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Día Mundial de los Humedales 2026: conocimientos tradicionales y su papel en la gestión del agua

Cada 2 de febrero, el Día Mundial de los Humedales sitúa en la agenda internacional uno de los ecosistemas más estratégicos —y, al mismo tiempo, más amenazados— para la sostenibilidad del planeta. Reconocido como Día Internacional de las Naciones Unidas desde 2022, este marco conmemorativo se ha consolidado como una herramienta de sensibilización global en torno al papel de los humedales en la seguridad hídrica, la resiliencia climática y el bienestar humano.

En 2026, la celebración adopta un enfoque específico bajo el lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebremos el patrimonio cultural”. Según la Convención sobre los Humedales (Ramsar), este planteamiento busca poner en valor los vínculos históricos entre los humedales, las comunidades que dependen de ellos y los sistemas de conocimiento que han contribuido a su conservación durante generaciones, en un contexto de creciente presión sobre los recursos hídricos.

Este año busca poner en valor los vínculos históricos entre los humedales, las comunidades que dependen de ellos y los sistemas de conocimiento

Los humedales como infraestructura natural esencial para el ciclo del agua

Los humedales también desempeñan una función crítica en la reducción de riesgos hidrológicos

Los humedales abarcan más de 12,1 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el 6 % de la superficie terrestre del planeta, y constituyen algunos de los ecosistemas más productivos del mundo. La Convención sobre los Humedales distingue entre humedales de agua dulce y salada, continentales o costeros, naturales o artificiales, permanentes o temporales, todos ellos caracterizados por el papel central del agua como factor regulador del medio y de la vida.

Desde la perspectiva del sector del agua, estos ecosistemas desempeñan funciones esenciales. Destaca su papel en el almacenamiento y la regulación del agua dulce, especialmente relevante en un planeta donde menos del 1 % del agua disponible es directamente utilizable. A ello se suma su capacidad para mejorar la calidad del agua, actuando como filtros naturales que retienen contaminantes, plaguicidas agrícolas y residuos industriales gracias a la combinación de suelos limosos y vegetación abundante.

Los humedales también desempeñan una función crítica en la reducción de riesgos hidrológicos, al amortiguar inundaciones, mareas de tempestad y otros fenómenos extremos. En el ámbito climático, cabe señalar el papel de las turberas, que, pese a ocupar alrededor del 3 % de la superficie terrestre, almacenan aproximadamente el 30 % del carbono terrestre, el doble que todos los bosques del planeta.

Humedales, sociedad y seguridad hídrica: beneficios en riesgo

La relación entre los humedales y el bienestar humano es directa y estructural. Estos ecosistemas son fuente de agua dulce, alimento y medios de vida para millones de personas en todo el mundo. Más de 1.000 millones de personas dependen del pescado procedente de humedales como principal fuente de proteína, y numerosas comunidades basan su subsistencia en actividades vinculadas a estos entornos, como la pesca, la agricultura o la recolección de recursos naturales.

La degradación de los humedales reduce su capacidad para regular el ciclo del agua, deteriora la calidad del recurso y aumenta la vulnerabilidad de las comunidades

A esta dimensión social se suma su relevancia económica. La Perspectiva Mundial sobre los Humedales 2025 estima que los 1.425 millones de hectáreas de humedales que permanecen en el planeta generan cada año entre 7,98 y 39,01 billones de dólares en beneficios para la sociedad, al proporcionar servicios ecosistémicos esenciales, empleo y oportunidades económicas, entre ellas las relacionadas con el turismo de humedales.

Sin embargo, esta base ecológica y socioeconómica se encuentra seriamente amenazada. Ramsar advierte de que los humedales se están perdiendo a un ritmo medio del 0,52 % anual desde 1970, como consecuencia de la contaminación urbana, agrícola e industrial, la expansión urbana, el desarrollo de infraestructuras, la intensificación de la agricultura y el drenaje del territorio.

Para el sector del agua, esta tendencia tiene implicaciones directas sobre la seguridad hídrica. La degradación de los humedales reduce su capacidad para regular el ciclo del agua, deteriora la calidad del recurso y aumenta la vulnerabilidad de las comunidades frente a fenómenos extremos como inundaciones y sequías. Además, compromete medios de vida dependientes del agua y debilita la relación histórica entre las personas y estos ecosistemas.

