Por qué la gestión reactiva ya no es suficiente en el entorno actual
Se asiste a una revolución en la gestión del agua, impulsada por el crecimiento exponencial de los datos y del software predictivo, que permite una toma de decisiones más eficaz al transformar esos datos en información valiosa. La verdadera transformación no reside en la adopción de lo digital en sí misma, sino en el paso de un modo reactivo a un modo proactivo y racional, basado en datos y en resultados cuantificables, transparentes y repetibles. La experiencia demuestra que esperar a disponer de datos perfectos solo retrasa la solución de los problemas: la mayoría de las empresas de aguas ya cuenta con datos suficientes para empezar.
La buena gestión de las infraestructuras de agua procura garantizar el servicio dentro de los objetivos de calidad y rentabilidad —eficacia— con la mejor utilización posible de los recursos disponibles —eficiencia— y sin comprometer su continuidad futura —sostenibilidad—.
Entre las acciones principales que se llevan a cabo sobre la red están (i) la operación y mantenimiento diarios para garantizar los objetivos de calidad del servicio; (ii) la gestión de las pérdidas de agua y energía; (iii) la gestión de los ingresos y de la submedición; y (iv) la planificación y gestión patrimonial de la red, mediante su renovación y mejora continuas.
El foco ineludible en la respuesta operativa diaria, las limitaciones de los recursos humanos y financieros disponibles, y la existencia de déficits acumulados de mantenimiento y renovación están a menudo en el origen de que estas acciones se desarrollen de forma reactiva, intuitiva y no planificada, impulsada más por las urgencias del día a día que por una asignación racional del esfuerzo.
La dispersión de prioridades se ve acentuada por la organización corporativa convencional en las empresas de agua, en la que las distintas vertientes operan en canales paralelos, dificultando las sinergias y la planificación conjunta.
Al ser posible cuantificar las distintas vertientes sobre una base objetiva y comparable, pueden fundamentarse decisiones racionales
La realidad es que las diferentes áreas de la organización se ocupan de una misma infraestructura y de un mismo servicio. Un ejemplo sencillo: cuando se produce una rotura grave o se detecta una serie de fugas alrededor de una misma ubicación en la operación diaria, puede ser necesario reaccionar renovando la tubería. Esa misma tubería posiblemente es objeto de planificación patrimonial en un plan distinto, por un equipo diferente dentro de la empresa. Sin embargo, los temas se cruzan y pueden beneficiarse de una gestión conjunta.
La optimización con software conduce a un retorno de la inversión más rápido que la priorización por antigüedad, y a una mayor reducción de pérdidas
La creciente disponibilidad de datos en las empresas de agua y el advenimiento de software predictivo como Baseform que permite poner esos datos directamente al servicio de la toma de decisiones y del resultado final, está modificando significativamente este panorama. Al ser posible cuantificar las distintas vertientes sobre una base objetiva y comparable, en relación con los objetivos globales perseguidos por la empresa, pueden fundamentarse decisiones racionales que extraigan los mejores resultados de los recursos disponibles, implicando a toda la organización.
Sectores de medición, balance hídrico y gestión de pérdidas
Dividir un sistema en sectores de medición que permitan la cuantificación de componentes del caudal y de otras métricas críticas constituye una buena práctica a nivel internacional y proporciona una base estructurada para el establecimiento de prioridades de intervención.
Aprovechando datos de caudal y presión transmitidos en continuo, un sistema de medición por sectores es una forma eficaz de cuantificar y controlar pérdidas y de gestionar el consumo. La existencia de un GIS resulta aquí decisiva para disponer de visibilidad sobre las tuberías y para la actualización continua de la topología de la red y de las zonas.
Cabe señalar que la creación de un sistema de sectores de medición no se limita al cierre de fronteras e instalación de caudalímetros. Incluso cuando las zonas están bien dimensionadas para revelar los distintos componentes del balance hídrico, es frecuente que la medición en sectores no proporcione resultados utilizables, debido a errores de medición en los caudalímetros que se superponen al consumo y a las pérdidas que se pretende monitorizar; este efecto se ve amplificado cuando el caudal de paso (es decir, el que se dirige a otras partes del sistema) es considerablemente superior al que se consume en la zona —incluidas las pérdidas—, debido al error combinado de varios caudalímetros, aun cuando estén bien dimensionados; y a la ausencia de una solución eficaz para procesar los datos y extraer, de forma robusta y en continuo, los distintos componentes del balance hídrico.

