Campos que atrapan agua (y recargan acuíferos)

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Sobre el blog

Xavier Marcelino de Francisco
Xavier Marcelino de Francisco es hidrogeólogo y recientemente ha finalizado un MBA. Ha trabajado durante 7 años en obras civiles (en 4 de ellas como Project Manager).
  • Campos que atrapan agua (y recargan acuíferos)
    Crecida del río Ebro

En el presente artículo me gustaría plantear la posibilidad de crear estructuras baratas para laminar los volúmenes de agua que caen tradicionalmente en España en otoño/verano en forma torrencial y, de un modo colateral, aprovechar para recargar acuíferos.

Se considera que en España se han perdido en los últimos 100 años un mínimo del 60% de las zonas húmedas (Casado & Montes, 1995). Dichas zonas permitían laminar de un modo natural muchas lluvias torrenciales, creando espacios de almacenaje temporal para este volumen de agua “extra”. A su vez, este almacenaje estimulaba la recarga de acuíferos.

Estas zonas desaparecieron con la mecanización de las labores del campo (que permitieron ampliar el área de las zonas cultivadas) y de los sistemas de bombeo modernos, que permitieron desecar amplias zonas. Con ello se ganó en salubridad (las zonas húmedas eran un foco de paludismo) y se ganó en producción de alimentos, pero se perdió esa capacidad de laminación (y riqueza natural, obviamente), haciendo que las inundaciones se volvieran algo cada vez más común.

La administración, las empresas de servicios y las compañías aseguradoras son grandes interesados en paliar las inundaciones

Actualmente tenemos un país muy humanizado, en el que los ríos están muy confinados y hay pocos humedales, de modo que los hay poca capacidad natural para absorber los excedentes de agua en momentos de lluvias intensas.

Además, a esto hay que sumar los efectos del cambio climático, que está haciendo que los episodios de lluvias se estén volviendo más episódicos y violentos.

Lo que planteo es crear depresiones artificiales que puedan ser cultivadas como campos de cultivo durante el mayor parte del tiempo y que puedan almacenar agua en episodios de grandes lluvias, liberando terreno a su alrededor, permitiendo centralizar la zona inundada en zonas predefinidas. Se trata de crear zonas inundables de un modo artificial.

La ventaja es doble: se trata de conseguir dar espacio a toda esa agua que cae en poco tiempo para evitar al máximo las inundaciones, por un lado y recargar los acuíferos por otra, pues la concentración de agua de lámina de agua favorece la recarga de acuíferos por infiltración natural.

Estoy pensando en dos regiones muy concretas: las cuencas del Ebro y del Guadalquivir, ambas son zonas llanas que padecen inundaciones de un modo habitual: en el caso del Ebro, destacan las de 1960, 1966 y 2013 (Diario de Navarra, 2013). En el caso del Guadalquivir, cada año hay inundaciones más o menos locales, destacando las de 1982, 1983, 1989, 1995 y 1996 (Vallejo, 2000).

¿Por qué no crear una red de campos de cultivo que se hallen por debajo de la cota de terreno para que sirvan de depósito temporal para el agua en los momentos de inundaciones? Me explico mejor, planteando una posible metodología:

  1. Se definen las áreas llanas en las que se padecen inundaciones de un modo más severo y sistemático, en las regiones que he comentado.
  2. Se realiza un cálculo volumétrico sobre el volumen de agua a laminar, de modo que obtenemos el área a excavar y la profundidad a hacerlo. Nunca debe excavarse grandes profundidades: entre 1 y 2 metros máximo, siempre con pendientes suaves.
  3. Primero se aparta el suelo vegetal para reaprovecharlo posteriormente, luego se llega a la cota que se ha decidido previamente y se recubre con el suelo vegetal apartado para poder cultivar encima “a posteriori”. La tierra excavada sirve para crear unas motas alrededor de estos campos para aumentar su capacidad de almacenaje.
  4. Se excavan desagües que lleven a estos campos para que cuando haya lluvias torrenciales el agua pueda desaguar en estos campos.

Con esto ya hemos creado nuestros depósitos temporales. Mientras no hay inundaciones, gracias a la tierra vegetal que hemos repuesto, son cultivables y usan para este menester. En el momento en que quedan inundados por lluvias torrenciales, la administración, paga a los agricultores por el tiempo en el que no pueden trabajar y por las cosechas perdidas. El coste de este “alquiler” es ridículo comparado con el coste de tener dos o tres semanas (que es el tiempo mínimo que tarda el agua en ser absorbida o desaguada en grandes inundaciones) de grandes superficies. No solo es el coste de las pérdidas materiales individuales, sino el de las carreteras cortadas y del posterior acondicionamiento de todas las infraestructuras estropeadas: cableado eléctrico, señalización, firmes, etc.

La administración, las empresas de servicios y las compañías aseguradoras son grandes interesados en paliar las inundaciones, de modo que ellos podrían crear un “bote” de dónde saldría el dinero para el “alquiler” de los campos.

Yo empezaría haciendo pruebas piloto e iría viendo cómo mejorar el sistema. Se trata de excavar volúmenes lo suficiente mente importantes como para qué se vea exactamente cómo de eficaz es el funcionamiento a nivel local.

Además me gustaría hacer hincapié en un punto importante: esto no es un sistema novedoso, siempre existió. Antes de la mecanización de la agricultura, muchos campos de labranza ocupaban antiguos humedales naturales que se inundaban periódicamente. Y este hecho formaba parte de la estructura de funcionamiento: en verano se hacía huerta y en otoño-invierno-primavera se apacentaba el ganado en las zonas secas o se realizaban aprovechamientos palustres.

Otro punto a favor: es compatible con las medidas de contención “de hormigón”, barato y fácilmente integrable en el paisaje.

Igualmente, también me gustaría comentar en que hay países europeos que están sistematizando este sistema para evitar las grandes crecidas de los ríos debido al deshielo en sus cabeceras, como por ejemplo Holanda. Lo que hacen es facilitar la inundación de las zonas limítrofes de sus ríos evitando barreras y obstáculos. Cuando hay exceso de caudal, el agua ocupa estas zonas y se evita inundaciones mayores, y cuando el caudal es normal, estas tierras se dedican a pastos. Nuestro sistema es distinto a origen, pero la idea subyacente es la misma.

Viendo la periodicidad de la inundaciones que padecemos (con alternancia de sequía), ¿realmente no vale la pena ni siquiera estudiarlo?

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