Cooperación, Justicia y Caridad

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Sobre el blog

Carlos Blázquez
Socio fundador en Aquademia, Gestor de proyectos en Centro Unesco de Aragon.
  • Cooperacion, Justicia y Caridad

Artículo participante en el I Concurso del Blogs del Día Mundial del Agua

Se supone que debería de hablar de la importancia de este Día Mundial del Agua, dedicado en esta ocasión a la cooperación, y que -por supuesto- debería cantar las excelencias de tan bonitos gestos y de lo solidarios que somos, pero no puedo.

La solidaridad no me parece mal, ni mucho menos, pero entiendo que -como decía aquella canción de Víctor Manuel- “El hombre que inventó la caridad, inventó al pobre y le dio pan”. El mundo no necesita caridad, sino justicia, pero mucho de lo que veo en cooperación es de lo primero.

 El mundo no necesita caridad, sino justicia, pero mucho de lo que veo en cooperación es de lo primero.

No acabo de entender que -por ejemplo- sigamos considerando a la India como un país pobre, cuando es una potencia mundial que cuenta con un brutal presupuesto en armamento -incluyendo bombas atómicas- y otras partidas no menos discutibles, pero con unos ciudadanos que soportan su miseria con estoicidad y no son más infelices que nosotros. No es que sea indiferente a su sufrimiento, sino que desconozco si realmente ellos lo ven así y por tanto no distingo bien la frontera entre ser solidario con el sufrimiento ajeno, sin ser cómplice de unos sentimientos religiosos que me repugnan por su resignación ante toda injusticia.

Además, debido a su ciega creencia en sus dioses, en otra vida mejor o una reencarnación más llevadera, no somos nosotros quienes les ayudamos, sino su Dios. Ellos no tienen de qué preocuparse: “Dios proveerá”.

Me ocurre lo mismo cuando hace poco pude ver en televisión los esfuerzos por conseguir dinero para detener los desahucios o para promover la caridad hacia los más necesitados. Lo siento, pero por ahí no paso. Ni es la caridad el remedio para miseria de tantos, ni las cuestaciones el método para parar los desahucios. Podemos y debemos emplear la justicia, la razón o la dignidad, pero no la caridad.

De ahí que me haya llegado a plantear que la cooperación en agua puede ser de muchos modos, pero -a mi modo de ver- no es precisamente con buena parte de lo que se hace, la mejor forma de cooperar. A mi juicio, ponemos tiritas en el grano de la mejilla, pero no detenemos la hemorragia en las piernas, y eso es lo que me duele. La cooperación entendida como caridad, sin pensar en la justicia.

Si pensamos en el conocido proverbio chino “Dale un pescado a un hombre y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá todos los días” veremos que tiene difícil aplicación en los nuevos territorios inhóspitos y de ríos secos, donde no hay nada que pescar ni cultivar porque en lugar de emplear la justicia y la cooperación internacional de forma preventiva, se ha mirado y sigue mirando para otro lado. Cuando ya sea tarde, podremos optar por enviar misioneros y cooperantes o mercenarios. De nuevo, caridad o justicia, hambre o violencia. Y la duda acerca de si mucha de la cooperación no es otra cosa que colaborar con el poder que precisamente ha provocado la necesidad de cooperar.

Por lo tanto, creo que hay que cambiar "cooperación entre ciudadanos" por "cooperación entre naciones", para así evitar guerras como las que pronto veremos de distinta forma e intensidad en diversos lugares del mundo.

Hay que cambiar "cooperación entre ciudadanos" por "cooperación entre naciones", para así evitar guerras como las que pronto veremos 

Por un lado tenemos los conflictos -quizá incluso guerras de baja intensidad- causados por la codicia de las empresas y gobernantes corruptos, que compran y venden el agua de sus ciudadanos. Los episodios bolivianos de Cochabamba en el año 2000 tendrán continuidad en muchos otros lugares, porque ni el aire ni el agua se pueden vender. Son propiedad de los ciudadanos, y a nivel mundial debería de estar prohibido alquilar o vender aquellos elementos que son irrenunciables para el ser humano y para todos los seres vivos, sean animales o vegetales.

Por lo tanto, cooperación también debería significar comprometernos a luchar para que los gobernantes no puedan vender ni alquilar el agua a empresas públicas o privadas, nacionales o extranjeras.

Además, tenemos los proyectos de mayor calado, guerras larvadas que estamos cuidando y alimentando gracias a nuestra indiferencia o la de nuestros representantes y especialmente las Naciones Unidas, como son las que se vislumbran en África.

