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Los retos de la depuración

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Sobre el blog

Pedro Simón Andréu
Director técnico de ESAMUR.

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Portada iAgua Magazine

La depuración de las aguas residuales es una actividad que ha dejado de ser marginal como era hace algunos años. Los recursos que podemos extraer de las plantas de tratamiento y las repercusiones ambientales, económicas, e incluso penales, que pueden derivarse del funcionamiento de estas instalaciones han hecho que se les preste cada vez mayor atención.

Pero, en mi opinión, aún hay muchos retos y aspectos que pueden y deben mejorarse en el tratamiento de las aguas residuales. Mencionaremos solo algunos de ellos.

Así, un tema clave es un mejor control, por parte de los ayuntamientos, de los vertidos industriales a la red de alcantarillado, que no siempre es el correcto. Todo responsable de planta, sobre todo en instalaciones de tamaño mediano y pequeño, sabe que uno de sus principales dolores de cabeza son los vertidos industriales. Cargas demasiado altas, muchas veces concentradas en el tiempo o con toxicidad elevada, pueden llevar a graves afecciones para el proceso biológico o en un sobrecoste de explotación inadmisible. Por tanto, es necesario dedicar recursos por parte de los Ayuntamientos a este control y evitar que algunas industrias viertan por encima de los valores establecidos en las ordenanzas municipales.

Otro punto importante es tener claro es que una depuradora no es un monumento, sino una instalación que debe diseñarse para conseguir unas calidades de agua tratada para los usos previstos, para explotarla y mantenerla adecuadamente, con los menores costes posibles en todo su ciclo de vida y con una elevada fiabilidad para trabajar en continuo. Demasiadas veces aparece una brecha importante entre la construcción y la explotación. A veces es debido a falta de experiencia en explotación de los proyectistas o constructores, que no tienen en cuenta aspectos básicos para acceder y mantener los equipos, por ejemplo. Otras veces es debido a restricciones económicas por priorizar los criterios económicos cortoplacistas, frente a aspectos técnicos y basados en el largo plazo. Incorporar los criterios de análisis del ciclo de vida, como criterios de adjudicación, puede mejorar mucho el resultado de los proyectos. Es ilógico abaratar costes en la construcción, con equipos de baja calidad, justitos en su dimensionamiento o no eficaces y que van a suponer un sobrecoste importante durante la larga vida de la instalación.

Aún hay muchos retos y aspectos que pueden y deben mejorarse en este campo tan extenso como es el tratamiento de las aguas residuales

Como aspectos clave en la operación hay que seguir potenciando el ahorro energético y tener mentalidades más abiertas para combinar tecnologías de tratamiento extensivas e intensivas que consigan, como resultado final, una disminución en la energía consumida sin reducción de calidad del agua tratada. Y, por supuesto, buscar la máxima fiabilidad en el funcionamiento de las plantas depuradoras. Son instalaciones que no pueden fallar nunca, por las graves responsabilidades medioambientales y económicas que pueden tener, por lo que es clave potenciar el mantenimiento, a poder ser el predictivo, así como dotar de cierta redundancia a los equipos, para que se siga trabajando adecuadamente en caso de averías o mantenimiento, e incrementar los controles en línea y con sistema de alarmas. Los planes de gestión de riesgos pueden ser muy útiles en esta tarea.

Un tema que debería ser debatido es hasta donde llegar con los tratamientos para resolver problemas “de preocupación emergente”, como los contaminantes emergentes, microplásticos, etc. Se debe investigar en profundidad, pero antes de actuar hay que evaluar objetivamente cuáles son sus efectos y su gravedad. También hay que calcular los costes, tanto económicos como medioambientales, que implica su eliminación. Y una vez que dispongamos de esos datos, tomar la decisión más adecuada, sin dejarnos llevar por reclamos alarmistas habitualmente no siempre bien fundamentados. Teniendo presente siempre, que el mejor tratamiento es la prevención e intentar que esos compuestos no entren en las aguas residuales, donde su eliminación, posiblemente, va a suponer un coste elevado.

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