«El freno de la digitalización del agua no es tecnológico, sino organizativo y generacional»
Jaime Barba ocupa hoy una posición singular en el ecosistema de la digitalización del agua. Al frente de Xylem Vue, lidera una solución tecnológica que nace de una experiencia muy concreta: el desarrollo de capacidades digitales desde la operación real de una utility, a través de Idrica, y su posterior integración en un grupo industrial global como Xylem. Un recorrido que le permite analizar la transformación digital desde dentro de la operación y desde la escala.
En esta entrevista, Barba reflexiona sobre por qué muchas iniciativas digitales se quedan en pilotos, por qué la gobernanza del dato es un punto crítico aún no resuelto y por qué la anticipación —impulsada por la inteligencia artificial y la presión de los eventos extremos— ha dejado de ser una mejora deseable para convertirse en una necesidad estructural. Con una visión directa y sin concesiones, aborda también los límites entre proveedor y operador y el cambio organizativo profundo que, a su juicio, el sector del agua no puede seguir posponiendo.
Pregunta: Jaime, llevamos ya muchos años incorporando sensores, plataformas y recopilando muchísimos datos. Quizás la discusión ya no es si digitalizarse, sino qué hacer con todo lo que hemos digitalizado. ¿Cree que ya estamos en esa segunda fase, donde más que un reto tecnológico estamos ante un reto operativo y estratégico?
Respuesta: Desgraciadamente, pienso que no. Los early adopters, o las empresas que han sido pioneras, sí están en esa segunda fase y algunas ya trabajan con tecnologías muy complejas que pueden ayudar muchísimo a la gestión del agua. Pero si hablamos a escala global, diría que alrededor del 80% de las utilities todavía tiene por delante todo el recorrido de la transformación digital, y en muchos casos ni siquiera ha empezado realmente.
Y no hablo de llegar a sistemas que sugieren la operación o de algoritmos que optimizan infraestructuras. Hablo de lo básico: empezar a combinar toda la información dentro de un modelo de datos digital del agua. Eso, en general, todavía no está resuelto.
«A escala global, alrededor del 80% de las utilities todavía tiene por delante todo el recorrido de la transformación digital»
P.- Muchas utilities cuentan ya con sistemas digitales avanzados, pero seguimos viendo que toman decisiones con lógicas muy similares a las de la era pre-digital. ¿Dónde cree que está el principal freno que impide que toda esa información se convierta en una forma diferente de operar los servicios?
"La transformación digital del agua no se resuelve con algoritmos avanzados, sino con la integración real de los datos del sistema"
R.- Para mí el freno está en cómo se está produciendo el cambio generacional dentro de las utilities. Hay una generación con un conocimiento brutal sobre redes, activos y plantas, de la que yo mismo he aprendido muchísimo. Y conforme esa gente se va retirando, entra una nueva generación que espera que la solución digital le dé directamente las consignas de operación y las mejoras que hay que aplicar.
Pero en la mayoría de los casos no se ha hecho el trabajo previo. No se han dedicado dos o tres años a integrar todos los datos de la utility. Lo que vemos es que se centran mucho en el SCADA, en el sistema de información geográfica o en el modelo hidráulico, tanto en agua potable como en residual, y luego hacen cosas puntuales cruzando datos de sensores, a veces de forma bastante manual.
Eso permite tener cierta sugerencia a la operación, pero no supone un cambio de modelo. Lo que se ve son pilotos, experimentos y optimizaciones muy concretas en distintos ámbitos. Incluso en los early adopters ocurre esto, y en muchas otras utilities ni siquiera se llega a ese punto.
P.- Está claro que estas soluciones digitales se han ido volviendo cada vez más potentes y complejas, pero quizá lo que falta es criterio a la hora de implementarlas. Con su experiencia, si tuviera que empezar a digitalizar ahora, ¿qué criterios esenciales cree que se deberían pensar bien para decidir qué digitalizar, hasta dónde llegar y qué conviene, por ahora, no tocar?
