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«La colaboración público-privada ha permitido a Santander transformar el servicio del agua»

Gema Igual, alcaldesa de Santander.
Gema Igual, alcaldesa de Santander.

En Santander, el agua no es un asunto invisible. La orografía de la ciudad, con barrios elevados y fuertes pendientes, la cercanía de la bahía y una población que se multiplica en determinados momentos del año, convierten el ciclo urbano del agua en un elemento crítico para el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Cuando llueve con intensidad o la demanda se dispara, el impacto se percibe de inmediato en el espacio público, en los servicios y en la actividad económica de una ciudad marcada por el turismo y el sector servicios.

Desde esa realidad concreta, el Ayuntamiento optó hace casi dos décadas por un modelo de concesión a largo plazo como herramienta para garantizar una inversión sostenida, profesionalización del servicio y modernización de las infraestructuras. En esta entrevista, Gema Igual explica cómo ese marco concesional, combinado con control público, planificación y digitalización, ha permitido pasar de una gestión reactiva a un modelo basado en la anticipación. La conversación recorre los grandes ejes que hoy condicionan la agenda urbana del agua en Santander: la respuesta ante episodios extremos, la planificación urbana, la concienciación ciudadana, la cooperación entre administraciones y el papel de la inversión —incluido el PERTE Cantabricontrol— para garantizar un suministro fiable sin trasladar tensiones al ciudadano. Un relato donde el agua aparece no solo como servicio esencial, sino como pieza estructural del desarrollo urbano y económico de la ciudad.

Gema Igual defiende que la gestión del agua en Santander se sostiene en planificación, control público y anticipación

Pregunta: Santander ha convertido la gestión del agua en un elemento clave de su modelo de ciudad. ¿Qué principios guían esta política?

Respuesta: La gestión del agua en Santander parte de un principio esencial: garantizar un suministro seguro y de calidad. Aunque los ciudadanos lo den por hecho, las ciudades tienen la responsabilidad de conocer bien sus infraestructuras y anticipar cómo van a responder.

"Apostamos por una concesión que garantizara inversión, mantenimiento continuado y profesionalización del servicio"

En nuestro caso, hace veinte años, las averías en las conducciones de la red eran frecuentes y aparecían fugas de manera habitual. Teníamos un servicio municipal que hacía lo que podía, pero las infraestructuras estaban obsoletas y no permitían asegurar el nivel de calidad que necesitaba la ciudad.

También se generaban situaciones que hoy serían impensables. En los veranos, cuando la población se multiplicaba debido a la mayor afluencia turística, se producían cortes frecuentes de agua. Había familias que almacenaban agua en sus casas por si el suministro fallaba. Y en las zonas altas, especialmente en la zona de General Dávila —una arteria urbana principal y la calle más larga y elevada de Santander—, la presión era insuficiente y muchos edificios necesitaban bombas de impulsión para elevar el agua a los pisos superiores. Eso generaba molestias y desigualdades entre barrios.

A todo esto, se añadía el impacto económico. Santander es una ciudad de servicios, con un sector turístico muy sensible. Un corte en el suministro afectaba a hoteles, restaurantes y comercios. Por eso el agua no es solo un servicio esencial, sino un factor de competitividad y de reputación para la ciudad.

En ese contexto, tomamos una decisión importante. El Ayuntamiento, con recursos propios, no podía afrontar la renovación profunda de la red de tuberías que disponía el servicio. Apostamos por una concesión que garantizara inversión, mantenimiento continuado y profesionalización del servicio. Ese es el principio que nos ha guiado desde entonces: asegurar que los santanderinos tengan una infraestructura moderna, un servicio fiable y la seguridad de que el agua les llegará siempre, en cantidad y con la máxima calidad.

Gema Igual, alcaldesa de Santander.

P.- La colaboración público-privada con Aqualia se acerca ya a las dos décadas. ¿Qué explica su buen funcionamiento?

