¿Eutrofización por vertidos o por peces invasores en Tablas de Daimiel?

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Sobre el blog

Máximo Florín Beltrán
ecología, restauración y gestión de ecosistemas acuáticos, lagunas salinas, llanuras de inundación, producción primaria, humedales mediterráneos, creación de humedales artificiales, ríos, bonales, tapetes microbianos, embalses, especies invasoras
  • ¿Eutrofización vertidos o peces invasores Tablas Daimiel?

Un reciente trabajo, financiado por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales, explica por qué están en tan mal estado las comunidades emblemáticas de plantas sumergidas y de aves acuáticas del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, a pesar de la relativa bonaza hidrológica de que disfruta desde el año hidrológico 2009-2010.

El estudio se realizó entre 2010 y 2014, “con los pies metidos en el agua”, en diez puntos representativos de la variabilidad limnológica de las Tablas de Daimiel, recogiendo datos de más de 30 variables de tres fuentes de información principales: la calidad del agua, la de los sedimentos, y la eventual perturbación de las comunidades de plantas acuáticas por aves o peces, mediante cercados selectivos.

Dentro de cada uno de los 10 sitios estudiados, el trabajo concluye que las plantas acuáticas crecen significativamente mejor en los cercados de los que se excluye a los peces, pero no en los que sólo se excluye a las aves; la calidad del agua, incluida la turbiedad, no tiene una influencia significativa a esta escala en particular. Esto no es sorprendente, ya que se ha encontrado, por ejemplo, una densidad de 153,08 kg de carpas por hectárea, lo que supone una carga más de 30 veces superior al umbral que la que la literatura científica considera crítico para que no haya un impacto sobre el ecosistema.

Por otro lado, a la escala de todo el Parque Nacional, el trabajo concluye que sí hay diferencias significativas en términos de calidad del agua entre los sitios estudiados; la ausencia de plantas sumergidas está estadísticamente asociada a altas concentraciones de amonio y fósforo total en el agua, y de fósforo orgánico e inorgánico en el sedimento.

Estos resultados contradicen frontalmente las conclusiones del seguimiento oficial que se ha empezado a hacer en 2015 en las Tablas de Daimiel. Posiblemente, dicho informe se refiere a la no existencia de contaminación desde un punto de vista legal, aunque la noticia no aclara este punto, por lo que cabe esperar que el nivel de transparencia informativa acompañe al nivel de transparencia del agua deseable para las Tablas de Daimiel y al presupuesto que se ha destinado a dicho seguimiento, puesto que es un hecho que su ecosistema está degradado por la invasión de peces exóticos y la carga de nutrientes, no por la turbiedad.

El estudio ha tenido una amplia repercusión en la prensa y en las redes sociales, dada la sensibilización pública por el estado de este Parque Nacional, pero hay que evitar extrapolar los resultados del mismo a otros procesos de degradación del mismo. Es el caso, por ejemplo, del interesante blog divulgativo “Tablas de Daimiel y su Entorno”; aunque su trabajo a largo plazo es meritorio, debe rechazarse relacionar tendenciosamente la regulación del agua con lo descrito por el estudio.

En primer lugar, las Tablas de Daimiel es un sistema donde la regulación del agua data como mínimo de la época romana. Además, “Tablas de Daimiel y su Entorno” incurre en varios errores. El más notable es afirmar que “nunca [antes] hubo una presa en el corazón del parque”, refiriéndose a la presa de Morenillo; de hecho, un análisis historiográfico muy básico revela que la presa de Morenillo se construyó hace unos 30 años, como parte del mal llamado Plan de Regeneración Hídrica, aunque la mayor parte de la regulación hídrica de dicha presa ya era una realidad desde mucho antes, por las motas de canalización fluvial que, a la postre, fueron integradas en dicha presa. Más bien cabe decir que las Tablas de Daimiel han pasado por momentos mejores y peores, independientemente de su regulación hídrica.

Si queremos remontarnos a la época en la que la especie humana no interfería con el funcionamiento hidrológico de las Tablas de Daimiel, podemos consultar el mapa geológico del Instituto Geológico y Minero de España, que refleja que la litología más reciente (periodo Holoceno) de la llanura de inundación donde confluyen los ríos Cigüela y Guadiana está compuesta por afloramientos de diversos materiales aluviales, de dos tipos básicos: playas húmedas con turba y materia orgánica, o playas secas con sales. Es decir, que el humedal de las Tablas de Daimiel era muy fluctuante, llegando a secarse habitualmente, como demuestran los depósitos de sales, aunque en algunas áreas, al menos el sedimento estaba permanentemente encharcado, lo que permitía el crecimiento continuo de la vegetación y la acumulación de turba, ya que la tasa de descomposición es muy baja en un ambiente anaerobio favorecido por la saturación permanente del sedimento con agua.

Debemos concluir que si se desea relacionar la regulación hídrica de las Tablas de Daimiel con su eutrofización, la ecología apunta desde hace décadas el camino a seguir: es necesario investigar la manera en que la tasa de renovación del agua influye en el proceso de eutrofización, para determinar cuánto agua debe correr por el Parque Nacional en relacion al agua allí almacenada, que es una concepción radicalmente distinta a ocuparse de cuánta agua hay almacenada. En este sentido, en lugar de la definición legal de contaminación, es preferible optar por su definición ecológica: sustancias nuevas a las cuales las comunidades y los ecosistemas no han tenido oportunidad de estar expuestos a lo largo de la historia evolutiva, o sustancias a las que sí han estado expuestos, pero en concentraciones muy diferentes a las actuales. Pero mientras no se hagan las preguntas adecuadas y, sobre todo, se desprecie el análisis riguroso de las respuestas, los esfuerzos para atajar la eutrofización de las Tablas de Daimiel se quedarán en agua de borrajas.

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