Desembalses controlados: gestión preventiva en un escenario de aportaciones extraordinarias
La sucesión de lluvias encadenadas durante la última semana ha provocado uno de los mayores incrementos semanales de reservas de las últimas décadas en varias demarcaciones hidrográficas españolas. Sin embargo, el dato verdaderamente relevante desde el punto de vista operativo no es solo el volumen almacenado, sino la velocidad de entrada y la concentración temporal de las aportaciones.
España cuenta con más de 1.200 grandes presas, lo que la sitúa entre los países europeos con mayor capacidad de regulación hídrica. Esta red de infraestructuras permite almacenar en torno a 56.000 hm³, una cifra que explica la elevada capacidad del sistema para modular avenidas… pero también la complejidad de su explotación en episodios extremos.
Cuando un embalse se aproxima a niveles elevados tras un episodio intenso, la decisión no se basa únicamente en el porcentaje de ocupación
En ese contexto, los organismos de cuenca han activado desembalses controlados en numerosos embalses para recuperar resguardo y garantizar la capacidad de laminación ante nuevas previsiones de lluvia. Conviene aclarar que desembalsar no es sinónimo de emergencia ni de “vaciar un embalse”: significa liberar caudal de forma planificada, generalmente a través de compuertas, válvulas o aliviaderos, conforme a las normas de explotación vigentes.
No se trata de una reacción a un fallo del sistema, sino precisamente de su funcionamiento ordinario cuando las aportaciones superan determinados umbrales operativos.
La gestión del resguardo como eje de la explotación hidráulica
Cuando un embalse se aproxima a niveles elevados tras un episodio intenso, la decisión no se basa únicamente en el porcentaje de ocupación. La explotación hidráulica se fundamenta en variables dinámicas: previsión meteorológica, estado de saturación de la cuenca vertiente, caudal circulante aguas abajo y capacidad hidráulica del cauce receptor. En lenguaje de explotación, la palabra clave es resguardo: el volumen libre que se mantiene para poder laminar (amortiguar) la punta de una avenida.
En episodios como el vivido con la borrasca Leonardo, donde las entradas se concentran en pocos días, el sistema puede experimentar crecimientos semanales superiores a los 4.000 hm³ a escala nacional. En ese escenario, esperar a alcanzar el nivel máximo de explotación supondría comprometer la capacidad de laminación.
Tal y como explicó la Confederación Hidrográfica del Duero, al llegar a niveles altos, la gestión pasa a centrarse en “mantener el denominado resguardo” para laminar posibles avenidas, llevando a cabo desembalses “significativos” pero dentro de parámetros habituales y seguros.
Los organismos de cuenca han activado desembalses controlados en numerosos embalses para recuperar resguardo y garantizar la capacidad de laminación ante nuevas previsiones de lluvia
Guadiana: una explotación en red ante aportaciones sostenidas
El episodio en la cuenca del Guadiana ha obligado a operar simultáneamente embalses de muy distinta tipología —desde grandes sistemas de regulación plurianual hasta presas de menor capacidad en afluentes secundarios— en un contexto de aportaciones persistentes y generalizadas. La respuesta no se concentró en un único eje fluvial, sino que afectó a subcuencas como Bullaque, Zújar, Ruecas, Matachel o Lácara, todas ellas con infraestructuras activas durante varios días.
Las maniobras han combinado turbinaciones, aperturas parciales de compuertas de aliviadero, utilización de desagües de fondo y derivaciones internas a través del Canal de las Dehesas. Esta combinación indica una explotación activa y planificada para generar hueco en unos embalses mientras otros liberan caudal, con el objetivo de sostener la capacidad de laminación ante aportaciones persistentes.
El caso del embalse de La Serena (Badajoz) concentra buena parte de la excepcionalidad técnica del episodio. Se trata del embalse de mayor capacidad de España y el tercero más grande de Europa. Con niveles próximos al 93 % de su capacidad, comenzó a desembalsar mediante la apertura parcial de compuertas, con un caudal inicial del entorno de 180 m³/s. La operación se planteó como un movimiento interno hacia el embalse del Zújar, aprovechando el volumen libre previamente generado en este mediante turbinaciones.