R.- Se explica, en primer lugar, por el diseño del contrato. El pliego de condiciones que se diseñó establecía con claridad qué necesitaba la ciudad y qué debía hacer la compañía que resultase adjudicataria de la licitación. Hubo concurrencia y varias empresas presentaron propuestas. Aqualia fue la más ventajosa, tanto por la inversión inicial como por el canon anual destinado a seguir mejorando la red. Ese marco permitía, además de un fuerte impacto inversor inicial, una renovación continuada y permanente de las infraestructuras guiada por un Plan Director del servicio, algo que el Ayuntamiento no podía asumir con recursos propios.

"La empresa lleva el día a día de la red, las lecturas, el mantenimiento o la atención al usuario, bajo la supervisión del Ayuntamiento"

Pero lo realmente importante es la forma en que se gestiona el servicio cada día. Mantenemos reuniones semanales en las que revisamos incidencias, obras y prioridades. La empresa lleva el día a día de la red, las lecturas, el mantenimiento o la atención al usuario, pero lo hace siempre bajo la supervisión del Ayuntamiento. Es una relación donde hay diálogo, pero también control y transparencia. Este control continuo de la concesión le dota de una gran fortaleza al servicio.

A lo largo de estos años hemos tenido momentos más fáciles y otros más difíciles, como sucede en cualquier colaboración de largo plazo. Cada parte tiene sus propios intereses, y eso es saludable. Pero siempre hemos compartido un objetivo común: garantizar el mejor servicio para los santanderinos. El Ayuntamiento controla la tarifa, que se actualiza con el IPC y en algunos años ni siquiera eso; exigimos calidad en la atención; verificamos que las inversiones comprometidas se ejecutan; y aseguramos que cualquier decisión relevante se tome pensando en el ciudadano.

Gracias a este modelo y a la implementación tecnológica del servicio hemos pasado de levantar calles enteras para buscar averías a actuar solo en el punto exacto donde se produce la rotura, porque la red está sensorizada. Hemos visto cómo la presión ha quedado restablecida en toda la ciudad, cómo se han reducido las incidencias, cómo se moderniza el parque de contadores, disponiendo ya el 70% del mismo de sistema de telelectura y con una previsión de tener el 100% de contadores inteligentes en dos años. Esta innovación llega a Santander antes que a otros territorios.

La eficiencia operativa está más que demostrada. Gracias a esto, se consiguió un ahorro del 24% en necesidades hídricas (metros cúbicos de agua) y un ahorro del 29% en consumo energético en la operación del servicio de abastecimiento y saneamiento del agua, reduciendo así la huella energética.

Esa combinación —planificación, innovación, control público y profesionalización privada— es la que explica que esta relación funcione bien y que los santanderinos valoren tan positivamente el servicio. Este desarrollo del servicio se consigue gracias a la relación público-privada y al desempeño de una empresa especialista.

P.- En los últimos meses, Santander ha sufrido episodios de lluvias muy intensas. ¿Cómo están reforzando la resiliencia frente a estos fenómenos?

R.- Estamos viendo episodios de lluvia muy concentrada, que generan situaciones complejas por la propia orografía de la ciudad. Santander tiene una orografía complicada y cuando llueve con intensidad, se produce una elevada escorrentía hacia las zonas de menor cota de la ciudad. Además, en otoño, el viento sur arrastra hojas que pueden taponar imbornales, y eso agrava los problemas.

Con esta realidad, lo primero que hicimos fue analizar la ciudad de forma completa. Identificamos cuatro puntos negros históricos y ocho zonas inundables. Tres de esos puntos negros ya están resueltos. Y acabamos de aprobar un proyecto para actuar sobre otro de ellos, que entrará en ejecución tras su aprobación en Junta de Gobierno. Estas actuaciones se financian con recursos municipales y también con el canon de la concesión, lo que nos permite avanzar con continuidad.

Gema Igual, alcaldesa de Santander.

Lo fundamental es anticiparse, actuar con rapidez y acometer las inversiones necesarias, para lo cual es fundamental el canon para inversiones que nos permite el contrato de concesión con Aqualia. No podemos negar que hemos tenido episodios difíciles; debemos reconocerlos, explicarlos a los vecinos y trabajar para solucionarlos uno a uno. Esa anticipación, basada en datos y análisis técnico, nos está permitiendo mejorar la resiliencia de la ciudad ante fenómenos que, previsiblemente, serán cada vez más frecuentes.