En este sentido, la pérdida de humedales no constituye únicamente un problema ambiental, sino también social y económico, al afectar al acceso al agua, al bienestar humano y a la resiliencia de las comunidades en un contexto de cambio climático y presión creciente sobre los recursos hídricos.

Conocimientos tradicionales y comunidades locales en la gestión de los humedales

Desde épocas prehistóricas, las personas han convivido con los humedales, desarrollando sistemas de conocimiento estrechamente ligados a la observación del entorno y al uso sostenible de los recursos. Ramsar define los conocimientos tradicionales como saberes desarrollados a partir de la experiencia acumulada durante siglos, adaptados a contextos culturales y ambientales específicos y transmitidos de generación en generación, principalmente de forma oral.

Estos sistemas de conocimiento incluyen prácticas como la observación de señales en la flora y la fauna, la rotación de cultivos, el uso estacional del agua, la aplicación de técnicas tradicionales de poda, quema controlada o resiembra, así como normas culturales y tabúes que protegen determinadas especies o zonas sensibles. Se trata de conocimientos de carácter práctico, orientados a mantener el equilibrio ecológico y la disponibilidad de recursos a largo plazo.

Los pueblos indígenas y las comunidades locales han desempeñado históricamente un papel clave en la conservación de los humedales. Según Ramsar, aunque representan alrededor del 6 % de la población mundial, gestionan, utilizan u ocupan al menos el 25 % de la superficie terrestre del planeta y contribuyen de forma decisiva a la protección de la biodiversidad restante, incluida la asociada a los ecosistemas de humedal.

El enfoque del Día Mundial de los Humedales 2026 pone de relieve que estos conocimientos no pertenecen únicamente al pasado, sino que constituyen herramientas vivas que han permitido mantener el equilibrio ecológico, reforzar la resiliencia de los humedales y garantizar el acceso sostenible al agua y a otros recursos naturales. Integrarlos en las estrategias contemporáneas de conservación no implica sustituir el conocimiento científico, sino complementarlo con información local y contextual de gran valor para la gestión adaptativa.

Desde la perspectiva de la gobernanza del agua, es importante reconocer y respetar estos sistemas de conocimiento, promoviendo la participación efectiva de las comunidades locales y los pueblos indígenas en la toma de decisiones. La degradación de los humedales no solo pone en riesgo los ecosistemas, sino que también erosiona estos saberes colectivos, afectando a los derechos, los medios de vida y la identidad cultural de quienes han sido históricamente sus custodios.

Humedales y conocimiento: claves para la gestión del agua en un escenario de cambio

La sostenibilidad de los humedales depende en gran medida de la capacidad para combinar conocimiento científico, gestión técnica y saberes tradicionales

El enfoque del Día Mundial de los Humedales 2026 introduce un marco de reflexión especialmente relevante para el sector del agua, al plantear la necesidad de repensar la gestión de estos ecosistemas desde una perspectiva más integradora, que tenga en cuenta no solo los valores ecológicos y económicos, sino también los sistemas de conocimiento que han contribuido históricamente a su conservación.

En un contexto marcado por el cambio climático y la creciente presión sobre los recursos hídricos, los humedales se consolidan como infraestructuras naturales estratégicas. Su degradación reduce la capacidad de regulación del ciclo del agua, incrementa la vulnerabilidad de las comunidades y debilita la seguridad hídrica a medio y largo plazo.

Desde esta perspectiva, los conocimientos tradicionales aportan una dimensión complementaria a la gestión moderna del agua. Sin sustituir los enfoques técnicos o científicos, proporcionan información local acumulada durante generaciones, especialmente valiosa para la gestión adaptativa de los humedales.

El Día Mundial de los Humedales 2026 no plantea soluciones cerradas, sino una invitación a ampliar el marco desde el que se toman decisiones. Para el sector del agua, supone reconocer que la sostenibilidad de los humedales —y del propio ciclo hidrológico— depende en gran medida de la capacidad para combinar conocimiento científico, gestión técnica y saberes tradicionales en un contexto de cooperación y corresponsabilidad.