En el caso de Torre de Abraham, la presa de mayor capacidad de la provincia de Ciudad Real, que comenzó a aliviar por primera vez en trece años, laminando un volumen de 7 hm³ con caudales superiores a 160 m³/s, alcanzó su máximo histórico (674,30 msnm). La entrada en alivio de esta presa no respondió a un episodio aislado, sino a una onda de aportaciones sostenida que afectó de manera significativa al sistema Bullaque–Guadiana. Algo similar sucedió en la presa de Villalba de los Barros, que alivió por primera vez desde su puesta en servicio, en un contexto en el que embalses como Gargáligas y Cubilar alcanzaron máximos históricos y en el Alto Guadiana entraba en desembalse la presa de Gasset.
En el eje principal, el río Guadiana registró en Badajoz valores superiores a 2.400 m³/s durante el tránsito de la punta, con una posterior estabilización en torno a 1.800 m³/s conforme descendían las aportaciones de los afluentes. El desfase temporal entre las puntas de subcuencas como Gévora y Zapatón limitó incrementos adicionales, evidenciando el papel del sincronismo hidrológico en el resultado final.
En la Vega del Jabalón, la apertura de compuertas responde a la adaptación del régimen de desembalse a las condiciones hidrológicas del episodio y a los criterios establecidos por la normativa vigente en materia de seguridad de presas. La operación no está vinculada a ningún problema estructural ni a deficiencias en la infraestructura, sino a la gestión preventiva del embalse en un contexto de aportaciones elevadas.
La entrada en alivio de infraestructuras que no operaban en ese régimen desde hacía más de una década y el desembalse interno del mayor embalse del país reflejan la magnitud del episodio en la cuenca. El conjunto de maniobras ejecutadas —turbinaciones, aperturas parciales y uso de desagües de fondo— muestra una explotación orientada a laminar las avenidas y a mantener los niveles de los embalses dentro de los parámetros de seguridad establecidos.
El conjunto de maniobras ejecutadas muestra una explotación orientada a laminar las avenidas
Guadalquivir: gestión coordinada en una red de alta capacidad
En la cuenca del Guadalquivir, el episodio se tradujo en la activación simultánea de un elevado número de infraestructuras de regulación distribuidas por toda la demarcación. En distintos momentos del episodio, más de treinta presas estuvieron desembalsando de forma controlada, una parte de ellas mediante aliviadero, en un contexto de incremento continuado del volumen embalsado en la cuenca.
La magnitud de las aportaciones acumuladas llevó el volumen almacenado a situarse en torno a las tres cuartas partes de la capacidad total del sistema, lo que obligó a gestionar los resguardos de seguridad de forma coordinada en múltiples embalses y no únicamente en tramos aislados.
En distintos momentos del episodio, más de treinta presas estuvieron desembalsando de forma controlada
La explotación se apoyó en una combinación de turbinaciones y descargas por aliviadero, moduladas conforme evolucionaban los caudales circulantes en el eje principal del río. El objetivo operativo fue evitar la coincidencia de puntas en los tramos más sensibles del Guadalquivir y mantener la circulación dentro de parámetros gestionables en el cauce principal.
La dimensión territorial de la respuesta —con embalses en maniobra repartidos por distintas provincias de la demarcación— confirma que la gestión no se concentró en un único punto crítico, sino que implicó a la red de regulación en su conjunto. La simultaneidad de desembalses en más de una treintena de presas constituye uno de los indicadores más claros de la intensidad hidráulica del episodio en esta cuenca.
Tajo: intensidad operativa en una demarcación estratégica
En la demarcación del Tajo, la gestión del episodio se ha desplegado sobre dos planos simultáneos: la activación extensa de avisos hidrológicos en estaciones de aforo y la explotación de un número elevado de presas con desembalses significativos para mantener los resguardos estacionales. En los momentos de mayor actividad, se contabilizaron decenas de avisos, con hasta 24 estaciones en nivel rojo y 27 presas desembalsando significativamente, nueve de ellas en nivel rojo.
En ese contexto, los desembalses en el tramo internacional alcanzaron magnitudes muy elevadas en presas como Alcántara y Cedillo: se llegaron a registrar valores superiores a 3.100 m³/s en Alcántara y del orden de 3.950 m³/s en Cedillo en una de las actualizaciones, mientras que en otro momento del episodio Cedillo alcanzó 4.300 m³/s. La propia Confederación vinculó estos desembalses a la necesidad de mantener resguardos y a la comunicación inmediata con las autoridades de protección civil cuando se declara un aviso por desembalses significativos, de modo que la gestión hidráulica se acompasa con la evaluación del riesgo aguas abajo.