R.- De entrada, hay que trabajar el modelo de datos. Es imprescindible combinar los distintos orígenes tradicionales de información —ERP, SCADA y sistemas de información geográfica— con los nuevos datos que llegan del IoT y de la sensórica distribuida, y hacerlo bien: no solo para manejar grandes volúmenes de información, sino alineándolo con el modelo de negocio y con el ciclo integral del agua.
Esa integración tiene que llegar también al sistema comercial y de facturación, que siempre tiene una complejidad muy alta, y a los sistemas operacionales. Esto requiere personas con muchísimo know-how del negocio del agua, y ese perfil no es tan abundante.
Además, es muy habitual encontrar utilities donde los equipos trabajan de forma parcialmente aislada. Aunque en algunos casos hay combinaciones entre áreas, el ciclo integral del agua no está realmente integrado dentro del modelo de datos de la compañía, y eso dificulta enormemente el crecimiento y la generación de dinámicas de gestión eficientes.
P.- Ustedes son un proveedor tecnológico global que opera en un sector muy fragmentado, con regulaciones muy distintas entre países e incluso dentro de un mismo país. ¿Hasta qué punto sus soluciones son aplicables tal cual cuando llegan a una utility y en qué medida es necesario hacer un traje a medida para cada caso operativo?
R.- Una de las cosas que hemos descubierto trabajando en distintos países es que el mundo es más parecido entre sí de lo que muchas veces pensamos. Es verdad que las regulaciones cambian y suelen ser el principal factor que introduce diferencias, porque condicionan las necesidades: el nivel de reporting, los requisitos de transparencia o los indicadores que hay que cumplir.
Por ejemplo, en depuración los KPIs son distintos según el país; en algunos contextos la exigencia regulatoria es muy alta y en otros se ha intensificado recientemente. En ese sentido, la regulación marca diferencias claras.
Ahora bien, cuando bajas al nivel profundo de la operación, los procesos son prácticamente los mismos en todas partes. Es cierto que los activos pueden cambiar —desalación, pozos o plantas potabilizadoras—, pero al final se utilizan tecnologías distintas para resolver problemas muy similares. Ahí es donde el ingeniero aporta valor, adaptando el tratamiento a cada realidad concreta.
Si miras el conjunto, el mínimo común denominador es muy amplio. Las diferencias existen, pero la base operativa sobre la que se construye la digitalización es sorprendentemente común.
P.- Hemos hablado de su presencia global y de los retos que afrontan en esta nueva etapa, incluso mayores que cuando operabais solo como Idrica. Me gustaría que nos contara ese recorrido: desde el nacimiento de Idrica a partir de la experiencia de Global Omnium hasta el momento actual como Xylem Vue. ¿En qué punto surge esta integración y qué es lo que ha cambiado realmente para ustedes?
R.- Para nosotros el cambio ha sido muy grande. Lo primero es que se nos han abierto puertas que antes eran muy difíciles de abrir, y eso tiene que ver con formar parte de una empresa industrial grande como Xylem. A partir de ahí, empezamos a trabajar en proyectos que antes eran difíciles de abordar solo como Idrica.
Pero más allá de la escala, lo importante es la combinación de capacidades. Xylem es una empresa que ha ido incorporando mucha tecnología, tanto de hardware como de software, y que cuenta con una base instalada enorme de activos. A esa tecnología, en muchos casos, le faltaba un elemento que la conectara de forma coherente. Nosotros venimos de desarrollar una plataforma nacida desde una utility, pensada para integrar todo el ciclo del agua, y ahí encajamos muy bien.
Idrica era una startup, aunque ya bastante musculada, con dinámicas de trabajo muy ágiles. Xylem es una empresa grande, con otra forma de trabajar. Durante este último año hemos estado centrados en unificar esas dinámicas y en hacer que ambas convivan en el día a día. No es inmediato y requiere mucho trabajo interno.
Además, esto no nace de una operación puntual. Antes de la integración ya estábamos trabajando juntos en proyectos donde había una sinergia clara. Esa relación fue creciendo hasta que Xylem se convirtió en accionista mayoritario. Hoy somos parte del grupo y la solución digital global que se ofrece al mercado bajo este enfoque es Xylem Vue.
