Galicia y Asturias impulsan la digitalización del agua para gestionar territorios complejos
Galicia y Asturias: Multiplicar soluciones en territorios dispersos. Innovación desde la proximidad
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) presenta el tercer episodio de Conexión Agua, el videopodcast que acompaña el despliegue del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, uno de los proyectos estratégicos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España, financiado por la Unión Europea a través de los fondos Next Generation EU.
En esta ocasión, el recorrido se traslada al noroeste peninsular, a Galicia y Asturias, dos territorios donde la abundancia de agua convive con retos estructurales de primer orden: una elevada dispersión poblacional, miles de núcleos pequeños, infraestructuras extensas y complejas, y una gobernanza que exige cooperación constante entre administraciones. En este contexto, la digitalización deja de ser un complemento tecnológico para convertirse en una herramienta esencial de cohesión territorial, eficiencia operativa y resiliencia frente al cambio climático.
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El episodio reúne a la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, Augas de Galicia, el Gobierno del Principado de Asturias, el Consorcio de Aguas de Asturias (CADASA) y la Dirección General del Agua del MITECO, en un diálogo coral que muestra cómo la innovación aplicada desde la proximidad permite garantizar servicios de agua sostenibles tanto en entornos urbanos como rurales.
Miño-Sil: gestionar la complejidad desde el dato y la cooperación
La conversación arranca con Guillermo José Serna García, jefe de Área de Gestión del Dominio Público Hidráulico de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, quien dibuja con claridad las singularidades de una demarcación que se extiende por Galicia, Castilla y León y una pequeña parte de Asturias. La dispersión de la población, el envejecimiento demográfico y la fragmentación de los sistemas de abastecimiento y saneamiento configuran un escenario especialmente exigente para la planificación y la gestión del recurso.
La digitalización se consolida como una palanca imprescindible para mejorar la cooperación entre administraciones y operadores locales
“Tenemos muchas poblaciones que están dispersas y que están poco comunicadas entre ellas, lo que supone un reto a la hora de realizar la gestión del agua”, explica Serna, quien subraya que muchos sistemas están gestionados por entidades locales con capacidades técnicas y medios limitados. A ello se suma una característica singular del territorio: las abundantes precipitaciones, que obligan a reforzar los sistemas de anticipación frente a inundaciones.
En este contexto, la digitalización se consolida como una palanca imprescindible para mejorar la cooperación entre administraciones y operadores locales. Serna detalla cómo el PERTE está permitiendo modernizar en profundidad la Confederación, con un impacto decisivo a múltiples niveles. Uno de los proyectos centrales es la implantación de IntegraNext, un sistema de información avanzado que unifica la gestión de expedientes y establece canales de comunicación mucho más directos con otras administraciones, ganando en eficacia y reduciendo errores.
La transformación alcanza también a la gestión del conocimiento del recurso. La Confederación está migrando cerca de 14.000 inscripciones al registro electrónico de aguas, con el objetivo de disponer de un inventario fiable, georreferenciado e interoperable con la base central del agua y con los sistemas de otras administraciones. Un avance que refuerza la transparencia y la toma de decisiones basada en datos.
El despliegue de infraestructura de monitorización es igualmente relevante. Se han incorporado 25 nuevas estaciones de aforo y control de caudales que permiten disponer de información en tiempo real, se ha iniciado la monitorización de los órganos de desagüe de las presas —especialmente significativa en una cuenca con un fuerte peso del aprovechamiento hidroeléctrico— y se está ampliando la red de piezómetros desde los aproximadamente 30 existentes hasta superar el centenar, lo que permitirá un control más completo tanto de las aguas superficiales como subterráneas.
El impacto del PERTE se extiende también al ámbito local. Las tres convocatorias ejecutadas han movilizado en la demarcación del Miño-Sil en torno a 24 millones de euros para proyectos de ciclo urbano del agua, orientados a la detección de fugas, la digitalización de EDAR, la integración de datos, la mejora de la gobernanza, la reutilización y la ciberseguridad de infraestructuras críticas. Un impulso que alcanza igualmente al regadío, con ayudas que permiten monitorizar captaciones, retornos y variables clave como la humedad del suelo.
