a la revista, “los bosques todavía cubren alrededor del 30% de las regiones del mundo, pero franjas del tamaño de Panamá se pierden indefectiblemente cada año”.

De acuerdo a la FAO, la historia ha mostrado cómo el hombre a menudo, a considerado el bosque como un espacio que se debe “desmontar” para desarrollar otras actividades no forestales y utilizarlos más allá de su capacidad de regeneración.

Si continúa el ritmo actual de deforestación en el mundo, las selvas tropicales y los bosques pluviales podrían desaparecer completamente dentro de cien años. La deforestación trae consigo innumerables efectos negativos para el medio ambiente. Uno de los impactos más notorios es la pérdida de biodiversidad: actualmente 70% de los animales y plantas que habitan los bosques de la Tierra son afectados por la pérdida de sus hábitats.

Existe una necesidad urgente de comprender los impactos ecológicos y sociales de la minería de oro

Un reciente estudio de la FAO, explica con detalle cuáles son los factores directos e indirectos de la deforestación en todo el mundo, analizando que “los factores pueden ser directos -siempre en el caso de la deforestación en los países tropicales en desarrollo, en la sustitución de una parcela forestal por un cafetal, el factor directo y visible es la agricultura de arrendamiento-, o indirectos por ejemplo con la creación de una carretera (publica o de explotación forestal) en un bosque, que además de ser un factor directo, relativamente poco significativo de eliminación del bosque a lo largo de la carretera, atrae a agricultores poco

La región latinoamericana ha estado fuertemente vinculada con los cambios en el uso del suelo y la deforestación, trayendo consigo consecuencias dramáticas en aumento de la temperatura, pérdida de biodiversidad y pérdida de suelos productivos. La fiebre por el oro en Suramérica ha ido en ascenso en los últimos tiempos. De acuerdo a un reportaje de la Revista Semana, cerca de 1680 kilómetros cuadrados de bosque húmedo tropical se perdieron entre el 2001 y el 2013.

De acuerdo a la nota, existe “una necesidad urgente de comprender los impactos ecológicos y sociales de la minería de oro, ya que es una causa importante de la deforestación en los bosques más remotos de América del Sur”.

Los cuatro “hot points” identificados en donde se concentra mayormente la problemática asociada a la fiebre del oro son en los bosques húmedos guayaneses (Surinam, Guyana, Guyana Francesa y Venezuela) con un 41%, la selva amazónica suroccidental (Perú) con un 28%, la región amazónica entre los ríos Tapajos y Xingu (Brasil) con un 11% y los bosques húmedos del Magdalena y Urabá (Colombia) con un 9%.

Lo que más preocupa de estas cuatro áreas donde se concentra la mayor fiebre por el oro, es que son zonas estratégicas para la biodiversidad, no solo para la región latinoamericana sino para el mundo entero.

En América Latina, el sector de la minería del oro crece rápidamente, con una producción cada vez mayor, ya que paso de 414.000 onzas a 542.000 onzas de oro en la última década.

La polución y los sedimentos generados por las actividades mineras pueden viajar grandes distancias a través de los ríos cercanos

Otro de los efectos preocupantes es su relación con la contaminación del agua. El informe generado por IOP Publishing demuestra como “la polución y los sedimentos generados por las actividades mineras pueden viajar grandes distancias a través de los ríos cercanos, lo cual afecta la calidad de agua para el uso de humanos, peces y cualquier otra forma de vida”.

Ya para finalizar y de acuerdo con lo que señala el informe, “la deforestación ha sido una consecuencia importante de la demanda mundial de oro, alertando que la mayor parte de explotación, se ha concentrado en zonas remotas, que tienen un alto valor de conservación”.

A pesar de que aún queda mucho camino por recorrer, son varias las iniciativas regionales que intentan conservar y restaurar las zonas afectadas por la minería, la deforestación y en general por la pérdida de zonas boscosas. Una de las más recientes es el “Proyecto Regional de Apoyo a la Visión Amazónica 2014-2018”, presentado por la FAO, la Unión Europea y la Red Latinoamericana de Parques Naciones y otras Áreas Protegidas, en el cual nueve países se unieron para enfrentar los retos ecológicos y sociales en el Amazonas.

Así como esta iniciativa, son muchos otros los proyectos que intentan rescatar la conservación y preservación de las áreas forestales en Suramérica, incluyendo a las comunidades, a las etnias indígenas, a los gobiernos, al sector privado y a la academia en fortalecer las políticas de manejo y sostenibilidad en la zona, y aunque la minería sigue siendo una de las principales preocupaciones en la región; organizaciones y ambientalistas (muchos de ellos anónimos), siguen apostando a la lucha por el reconocimiento de tierras y protección de estas áreas en máxima degradación. 

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