P.- Con una experiencia nacida en una utility y hoy integrados en un grupo industrial como Xylem, la relación con los operadores de servicio es muy estrecha. En ese contexto, ¿cómo se articula esa relación en torno a la gobernanza del dato y la toma de decisiones? ¿Dónde empieza y dónde termina su papel?
R.- Hoy te diría que, aunque muchas organizaciones del sector no hayan completado todavía su transformación digital, prácticamente todas tienen claro que deben recorrer un camino de gobernanza del dato. En todos los operadores con los que trabajamos existe ya alguien responsable de esa gobernanza; y cuando no existe, se incorpora en cuanto arranca un proyecto de transformación digital.
La gobernanza del dato es una propiedad exclusiva del operador del servicio. Nosotros no gobernamos el dato. Lo que hacemos es ayudar, desde el conocimiento que hemos acumulado, a construir la estructura de gobierno del dato dentro de la organización. Nuestras soluciones aceleran ese proceso, pero siempre con un objetivo muy claro: que el operador sea autónomo.
«El ciclo integral del agua no está integrado en el modelo de datos de muchas organizaciones, y eso limita su evolución»
Acompañamos a las organizaciones para que adopten la tecnología y el conocimiento necesario y, en uno o dos años, puedan tomar decisiones por sí mismas utilizando la plataforma. Es un proceso duro al principio y genera fricción interna, pero cuando se recorre y se empiezan a ver resultados, los responsables de operación suelen sentirse muy orgullosos de lo que han construido.
Y es importante aclararlo: no operamos infraestructuras y, en muchos casos, tampoco optimizamos directamente. Xylem vende tecnología, no opera. Trabajamos con ingenierías y consultoras que realizan la implantación y la optimización utilizando nuestra tecnología. Nuestro papel es facilitar, acelerar y dar autonomía.
P.- En el proceso de adopción digital, uno de los grandes cambios es el paso de una operación reactiva —la que hemos tenido históricamente— a una operación más proactiva. En un contexto marcado por fenómenos extremos cada vez más frecuentes, mayor exigencia regulatoria y una creciente demanda de transparencia, ¿estamos pasando de la anticipación como una mejora operativa a la anticipación como una necesidad estructural en la gestión del agua?
R.- Desde el punto de vista operativo se pueden distinguir tres modelos. El primero es el correctivo o reactivo, que consiste en actuar cuando el problema ya ha ocurrido. El segundo es el preventivo, donde se realizan acciones para evitar que algo pase. Y el tercero es el predictivo, que es cuando intentas anticiparte a lo que va a ocurrir y actuar antes.
En el contexto actual, con fenómenos meteorológicos cada vez más agresivos, la anticipación deja de ser una mejora deseable y pasa a ser una necesidad. Anticipar y enviar información a protección civil y a las administraciones es algo a lo que hoy muchas organizaciones aspiran, pero que, con la evolución del clima, va a ser obligatorio.
Nosotros interpretamos esto así desde hace años. Por eso, dentro de Xylem existe una unidad específica dedicada a la gestión de eventos extremos, con un tratamiento diferenciado, porque entendemos que este ámbito requiere capacidades propias. Creemos que la gestión predictiva de inundaciones y sequías va a ser una pieza clave de la operación del agua en los próximos años.
P.- Hasta ahora hemos hablado mucho de utilities, que evidentemente son un segmento fundamental para vosotros. Pero sus soluciones también pueden aplicarse a otros ámbitos, como el regadío, la industria o la gestión integrada de cuencas. ¿Cómo encajan estos otros usuarios dentro de su día a día y cómo conviven esas soluciones entre sí?
R.- Xylem es una empresa industrial y eso nos sitúa de forma natural en muchos ámbitos, más allá de las utilities. En industria, por ejemplo, a menudo se empieza abordando la gestión del agua dentro de una instalación —normalmente el tratamiento— y, a partir de ahí, se acaba ampliando a otros procesos, porque la plataforma permite relacionar información de distintos sistemas.