Figura 2. Detección de eventos y seguimiento del caudal mínimo en el software Baseform, proporcionando valores objetivos de pérdidas reales al balance hídrico bottom‑up

Figura 3. Componentes del balance hídrico, en continuo y por sector, lo que posibilita un establecimiento claro de prioridades basadas en métricas rigurosas.
El software específico para este fin puede incluir la detección automatizada de roturas, fugas y otros eventos, así como el seguimiento de los caudales mínimos. Esto transforma de forma significativa la capacidad de estimar las pérdidas reales, eliminando en la práctica dicha incógnita del balance hídrico, que pasa a tener como variable a estimar solo los consumos no medidos: el balance hídrico llamado bottom-up (de abajo arriba).
Micromedición y gestión de contadores
El ámbito en el que las empresas de agua disponen de mayores volúmenes de datos es la micromedición. Las lecturas de facturación, combinadas con la base de datos de contadores, con los costes y tarifas, y con curvas de error adecuadas al equipamiento instalado, permiten, mediante software analítico: (i) estimar con mayor precisión el error de submedición y las pérdidas aparentes; (ii) gestionar de forma eficaz el consumo, los ingresos y las pérdidas comerciales; y (iii) generar planes de sustitución automatizados, optimizados, por ejemplo, según el retorno financiero (payback), el desempeño del medidor o la reducción de pérdidas aparentes.
La optimización mediante software conduce a un retorno de la inversión significativamente más rápido que la priorización únicamente por antigüedad, y a una mayor reducción de pérdidas: se trata de una aplicación mucho más eficiente de la inversión disponible.
El filtrado de contadores por tarifa, tecnología, antigüedad, tamaño, zona, geolocalización, volumen, perfil de consumo, historial y comportamiento de la medición, probabilidad de fraude, percentil de consumo (por ejemplo, top 10%, top 1%), contadores parados, errores de datos y muchos otros criterios, también es aplicable a la inspección de contadores y puntos de consumo. Ello permite una identificación mucho más rápida de situaciones anómalas o inadecuadas, así como el ajuste progresivo del dimensionamiento de contadores, beneficiándose en particular de la implantación de telelectura.
La capacidad de procesar de forma continua y conjunta los datos de micro y macromedición proporciona mayor fiabilidad y coherencia en los balances, así como en la estimación y gestión de la submedición y de la componente de pérdidas aparentes, en combinación con la gestión de las ZMC. Este paso contribuye de manera significativa al establecimiento de prioridades orientadas a obtener el máximo efecto cuantificable, ya sea en la reducción de las pérdidas reales totales (de agua y de energía), del agua no registrada, o del consumo no autorizado, entre otros.
La capacidad de procesar de forma continua y conjunta los datos de micro y macromedición proporciona mayor fiabilidad y coherencia en los balances
Predicción de fallos y optimización de la renovación de tuberías
La tercera vertiente importante en la que los datos ya existentes en la empresa encierran valor predictivo, con un significativo retorno potencial, es la planificación de la renovación de la red. Los registros de averías de tuberías y acometidas, ya sea en forma de OT o en otros soportes menos formales —como simples hojas Excel— combinados con la información catastral disponible en el GIS, son idóneos para la utilización de motores predictivos actuales, que relacionan las averías registradas con la antigüedad, averías anteriores, material y otros datos catastrales, ambientales, hidráulicos o estructurales —entre muchos otros—, para prever fallos y tasas de fallo futuras en toda la red, incluyendo: (i) la tasa de fallo y el número de fallos/año previstos para cada activo; por tubería, grupo de tuberías (material, año/lote, diámetro), proyecto, zona, etc.; (ii) las curvas de deterioro específicas por grupo de tuberías (p. ej., material y década), basadas en datos de la propia empresa y no en curvas teóricas; (iii) el coste total de la avería (incluidos el coste de la reparación, los costes directos e indirectos, los costes de servicio, de responsabilidad civil, y otros).