Galicia: cuando la planificación necesita escala y proximidad
Desde la Xunta de Galicia, Roi Fernández Añón, director de Augas de Galicia, expone la complejidad de gestionar un territorio con más de 30.000 núcleos de población, una fuerte concentración demográfica en el litoral y una extensa red de abastecimientos autónomos en el interior. Garantizar el servicio en este mosaico territorial exige, según explica, una doble mirada: atender grandes demandas urbanas y económicas sin dejar atrás a los pequeños municipios rurales.
“Tenemos una concentración muy importante de población y de tejido económico en las ciudades, sobre todo en las rías, pero al mismo tiempo debemos dar servicio a un interior muy disperso”, señala Fernández, recordando que la calidad del servicio es igualmente crítica en ambos contextos.
Galicia lleva años trabajando en una hoja de ruta clara, apoyada en la planificación hidrológica y el saneamiento, pero el PERTE ha actuado como un acelerador decisivo. Fernández destaca el proyecto INNOVAUGAS, concebido como un gran lago de datos que permite estructurar la información y desplegar nuevas capacidades digitales. Este esfuerzo, junto con el análisis de vulnerabilidad de captaciones y las plataformas específicas para el ciclo urbano y el saneamiento, está reforzando la eficiencia, la transparencia y la resiliencia del sistema.
Galicia lleva años trabajando en una hoja de ruta clara, apoyada en la planificación hidrológica y el saneamiento, pero el PERTE ha actuado como un acelerador decisivo
La gobernanza emerge como eje central del modelo gallego. Augas de Galicia asume un papel de coordinación y acompañamiento, dotando a los ayuntamientos —especialmente a los de menos de 20.000 habitantes— de herramientas de medición, control y gestión que reportan de forma continua a la administración autonómica. Esta arquitectura permite asesorar, anticipar problemas y cerrar brechas tecnológicas, sin perder de vista la formación, la cultura del agua y la cooperación intermunicipal como pilares del sistema.
Para Fernández, la digitalización no es un fin en sí mismo, sino el medio para demostrar resultados tangibles: menos pérdidas, mayor eficiencia y una gestión más transparente. Solo así, sostiene, se consolidará una gobernanza compartida capaz de afrontar los desafíos del cambio climático en un territorio donde ninguna administración puede actuar de forma aislada. “Digitalizar implica primero conocer y, a partir de ahí, gestionar de manera eficiente. Somos un territorio disperso, con enormes complejidades, y necesitamos la digitalización como herramienta permanente”, resume.
Asturias: digitalizar para que ningún municipio quede atrás
El episodio se desplaza a Asturias con la intervención de Raúl Jimeno Almeida, jefe de la Sección de Apoyo a la Gestión y Explotación del Agua del Gobierno del Principado. Su aportación se centra en el desarrollo de una plataforma digital autonómica que integra datos de múltiples fuentes y ofrece a los ayuntamientos un punto único de acceso a la información del ciclo urbano del agua.
La herramienta, concebida como apoyo directo a los municipios más pequeños, permite supervisar captaciones, depósitos, bombeos y calidad del agua, además de facilitar la detección temprana de fugas y la sectorización de redes. En un territorio con elevada dispersión y grandes distancias entre infraestructuras, la digitalización reduce desplazamientos, optimiza recursos humanos y mejora de forma directa la continuidad del suministro.
Jimeno destaca que, gracias a estos sistemas, ya se están evitando situaciones críticas en periodos estivales, cuando la disponibilidad del recurso disminuye. La incorporación de algoritmia y escenarios de escasez permitirá, además, anticipar decisiones y activar medidas de contingencia con mayor eficacia, reforzando la resiliencia de los sistemas locales.
El Principado impulsa también convocatorias específicas para la adquisición de equipos de detección de fugas mediante correlación acústica, herramientas que reducen de forma significativa los tiempos de localización y mejoran la eficiencia operativa en municipios pequeños con plantillas limitadas. La plataforma autonómica integra además datos de la Confederación Hidrográfica competente, favoreciendo un modelo de colaboración interadministrativa.
“Para el pequeño municipio, la digitalización es muy importante. Le permite mejorar cómo gestiona sus recursos y actuar mucho antes ante accidentes, fugas o cualquier situación de riesgo”, subraya Jimeno, poniendo en valor el impacto directo de estas herramientas en el día a día de la gestión local.
CADASA: un modelo compartido para garantizar servicio y equidad
El cierre territorial del episodio corre a cargo de Manuel Gutiérrez, presidente del Consorcio de Aguas de Asturias (CADASA), un modelo de cooperación público-local que da servicio de abastecimiento en alta a cerca del 80 % de la población asturiana y gestiona, por encomienda del Principado, los principales sistemas de saneamiento.