Los monstruosos proyectos saudíes, coreanos, hindúes y chinos para África, a buen seguro traerán conflictos de larga duración. Empresas de Arabia Saudita han estado adquiriendo millones de hectáreas de tierra en el extranjero para producir alimentos y enviarlos de vuelta a su país tras constatar el desastre de su política de agotar las aguas fósiles del desierto para regar trigo. Al igual que a los árabes, a muchos de los países matrices de estas empresas no les falta tierra para producir alimentos, sino agua, y eso es lo que buscan en lugares como Etiopía, Kenia, Egipto, Zambia, Uganda y muchos otros. Dicen los inversores que “Lo valioso no es la tierra. El real valor está en el agua”.

Si echamos un vistazo a la cuenca del Nilo, vemos lo que se avecina:

  • Uganda: Inversores de China, Egipto, Singapur e India pondrán en cultivo 868.000 ha.
  • Sudán: Casi cinco millones de hectáreas ya cedidas, que regarán con aguas del Nilo.
  • Etiopía: Han cedido a inversores extranjeros (coreanos e hindúes especialmente) más de 3,5 millones de hectáreas, casi todas en la cuenca del Nilo.
  • Egipto: Inversores saudíes y de los Emiratos han adquirido 140.00 has. Será el principal perjudicado de la detracción de agua en la cabecera del Nilo, y los resultados pueden ser desastrosos.

Lo mismo se podría decir del río Níger en Malí, cuyo gobierno ha cedido en los últimos años la imponente cifra de 470.000 hectáreas -prácticamente todas en la cuenca del Níger- a empresas de Libia, China, Reino Unido, Arabia Saudita y otros países. En el año 2009 anunció que aumentaría aún más la superficie irrigada, en la increíble cantidad de uno a dos millones de hectáreas. Desde la FAO se estimaba en un máximo de 500.000 ha. la superficie regable de Malí, y recientemente los expertos han dictaminado que no llega ni a la mitad. Por ello, ya tenemos otro problema seguro.

Mientras tanto, cooperamos para instalar fuentes o abrir pozos, sin preocuparnos por el polvorín que hay debajo.

Pero hay otro conflicto que tiene todos los ingredientes para prolongar las guerras que asolan Siria e Irak. Los planes turcos como el GAP (de los que ufanaron en la sostenible Expo zaragozana y contra los que nadie protestó) comprenden el empleo del embalse de Ataturk y sus 48.000 hm3 de capacidad, que equivalen a la suma de todos los embalses españoles, como pieza central de un conjunto de 22 presas en los ríos Éufrates y Tigris. Con ellos regarán 1.700.000 ha., de las cuales 1.100.000 ha. están en la cuenca del Éufrates y 600.000 ha. en la del Tigris. Por ello, las aportaciones del Éufrates a Siria se han reducido en un 40%, lo que significa que desde 1990 en Irak se han reducido en un impresionante 70 %.

Sabemos que estos proyectos -más pronto que tarde- van a provocar una guerra con Irak y/o Siria, y no sería nada extraño que Turquía esté aprovechando (si es que no alienta) la deplorable situación de sus países vecinos para dejar los ríos compartidos secos. Ya sucedió un conato de enfrentamiento por el incumplimiento del tratado de 1987, por el cual Turquía aceptó proporcionar 500 m3 por segundo constantes en la frontera de Irak, pero al llenar su inmenso embalse de Ataturk y los demás del plan llegaron a secar el río por completo durante un mes entero.

Y mientras tanto ¿vamos a seguir con nuestros “hidrodomund” instalando fuentes a los pobres? ¿o debemos parar una guerra segura antes de que la situación llegue a límites intolerables para el pueblo Iraquí después de esta maldita guerra, tramada por otros no menos malditos gobernantes?

Es necesario cooperar, por supuesto, pero para desterrar a los causantes de las razones que hacen necesaria la cooperación, y eso está nuestras manos, aquí y ahora.

Lo ideal será hacer ambas cosas, antes de que el citado proverbio se convierta algo como esto: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día, pero dale un Kalashnikov y podrá cultivar sus tierras toda su vida y la de sus descendientes”. Esta es la alternativa a una cooperación que depende en exclusiva de nuestros gobernantes, pero… ¿De verdad espera alguien que esta caterva de siervos del dinero a la que elegimos en occidente -o gobierna despóticamente en oriente- se preocupe por ello?

Si no acabamos con la injusticia y aún más con la corrupción de los gobernantes, solamente estaremos poniendo parches en un mundo cruel y dominado por el capital especulativo. Creo que es necesario cooperar, por supuesto, pero para desterrar a los causantes de las razones que hacen necesaria la cooperación, y eso está nuestras manos, aquí y ahora.

En fin, me dolería tener que dar la razón a los creyentes en el Apocalipsis, puesto que uno de sus pasajes (16: 12) resulta inquietante: “El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente”.
 

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