P.- ¿Qué papel juega la planificación urbana en esta adaptación?

R.- El crecimiento urbano cambia los drenajes naturales. Zonas que antes evacuaban sin dificultad, al urbanizarse, pueden convertirse en áreas que requieren soluciones específicas.

Por eso, en el nuevo Plan General estamos integrando esta mirada hidrológica. Analizamos cómo responde cada barrio ante episodios intensos, dónde deben reforzarse las infraestructuras, cómo deben adaptarse las pendientes, qué zonas necesitan soluciones basadas en la naturaleza y cómo debe evolucionar el drenaje urbano. Es un trabajo técnico profundo que marcará la capacidad de la ciudad para adaptarse al clima futuro.

Frente a los episodios climatológicos extremos, cada vez más frecuentes a causa del cambio climático, la clave está en anticiparse. Los sistemas de control y alerta temprana ante lluvias intensas son grandes herramientas. Además, no requieren una gran inversión, pero sí planificación, tecnología y visión preventiva. Por otro lado, dentro de la digitalización es fundamental que se implementen plataformas para la gestión en tiempo real de la calidad del agua en diferentes puntos, que hacen posible la detección y alerta temprana de incidencias.

«El buen desarrollo del servicio se consigue gracias a la relación público-privada y al desempeño de una empresa especialista»

P.- La economía circular también forma parte del ciclo urbano del agua. ¿Cómo la aplican en Santander?

R.- La economía circular implica que los recursos no tengan un único uso, y eso se aplica directamente al agua. Hay momentos del año en los que disponemos de más agua y otros en los que disponemos de menos, algo que no siempre es fácil de explicar. Por eso la concienciación es tan importante.

Trabajamos especialmente con los colegios, porque los niños entienden muy bien el valor del agua cuando ven de dónde viene y cuántos kilómetros recorre antes de llegar al grifo. Les explicamos que el agua de lluvia puede reutilizarse para regar o que el agua con la que se lava una verdura puede tener un segundo uso. Les mostramos cómo se capta, cómo se trata y cómo se transporta. Cuando los niños entienden ese recorrido, también lo entienden las familias. Y eso tiene un impacto enorme en el uso responsable del recurso.

Además, explicamos que cada gota tratada requiere energía y recursos. Si se desperdicia, también se desperdicia el esfuerzo humano y económico que hay detrás. La educación ambiental es un elemento fundamental de nuestra política del agua.

Gema Igual, alcaldesa de Santander.

P.- Santander ha avanzado notablemente en digitalización. ¿Qué elementos considera más transformadores?

R.- La digitalización ha cambiado radicalmente tanto la gestión interna como la atención al ciudadano. La comunicación es inmediata, a través de distintos canales digitales que facilitan una atención más directa y accesible. Y, sobre todo, la telelectura. Los usuarios ya no necesitan estar en casa para que se les lea el contador y pueden consultar su consumo, recibir avisos por consumos anómalos o detectar fugas internas. Esto es especialmente útil en viviendas vacías o de personas mayores, donde un consumo inesperado puede alertar de un problema.

"Con la digitalización es fundamental implementar plataformas para la gestión en tiempo real de la calidad del agua en diferentes puntos"

En la gestión interna, contamos con telecontrol, sectorización, sistemas de información geográfica y un mayor conocimiento del comportamiento de la red. Eso permite visualizar toda la red desde una oficina, saber exactamente dónde se produce una avería y actuar de forma muy precisa. Además, conocemos el patrón de funcionamiento de la red y si este cambia, podemos detectar con mayor rapidez la causa del problema. 

También hemos modernizado las técnicas de renovación de la red. Antes, cuando una tubería estaba deteriorada, había que sustituirla entera. Ahora se puede encamisar desde dentro, lo que reduce el tiempo de obra y la afección al tráfico y a los vecinos.

Todo esto se complementa con la renovación periódica de contadores a los que se dota de telelectura que mejora la fiabilidad del sistema. Es un cambio profundo que ha hecho que el servicio sea más cómodo, más preciso y eficiente.

P.- El PERTE Cantabricontrol es una de las grandes iniciativas en marcha. ¿Qué supone para Santander?