La digitalización ha sido una apuesta temprana del consorcio
Gutiérrez describe un consorcio construido sobre la colaboración entre administraciones, con una tarifa solidaria y una clara vocación de apoyo técnico y económico a los ayuntamientos. A día de hoy, CADASA supera los 60 consorciados y gestiona más de 900 kilómetros de conducciones en alta, más de 80 depósitos de agua potable y una veintena de estaciones de tratamiento.
La digitalización ha sido una apuesta temprana del consorcio, con sistemas de telecontrol implantados desde hace más de dos décadas que permiten gestionar instalaciones remotas con eficiencia y garantizar la continuidad del servicio. El PERTE abre ahora nuevas posibilidades, especialmente en ámbitos como el control de alivios en sistemas unitarios, la sensorización avanzada y el desarrollo de proyectos de investigación con la Universidad de Oviedo para aplicar inteligencia artificial y sensores virtuales en aguas residuales. Una línea de trabajo que anticipa el cumplimiento de la nueva normativa europea y refuerza la protección del dominio público hidráulico.
Más allá de la tecnología, Gutiérrez pone el acento en las personas. La transformación digital exige adaptación, formación y una cultura organizativa abierta al cambio, pero sin perder el valor del trato directo y la cooperación entre gestores públicos. “La digitalización no es un fin en sí mismo, es un proceso que nos ayuda a gestionar mejor el agua y a cohesionar los territorios”, reflexiona, subrayando también la importancia del conocimiento del agua y de una ciudadanía informada para avanzar hacia una gestión sostenible.
Regadío en el noroeste: optimizar incluso cuando el agua no falta
La visión institucional del Ministerio llega de la mano de Teresa Maestro y María Sánchez, jefas de Sección de la Dirección General del Agua, quienes explican cómo el PERTE de Digitalización del Regadío está contribuyendo a una gestión más eficiente y sostenible del agua en la agricultura.
En el noroeste peninsular, los proyectos beneficiarios —localizados en Galicia, dentro de la demarcación del Miño-Sil— presentan particularidades propias de un contexto donde el reto no es tanto la escasez como la gestión adecuada de excesos y retornos. Se trata de cinco proyectos promovidos por tres comunidades de regantes: Antioquía y Antela, en la provincia de Ourense, y Río Pequeño de Cospeito, en Lugo. Las dos primeras han apostado por la digitalización desde el inicio, siendo beneficiarias tanto de la primera como de la segunda convocatoria.
Aunque estos proyectos no difieren de forma significativa de otros desarrollados a nivel nacional, el contexto climático condiciona las prioridades. La instalación de sensores de humedad en el terreno permite controlar no solo los déficits, sino también los excesos de riego, evitando la contaminación de las aguas subterráneas por infiltración y de las aguas superficiales por retornos. Algunas comunidades han incorporado además el control de lixiviados, reforzando su compromiso ambiental.
Las representantes del Ministerio subrayan la flexibilidad del PERTE, que ha permitido a las comunidades de regantes diseñar proyectos adaptados a su tamaño y necesidades. Las tres entidades han implantado páginas web, servicios de información geográfica, contadores en parcela y la solución Digital G con sistemas de telecontrol y gestión de datos. “Son proyectos muy completos, que han sabido aprovechar las oportunidades que les brindaba el PERTE, aplicándolo a sus propias necesidades”, concluye María Sánchez.
Digitalización del agua: gobernar la complejidad desde el territorio
A lo largo del episodio, las experiencias compartidas desde la cuenca del Miño-Sil, la Xunta de Galicia, el Gobierno del Principado de Asturias, CADASA y la Dirección General del Agua muestran una realidad común: la digitalización se está convirtiendo en una herramienta cotidiana de gestión en territorios donde la dispersión, la complejidad operativa y el reto demográfico exigen soluciones adaptadas y cooperación constante entre administraciones.
En Galicia y Asturias, la digitalización del ciclo del agua ya no es solo una modernización tecnológica, sino una palanca para reforzar la gobernanza, apoyar a los municipios más pequeños y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. El PERTE actúa así como un acelerador de soluciones ajustadas al territorio, capaces de responder a la complejidad geográfica y demográfica del noroeste peninsular, conectando conocimiento, cooperación e innovación con una clara vocación de futuro.