En los últimos años en nuestro país ha crecido de manera importante la presencia de la ganadería intensiva en comparación con la evolución corriente de la ganadería tradicional, algo que no sólo ha afectado a la cantidad de carne y otros productos disponibles al consumidor, sino también a las emisiones y contaminantes que esta actividad tiene asociados y que afectan negativamente al medio ambiente.
La ganadería intensiva es una forma de ganadería caracterizada por criar animales en entornos dotados de elementos artificiales con el objetivo de llevar al máximo la productividad de la actividad. Emplea estos elementos artificiales de la manera más óptima posible en función de unos determinados valores de producción que se desean satisfacer. Un ejemplo de esta ganadería es el caso de la ganadería vacuna intensiva. En lugar de tener un determinado número de vacas en un recinto al aire libre y semilibertad, se emplean vastas superficies de terreno dispuestas de instalaciones (generalmente naves) en las que se desarrolla la vida del ganado. Para satisfacer las necesidades de los animales se dispone de equipos automatizados y monitorizados que realizan las labores que en la ganadería convencional realizaría un pastor. Por ejemplo, existen máquinas que aportan directamente agua y pienso a las vacas y máquinas que ordeñan automáticamente al ganado.
Este post no trata de la manera en la que se desarrolla la actividad ni de la posibilidad de que reduzca el trabajo de los pastores. Ni siquiera de la aparente reducción en la calidad de los productos. Este post trata acerca de la contaminación de las aguas que lleva asociado un aumento tan elevado como el de la presencia de la ganadería intensiva en España.
En España en el año 2018 se llegó a un valor del número de animales objeto de actividad ganadera de alrededor de 62 millones. Este valor lleva asociada una determinada huella de carbono y una huella hídrica que va creciendo debido al consumo de recursos como cereales y agua, y al deterioro de acuíferos y ríos por la falta de regulación en el correcto vertido de los excrementos de los animales. La descomposición de los excrementos lleva asociada una serie de emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente metano, habiendo que sumar a éstas las asociadas al transporte de los animales.

A continuación, se expone cómo los excrementos o purines del ganado afectan negativamente a la calidad de las aguas. Tanto los purines, como el resto de excrementos, presentan un exceso significante de iones nitrato (NO3-) e iones fosfato (PO43-), siendo el nitrógeno y el fósforo tipos de macronutrientes esenciales para la vida de las plantas. Esto quiere decir que un exceso de los mismos puede llevar a un crecimiento descontrolado de especies vegetales en las aguas sometidas a los vertidos de los excrementos. Esto sin mencionar que la presencia de nitratos en el agua provoca la despotabilización de las aguas al resultar tóxicos para el ser humano en caso de formar nitrocompuestos como el nitrometano o el nitrobenceno.
Para revertir la presencia de nitratos y fosfatos en las aguas lo vital es evitar que los excrementos lleguen a las mismas, y para ello se han de establecer leyes que limiten los vertidos recurriendo si hace falta a sanciones económicas. Estas leyes actualmente existen, pero con el hándicap de ser distintas en cada comunidad autónoma. Además, a la hora de la verdad no todos los ganaderos las cumplen al no existir demasiado control y tener asociados unos determinados costes. Si a esto le sumamos el potencial crecimiento que está sufriendo la ganadería, a medida que pase el tiempo va a ser más difícil el control de vertidos y las emisiones mucho mayores.
Para eliminar la presencia de nitratos en el agua contaminada existen técnicas de separación y de transformación. Las primeras separan los iones nitrato de la muestra y las segundas eliminan los iones nitrato trasformándolos principalmente en nitrógeno, que como se sabe es un gas inerte sin peligro al medio ambiente.
Ante el gran crecimiento de la ganadería intensiva en nuestro país, sería realmente interesante el apoyo por parte de las instituciones hacia la industria que emplee los excrementos animales como recurso, es decir, apoyando los sistemas de economía circular. Actualmente existen industrias muy minoritarias como la del biogás, en la que mediante digestión anaerobia se transforma la materia seca de los excrementos en biogás (principalmente biometano) y la materia líquida quedando como digestato de gran utilidad como fertilizante en agricultura.
Se requiere por parte del Estado y de las Administraciones un consenso para que el aumento de la ganadería no se convierta en un problema, algo que se puede conseguir limitando su proliferación si ésta resulta innecesaria y promoviendo sistemas de economía circular ya sea con ayudas económicas o con incentivos de otra linde.