"El reto de integrar Idrica en Xylem ha sido unificar dinámicas de trabajo distintas sin perder agilidad tecnológica"
Ese enfoque no es nuevo para nosotros. Cuando desarrollábamos las soluciones que venían de Idrica para utilities, en paralelo ya estábamos trabajando también en soluciones para industria. La base tecnológica es la misma: un modelo de datos capaz de integrar información de múltiples orígenes y convertirla en apoyo a la operación. Lo que cambia es el contexto y el proceso concreto que se quiere optimizar.
En el caso del regadío, es un ámbito especialmente relevante por el peso que tiene en el consumo de agua. Contamos con soluciones específicas orientadas a comunidades de regantes y es un sector en el que estamos creciendo de forma clara. Ahí la digitalización tiene un impacto directo tanto en la eficiencia del recurso como en la sostenibilidad del sistema.
Y en la gestión de cuencas ocurre algo parecido. La lógica es integrar información, anticipar escenarios y apoyar la toma de decisiones a una escala más amplia. Al final, todas estas soluciones conviven porque comparten una misma base tecnológica y una misma filosofía: usar el dato y la digitalización para mejorar la gestión del agua en contextos distintos, pero con problemas de fondo muy similares.
P.- Estamos viviendo un momento de enorme impulso alrededor de la inteligencia artificial y ningún sector es ajeno a ello. Quería preguntarle dos cosas. Primero, ¿cómo están integrando la inteligencia artificial en sus soluciones, tanto con desarrollos propios como con modelos externos? Y segundo, ¿hasta qué punto cree que esta tecnología puede sustituir a las personas en la operación diaria de los servicios de agua?
R.- Nuestra apuesta por la inteligencia artificial no es reciente. Cuando todavía éramos Idrica ya incorporábamos de forma clara machine learning en nuestras soluciones, y llevamos años trabajando con este tipo de algoritmos. No es algo que hayamos sumado ahora porque esté de moda.
En el caso de la inteligencia artificial generativa, lo que hemos hecho es construir una arquitectura para que la IA trabaje siempre sobre un contexto bien definido. Disponemos de un modelo de datos estándar del ciclo integral del agua y lo hemos conectado a un servidor MCP (Protocolo de contexto para modelos) que permite a los agentes de IA consultar información estructurada, tanto con modelos propios como con modelos externos. Además, cada utility aporta su propio contexto de conocimiento, de modo que las respuestas estén alineadas con su realidad operativa.
Desde el punto de vista humano, no lo veo como una eliminación masiva de puestos de trabajo, sino como una transformación de funciones. Habrá tareas que dejen de ser necesarias y otras que requieran más formación y capacidad de análisis. En la operación diaria, la IA va a ayudar mucho, también en el trabajo de campo, guiando y asistiendo a las personas en la ejecución. Eso no elimina la necesidad de experiencia, pero sí cambia el perfil de las funciones. El reto estará en gestionar bien esa transición para que la tecnología complemente a las personas y no genere una brecha innecesaria dentro de las organizaciones.
P.- En todo este proceso de adquisición y tratamiento de datos, de automatización y de toma de decisiones, hay una variable que necesariamente debe impregnar toda la estrategia: la ciberseguridad. ¿Cree que el sector del agua está asumiendo este reto de una forma madura en todos sus activos críticos? Y, en ese sentido, ¿el avance tecnológico implica inevitablemente mayores riesgos?
R.- Riesgos, sin duda, existen. Pero no diría que el sector esté abordando la ciberseguridad de forma inmadura; más bien diría que la está afrontando con mucha seriedad. Hoy es difícil encontrar una empresa del agua que no se esté tomando este tema muy en serio. Además, los gobiernos y los reguladores, en países muy distintos, están impulsando normativas y exigencias claras en este ámbito.