R.- Los PERTE son una oportunidad por dos razones. La primera, porque aportan financiación externa que permite acelerar proyectos que, de otro modo, se ejecutarían mucho más lentamente. Y la segunda, porque obligan a tener proyectos sólidos, bien diseñados y justificados, lo que eleva la calidad de las actuaciones.

El proyecto ‘Cantabricontrol’ tiene un presupuesto total de 10,8 millones de euros y beneficia a 47 municipios. Para Santander supone más de 3,3 millones destinados a automatizar estaciones de captación y tratamiento, extender la telelectura y mejorar el control de calidad del agua. Con ello se persigue mejorar la eficiencia y el control del ciclo urbano del agua mediante la digitalización de los procesos de abastecimiento, saneamiento y depuración.

Este nivel de control se apoya en una plataforma tecnológica que, basada en inteligencia artificial, permite reducir las pérdidas de agua y optimizar el consumo hídrico.

Dentro del PERTE se están desarrollando actuaciones orientadas a mejorar la eficiencia del ciclo urbano del agua, reforzar el cumplimiento normativo y avanzar en la digitalización del servicio, incluyendo el despliegue de la telelectura.

Este enfoque está permitiendo avanzar en meses actuaciones que, de otro modo, habrían llevado años. En definitiva, nos permite cerrar el ciclo completo del agua: desde la captación de la gota hasta su retorno tras el tratamiento. Además, nos sitúa en un contexto comparativo con otros municipios y nos permite seguir incorporando tecnología y buenas prácticas. Para Santander, es una inversión directa en infraestructura, en eficiencia y en calidad del servicio.

P.- La gestión del agua implica varios niveles administrativos. ¿Cómo valora esa cooperación?

R.- Cuando hay un problema con el agua, la llamada llega a la alcaldesa. Esa es la realidad, somos la administración más cercana para el ciudadano y debemos responder primero y gestionar después con quien corresponda. Por eso la cooperación institucional es tan importante.

Con el Gobierno de Cantabria tenemos una buena relación. Ejemplo de ello es el mencionado PERTE, así como la renovación de las conducciones generales que transportan el agua desde la potabilizadora hasta los depósitos generales de la ciudad. Esta es una infraestructura muy antigua cuya renovación tiene un coste de veinte millones de euros, de los cuales diez los aporta la Comunidad Autónoma y diez el Ayuntamiento.

Con el Gobierno de España la colaboración también es clave.

Gema Igual, alcaldesa de Santander.

P.- Las inversiones han sido constantes, pero las tarifas se mantienen estables. ¿Cómo logran ese equilibrio?

"Llevamos desde 2013 sin incrementar la carga fiscal municipal porque creemos que el contexto económico exige proteger a las familias"

En Santander no subimos impuestos, subimos servicios. Llevamos desde 2013 sin incrementar la carga fiscal municipal porque creemos que el contexto económico exige proteger a las familias. Y en el caso del agua, la tarifa solo se actualiza conforme al contrato, algunos años incluso por debajo del IPC.

Ese equilibrio es posible gracias al modelo concesional, a la eficiencia operativa, al canon anual para inversiones y a una planificación rigurosa. El resultado es un servicio moderno, infraestructuras renovadas y una tarifa que se sitúa por debajo de la media nacional. La labor del Ayuntamiento es fiscalizar y controlar; la de la concesionaria, gestionar con profesionalidad y garantizar la sostenibilidad del servicio.

R.- ¿Qué legado le gustaría dejar en materia de agua?

El legado que me gustaría dejar es haber demostrado que no hay que tener complejos para apostar por la colaboración público-privada cuando es la mejor opción para la ciudad. En su momento fuimos honestos al reconocer que el Ayuntamiento no tenía la capacidad necesaria para garantizar el servicio con la calidad que Santander necesitaba. Aqualia se presentó en libre concurrencia y fue la opción más ventajosa.

Hoy tenemos un servicio estable, moderno, innovador y bien gestionado. Hemos renovado infraestructuras, introducido tecnología, educado a la ciudadanía y garantizado un suministro seguro y de calidad. Me gustaría que ese modelo permanezca: un modelo basado en la transparencia, la profesionalidad, la planificación a largo plazo y la mejora continua.