Estos modelos pueden combinarse, además, con un conjunto de dimensiones de consecuencia de fallo, incluida la criticidad hidráulica mediante un modelo hidráulico, con el fin de cuantificar múltiples dimensiones de riesgo. Los resultados se utilizan para definir listados de tuberías para renovación o, de forma más operativa, para generar directamente proyectos de renovación de una determinada dimensión o coste preestablecido, cuantificando y maximizando de forma objetiva el número de averías o el riesgo que cada proyecto evitará, en comparación con el escenario de no intervención. Esta capacidad tiene un retorno tangible, tanto desde el punto de vista financiero como en términos de eficacia de la inversión en renovación para los objetivos de sostenibilidad, y representa mejoras significativas frente a inversiones planificadas de forma subjetiva.
En otro plano, la predicción de fallos también proporciona a la Operación un escenario cualificado de tuberías y acometidas hacia las cuales dirigir los esfuerzos en la respuesta operativa diaria y en la detección activa de fugas, en cuanto se detecta un evento o se selecciona un determinado sector para un trabajo detallado de análisis de componentes y de búsqueda activa de fugas.
La existencia en este contexto de una lista de tuberías con prioridades cuantificadas ahorra tiempo y ayuda a estructurar el trabajo cotidiano de operación y mantenimiento, aproximándolo de manera significativa a la planificación de la gestión patrimonial, con importantes sinergias.
Obstáculos frecuentes
Existen elementos cruciales, de resolución factible una vez identificados, que con frecuencia se observan como obstáculos funcionales a lo descrito anteriormente.
En la gestión de contadores y del consumo, es fundamental garantizar la puesta a disposición íntegra de los datos de lectura en tiempo útil
En los sectores de medición, además de los aspectos antes mencionados —errores de medición y ausencia de un procesamiento continuo del balance hídrico— es asimismo importante garantizar que las fronteras de las zonas se mantengan estancas y constantes para cada periodo de análisis; que los caudalímetros sean verificados y calibrados regularmente; que los grandes consumidores estén medidos individualmente; y que la gestión de pérdidas reales se lleve a cabo con los indicadores adecuados, por ejemplo, pérdidas reales por acometida o por kilómetro, a la vez del porcentaje de agua no facturada, como por veces aún se observa.
En la componente asociada a la gestión de contadores y del consumo, es fundamental garantizar la puesta a disposición íntegra de los datos de lectura a la empresa en tiempo útil por parte del proveedor del sistema de facturación, aunque es posible que esos datos no estén inmediatamente disponibles para otras finalidades, especialmente en contratos de servicios de facturación más antiguos.
En la componente asociada a la predicción de fallos, se requiere una precaución similar respecto a los datos de órdenes de servicio, y además garantizar que estos, independientemente del sistema de recogida y registro (puede tratarse de una simple hoja de Excel), incluyan al menos la fecha, el identificador de los activos afectados, su material y diámetro, una localización (geográfica, dirección o acometida) y el tipo de avería observada.
Puntos clave
Los procesos descritos están lejos de ser pensamiento mágico. Por el contrario, constituyen ya una práctica corriente y rutinaria en diversas empresas de aguas en España, con una amplia variedad de dimensiones y recursos disponibles. El principal factor de éxito común a todas ellas es la decisión de descomplicar y dar un paso adelante, a pesar de las limitaciones y de los datos imperfectos.
La experiencia demuestra que esperar a un momento futuro «cuando disponga de mejores datos» para la adopción de procesos más apoyados en la evidencia empírica solo contribuye a aplazar la solución de los problemas. La mayoría de las empresas de agua ya cuentan con datos suficientes para comenzar, y la gestión de pérdidas o la gestión de la infraestructura son urgentes en el presente. El cambio de paradigma no radica en lo «digital» en sí mismo, sino en la ventaja fundamental de pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo y racional.