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Cataluña: Vivir con menos agua, soluciones metropolitanas frente a la sequía estructural

Cataluña: Vivir con menos agua, soluciones metropolitanas frente a la sequía estructural

La sequía ya no es una anomalía en Cataluña. Es un contexto. Una condición estructural que ha obligado a revisar cómo se planifica, cómo se opera y cómo se equilibra un recurso cada vez más tensionado entre abastecimiento urbano, actividad económica y agricultura.

El cuarto episodio de Conexión Agua, el videopodcast impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para difundir las actuaciones del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, sitúa el foco en este territorio para analizar cómo la digitalización está reforzando la capacidad de anticipación y decisión en un escenario de disponibilidad limitada.

Desde la planificación autonómica hasta la gestión colectiva del regadío, el mensaje es claro: medir ya no es opcional. Es la base de la gobernanza.

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De depender de la lluvia a gestionar múltiples fuentes

Josep Lluís Armenter, director de la Agència Catalana de l'Aigua, resume el punto de inflexión con un dato contundente: desde el año 2000 Cataluña ha encadenado cinco sequías. La última ha consolidado un cambio de paradigma.

«No podemos depender únicamente de la lluvia, de los recursos naturales», explica. La incorporación de recursos no convencionales —como las dos desalinizadoras en funcionamiento o la reutilización potable indirecta— ha permitido sostener el abastecimiento en la región metropolitana de Barcelona, donde viven cinco millones y medio de personas, sin restricciones generalizadas.

El plan especial de sequía aprobado en enero de 2020 ha sido la herramienta para repartir escasez y priorizar usos. Ahora se encuentra en revisión, incorporando las lecciones aprendidas y la participación de los sectores implicados.

Josep Lluís Armenter, director de la Agència Catalana de l'Aigua.

En paralelo, la digitalización se consolida como soporte técnico de la gestión. Telelectura, sectorización, mejora de rendimientos, gemelos digitales o control avanzado del saneamiento forman parte de un proceso que busca eficiencia real. La ACA, además, está orientando sus ayudas para que esta transformación alcance también a los municipios pequeños, con subvenciones que en algunos casos se aproximan al cien por cien de la actuación.

El saneamiento como pieza estratégica del recurso

En el ámbito metropolitano, Jesús Belda, director del proyecto PAITIDA del Consorci Besòs-Tordera, aporta una perspectiva menos habitual: el saneamiento no es solo tratamiento final, es una vía para incrementar el recurso disponible.

El proyecto PAITIDA actúa sobre tres grandes sistemas de saneamiento que superan los 100.000 habitantes equivalentes cada uno

El proyecto PAITIDA actúa sobre tres grandes sistemas de saneamiento que superan los 100.000 habitantes equivalentes cada uno y benefician a 21 municipios. Su objetivo es doble: mejorar la calidad del río Besòs y reforzar la reserva hídrica del sistema.

La estrategia se articula en tres ejes. El primero, sensorización masiva de redes y depuradoras para conocer en tiempo real caudales, alivios y calidad. El segundo, actuaciones para incrementar la reserva, incluyendo transformación a tratamiento cuaternario y estudios del impacto sobre acuíferos. El tercero, una plataforma digital que integra activos, mantenimiento y modelos matemáticos para facilitar simulaciones y toma de decisiones.

Los efectos ya se perciben. La disponibilidad de datos en tiempo real ha permitido reforzar el control de vertidos industriales y anticipar incidencias. «Disponer de esa digitalización y poderte adelantar a todo esto creo que es muy importante», señala Belda, especialmente en un territorio que alterna sequías extremas e inundaciones intensas.

Jesús Belda, director del proyecto PAITIDA del Consorci Besòs-Tordera.
Jesús Belda, director del proyecto PAITIDA del Consorci Besòs-Tordera.

Gestionar extremos desde la escala local

Si en la escala metropolitana el reto es integrar sistemas complejos, en la local el desafío es adaptarse a una red diseñada para otro contexto.

Esther Costa, directora de Operaciones de Aigües de Manresa, describe una realidad marcada por extremos: embalses en mínimos históricos y, pocos meses después, episodios de lluvias excepcionales. «La red no puede entender de fronteras. La red no entiende de municipios», afirma, defendiendo una visión supramunicipal.

Gestionar 1.400 kilómetros de red y 127 depósitos obliga a redimensionar prioridades. La cantidad deja paso a la calidad y a la resiliencia.

El PERTE ha permitido acelerar un plan estratégico ya definido. Entre las actuaciones destacan la instalación de 40 sondas piezométricas para controlar niveles en pozos, el desarrollo de un nuevo SCADA, la implantación de sistemas de edge computing, una plataforma corporativa basada en Odoo para consolidar el dato único y la actualización del GIS con GIS Water 4.0 como columna vertebral operativa.

El objetivo es eliminar decisiones improvisadas y anticiparse a los episodios extremos que el cambio climático está intensificando.

Esther Costa, directora de Operaciones de Aigües de Manresa.
Esther Costa, directora de Operaciones de Aigües de Manresa.

El regadío ante un camino irreversible

El episodio se cierra con la perspectiva agrícola. Francesc Camps, secretario de la Junta Central de Usuaris d'Aigua del Baix Ter e investigador del IRTA, contextualiza el papel del regadío en las cuencas internas catalanas: aproximadamente una tercera parte del agua disponible se destina a este uso, mientras que más de la mitad se orienta a abastecimiento urbano e industrial.

La sequía 2022-2024 supuso restricciones significativas para el sector agrícola, consolidando la idea de que la modernización y la digitalización no son una opción, sino una condición de continuidad.

«Es un camino que ya no es reversible», sostiene Camps, aludiendo a la transición hacia una gestión del agua propia del siglo XXI. El PERTE abarca tanto comunidades que ya estaban modernizadas —mediante contadores y gestión digital de retornos— como el control de aguas subterráneas, que abastecen en torno al 30% del territorio del Baix Ter.

Más que un programa de ayudas, se presenta como un catalizador que acelera una transformación ya asumida por el sector.

Francesc Camps, secretario de la Junta Central de Usuaris d'Aigua del Baix Ter e investigador del IRTA.

Medir para decidir

En la pregunta común final, todos los participantes convergen en una idea compartida: sin información fiable no hay gestión eficiente.

Digitalizar significa medir para anticipar, simular para decidir y coordinar para repartir escasez con mayor transparencia. En un territorio que puede pasar con rapidez de la sequía a la inundación, la diferencia la marcan la planificación y la capacidad de operar con datos.

Cataluña muestra así que la digitalización no es un complemento tecnológico. Es la base sobre la que se construye una gestión más resiliente, más eficiente y mejor preparada para un recurso que ya no admite improvisación.