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El mundo está en bancarrota hídrica, advierten científicos de la ONU

Foto: Pablo González-Cebrián

El mundo se enfrenta una crisis sin precedentes en la gestión del agua, que trasciende el concepto tradicional de «crisis del agua». Según un nuevo informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH), el planeta ha entrado en una nueva fase que se describe como «bancarrota hídrica global». Este concepto actúa como una severa advertencia de que muchos de los sistemas hídricos del mundo han sufrido daños irreparables debido a años de uso excesivo y contaminación. Ríos, lagos y acuíferos que alguna vez fueron abundantes ya no satisfacen las necesidades de las personas ni de los ecosistemas. En muchas regiones, estos sistemas operan en un estado de «poscrisis», en el que la recuperación ya no es posible.

El planeta ha entrado en una nueva fase que se describe como «bancarrota hídrica global»

El término «bancarrota hídrica» establece un paralelismo con la bancarrota financiera: al igual que una empresa o individuo que ha gastado más de lo que posee puede enfrentar la insolvencia, muchos sistemas hídricos también se encuentran hoy más allá de sus posibilidades. Durante décadas, las sociedades han extraído más agua de los recursos naturales de la que pueden reponer de forma sostenible, agotando tanto los caudales renovables anuales como las reservas no renovables, como las aguas subterráneas y los glaciares.

Datos del informe de la UNU-INWEH

La escasez de agua ya no se debe únicamente a las bajas precipitaciones o a las sequías estacionales, sino que cada vez se ve más provocada por actividades humanas

Las consecuencias de esta situación son de gran alcance e irreversibles a escala humana: los acuíferos que antes eran viables se están secando, los lagos se están reduciendo y los humedales, que desempeñaban un papel crucial como amortiguadores naturales contra las inundaciones y sequías, desaparecen a un ritmo alarmante. Esta situación es aún más preocupante debido a la naturaleza multidimensional de la crisis. La escasez de agua ya no se debe únicamente a las bajas precipitaciones o a las sequías estacionales, sino que cada vez se ve más provocada por actividades humanas, como la sobreexplotación, la contaminación y las malas prácticas de uso del suelo. Los humedales, esenciales para regular los flujos de agua, han sido drenados para la agricultura y la expansión urbana, lo que ha conllevado la pérdida de valiosos servicios ecosistémicos.

En todo el mundo, los acuíferos se están bombeando más allá de su capacidad, con consecuencias peligrosas. En algunas regiones, la tierra se hunde debido al agotamiento de las aguas subterráneas, mientras que el aumento de la salinidad y la contaminación hace que las fuentes de agua sean inutilizables. A pesar del incremento de las temperaturas globales debido al cambio climático, muchos lugares enfrentan sequías antropogénicas, es decir, escaseces de agua a largo plazo provocadas por la actividad humana, que persisten incluso en años de precipitaciones normales.

Datos del informe de la UNU-INWEH

El informe resalta que el concepto de «bancarrota hídrica» no es simplemente un llamado a mejorar la gestión de las crisis, sino el reconocimiento de un cambio permanente en la forma en que debemos considerar y gestionar los recursos hídricos. Ya no podemos seguir tratando el agua como un recurso ilimitado que se puede restaurar tras cada crisis. En muchos lugares, las referencias hídricas previas han desaparecido. El enfoque tradicional de gestión de crisis, en el que se aplicaban soluciones a corto plazo para restaurar el sistema a su estado anterior, ya no es suficiente. En su lugar, el mundo debe adoptar un enfoque de gestión de la bancarrota hídrica, un nuevo marco que combine la mitigación de daños adicionales con la adaptación a largo plazo a las nuevas realidades hidrológicas y medioambientales.

La solución a esta crisis radica en un cambio hacia un enfoque más integrado de la gobernanza del agua

A medida que esta nueva realidad hídrica se impone, la gestión y la gobernanza del agua deben reflejar los cambios irreversibles que ya se han producido. Por ejemplo, los grandes glaciares que anteriormente funcionaban como sistemas naturales de almacenamiento de agua se están derritiendo a un ritmo alarmante, lo que deja a las comunidades que dependen de la escorrentía glacial ante un futuro incierto. De manera similar, los ríos que antes fluían durante todo el año ahora se secan en ciertas épocas, y los lagos que sustentaban ecosistemas enteros han quedado desecados, incapaces de proporcionar el agua que antes suministraban. Estas pérdidas no son solo ecológicas, sino también económicas y sociales. Cuando las principales fuentes de agua se secan, la agricultura se ve afectada, los precios de los alimentos aumentan y los medios de vida quedan amenazados.

Uno de los mensajes clave del informe es que la inseguridad hídrica es ahora un problema global. Casi tres cuartas partes de la población mundial vive en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en cuanto al agua. En esas regiones, las personas enfrentan largos períodos de escasez de agua, mientras que los ecosistemas enteros colapsan debido a la pérdida de recursos hídricos esenciales. Los riesgos derivados de la bancarrota hídrica, como los conflictos, los desplazamientos y los disturbios sociales, no son solo locales, sino que están interconectados a través de las fronteras, lo que agrava la inestabilidad mundial.

Vecinos de Utiel limpian sus hogares tras el paso de la Dana que asoló la comunidad valenciana en el 2024. Foto: Pablo Gonzalez-Cebrian/iAgua

La solución a esta crisis radica en un cambio hacia un enfoque más integrado de la gobernanza del agua. El agua ya no puede considerarse solo un tema sectorial que se pueda abordar dentro de los límites nacionales o de industrias específicas. Es un recurso fundamental para la paz y la seguridad globales, y su gestión debe integrarse en los marcos de cooperación internacional. El agua tiene el potencial de ser un catalizador para la cooperación entre naciones, sirviendo como un puente entre partes en conflicto y ayudando a abordar tanto desafíos medioambientales como geopolíticos. Como se señala en el informe, esta es una oportunidad única para utilizar el agua como plataforma de colaboración internacional para abordar no solo la escasez de agua, sino también problemas más amplios como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la justicia social.

Para responder de manera eficaz a la era de la «bancarrota hídrica global», el informe aboga por una nueva agenda hídrica que tenga en cuenta las realidades de un mundo poscrisis

Para responder de manera eficaz a la era de la «bancarrota hídrica global», el informe aboga por una nueva agenda hídrica que tenga en cuenta las realidades de un mundo poscrisis. Esta nueva agenda debe ir más allá de la visión limitada centrada únicamente en el acceso al agua y al saneamiento (WASH), y aspirar a soluciones integrales que aborden tanto la cantidad como la calidad del agua, reconociendo la necesidad de justicia social y equidad en la distribución del agua. Esto requiere el desarrollo de marcos sólidos de gobernanza, la inversión en infraestructuras hídricas sostenibles y el compromiso con políticas que protejan tanto los recursos hídricos como el capital natural que los respalda, como los humedales, acuíferos y glaciares.

Las próximas Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Agua, previstas para 2026 y 2028, brindan una oportunidad crucial para redefinir la gobernanza del agua. Estos eventos deben ser considerados momentos clave para alinear las prioridades mundiales con la realidad de la «bancarrota hídrica global» y la necesidad de cambios transformadores. Los países deben reconocer que gestionar el agua en un contexto de bancarrota hídrica significa admitir que las antiguas formas de gestión ya no son viables. En su lugar, gobiernos, empresas y comunidades deben colaborar para encontrar soluciones innovadoras que aseguren el acceso al agua para las generaciones futuras, mientras se protege el medio ambiente y se abordan las causas fundamentales de la crisis.