Dicho esto, sí que vemos dos enfoques muy diferentes dentro de las organizaciones. Por un lado, hay modelos en los que la ciberseguridad actúa casi como un elemento censor, centrado exclusivamente en bloquear riesgos, sin tener en cuenta cómo afecta eso al negocio y a la operación. Ese enfoque, llevado al extremo, puede acabar frenando o incluso paralizando procesos de transformación digital.
Por otro lado, existe un enfoque de ciberseguridad alineada con el negocio, que entiende la necesidad de proteger los sistemas, pero también la de habilitar la operación y la innovación. En este modelo se establecen controles y límites cuando es necesario, pero siempre con una visión estratégica. Esa diferencia de actitud cambia por completo una organización.
En mi opinión, la ciberseguridad no puede ser solo una función técnica. Tiene que convertirse en una función estratégica, capaz de entender la tecnología, pero también el negocio, la operación y los objetivos globales de la compañía. Cuando se gestiona así, deja de ser un freno y se convierte en un habilitador de la transformación digital.
«Lo que hacemos es ayudar, desde el conocimiento que hemos acumulado, a construir la estructura de gobierno del dato dentro de la organización»
P.- Venimos de unos años de una inversión muy fuerte en digitalización, especialmente después de la pandemia de la COVID-19. ¿Ve que esta tendencia va a continuar, se va a acelerar o, por el contrario, existe el riesgo de que se frene? Y, dentro de ese contexto, ¿cómo valora el impacto del PERTE en España? ¿Cree que este modelo puede ser exportable a otros países?
R.- La inversión en digitalización es un fenómeno claro en el sector, más allá de la pandemia, aunque es cierto que la pandemia fue un punto de inflexión. Aun así, de forma global, las utilities han sido más lentas de lo que cabría esperar a la hora de abordar esa inversión. Dicho esto, la tendencia es clara: el sector del agua no puede permitirse no dar el salto digital.
También estamos viendo algo que nos preocupa: algunas compañías que competían directamente con nosotros están dando pasos atrás y alejándose del agua digital, para centrarse en otros ámbitos tecnológicos. No suele aparecer en grandes titulares, pero sí se percibe una desinversión progresiva en el sector, y eso es una señal de alerta. El agua necesita empresas especializadas y una inversión sostenida para avanzar.
En cuanto al PERTE, aunque ha tenido frustraciones y una carga burocrática importante, creo que ha sido un modelo muy positivo y ha dinamizado claramente la inversión en España. Nosotros lo hemos vivido de primera mano y estamos involucrados en varios proyectos. Además, creemos que es un modelo replicable y ya estamos viendo cómo algunos países se inspiran en esta experiencia para impulsar su propia digitalización del agua.
P.- Para finalizar, me gustaría pedirle un mensaje de futuro. ¿Hacia dónde cree que se dirige la industria del agua en los próximos cinco o diez años y qué papel va a jugar Xylem Vue en ese proceso?
R.- La industria del agua va hacia un modelo mucho más inteligente y conectado, en el que la digitalización será clave no solo para optimizar la operación, sino para tomar decisiones de forma proactiva. El objetivo es gestionar el agua de manera más eficiente y sostenible, y anticiparse a los problemas antes de que ocurran. Lo que hemos vivido en los últimos años con los fenómenos extremos es solo un anticipo de lo que viene, y la capacidad de anticipación va a ser determinante.
En ese contexto, la inteligencia artificial tendrá un papel muy relevante. Veremos cómo las utilities, y también otros actores del sector, incorporan IA no solo para gestionar el agua, sino para entender mejor su impacto en ámbitos como la agricultura o la industria. La IA permitirá decisiones más ágiles, basadas en datos procesados y con una lógica de negocio más clara.
En cuanto a Xylem Vue, nuestro papel es ser un habilitador de ese cambio. Queremos ser la plataforma digital que permita a las utilities y a otros actores gestionar el ciclo del agua de forma más eficiente, anticipar lo que va a ocurrir y tomar mejores decisiones. Nuestro foco está en acompañar al sector en esa transformación, aportando tecnología y conocimiento para afrontar los retos que vienen.