Dentro de este marco, la Comunidad de Madrid aporta una lectura específica: la aplicación del resguardo en un sistema de embalses cuyo objetivo principal es el abastecimiento urbano, pero que también cumple función laminadora. Con los trece embalses gestionados por Canal de Isabel II en torno al 77 % de su capacidad (728,1 hm³), se activaron desembalses en cinco presas —Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, Pedrezuela y El Vado— con caudales que oscilaron entre 8 y 50 m³/s.
En este sentido, el episodio ha exigido en el Tajo una explotación sostenida de sus principales sistemas de regulación, con especial atención al equilibrio entre niveles embalsados y caudales circulantes en el eje principal. La gestión se ha desarrollado bajo criterios de mantenimiento de resguardo y coordinación territorial en una demarcación donde cualquier variación hidráulica tiene repercusión directa en tramos densamente poblados y en el tramo internacional.
Los desembalses en el tramo internacional alcanzaron magnitudes muy elevadas en presas como Alcántara y Cedillo
Duero: incremento de reservas y laminación en sistemas de cabecera
En el Duero, el episodio se ha caracterizado por un incremento significativo del volumen almacenado —180 hm³ en una semana— situando la reserva en torno al 78,3 % de su capacidad.
Con niveles elevados en gran parte de los sistemas, la explotación se ha orientado a mantener el resguardo disponible mediante desembalses moderados y progresivos. Infraestructuras como Cuerda del Pozo incrementaron su caudal hasta superar el umbral rojo, mientras Villameca elevaba también sus valores de salida en un contexto de aportaciones intensas y deshielo.
La cuenca ha registrado 260 avisos hidrológicos en nueve días y afecciones en 56 estaciones de aforo, reflejo de una crecida extendida en la red fluvial. En sistemas con capacidad de regulación limitada, como Pontón Alto, la capacidad de laminación quedó prácticamente agotada, evidenciando la diferencia entre grandes embalses de cabecera y pequeñas infraestructuras con escasa capacidad de laminación.
Así, en el Duero, la gestión se ha apoyado en la recuperación progresiva de resguardo en embalses de cabecera, mientras infraestructuras de menor capacidad han evidenciado la limitación de su función laminadora al alcanzar el 100 % de su capacidad útil. El episodio ha afectado a decenas de estaciones de aforo y ha obligado a mantener vigilancia continua sobre los tramos medios y bajos del río, en un contexto de aumento sostenido de reservas en la demarcación.
Ebro: laminación efectiva en un sistema nival-pluvial
En el Ebro, la combinación de precipitaciones y fusión parcial de nieve ha generado crecidas ordinarias en varios afluentes del norte peninsular.
La gestión en embalses como Yesa e Itoiz permitió reducir el caudal máximo en Castejón en aproximadamente 600 m³/s, evitando que el río alcanzara niveles cercanos a una crecida extraordinaria. Además, la avenida del Cinca fue absorbida íntegramente por los embalses de El Grado y Mediano, mostrando la eficacia de la regulación en cabecera.
Las previsiones situaban el eje del Ebro en valores moderados, en el entorno de 400–500 m³/s, dentro de la crecida ordinaria, gracias a la generación anticipada de resguardo en Mansilla, Yesa y La Peña.
En esta cuenca, la gestión ha evidenciado el papel decisivo de la laminación en sistemas nival-pluviales, donde la rapidez de respuesta puede amplificar las aportaciones si no existe regulación previa.
Una gestión que se mide en equilibrio
El episodio de las últimas semanas no puede leerse únicamente en términos de volumen acumulado en los embalses. Lo que ha estado en juego ha sido la capacidad del sistema para absorber aportaciones concentradas en el tiempo sin comprometer la seguridad hidráulica ni trasladar picos de caudal de forma descontrolada aguas abajo.
Las distintas demarcaciones han activado los mecanismos previstos en sus normas de explotación —recuperación de resguardo, combinación de turbinaciones y aliviaderos, uso de desagües de fondo y coordinación con los sistemas de aviso hidrológico— en un contexto donde la respuesta debía sostenerse durante varios días consecutivos. La simultaneidad de maniobras en cuencas con características muy distintas confirma que la regulación no actúa de forma automática, sino a través de decisiones técnicas continuas que ajustan el régimen de explotación a la evolución de las aportaciones.
En ese marco, el episodio confirma que la seguridad hidráulica no depende solo de la capacidad de almacenamiento disponible, sino de la coherencia entre previsión meteorológica, información hidrológica y decisiones de explotación. Es en esa interacción donde se define la estabilidad del sistema. Mantener esa capacidad operativa exige, además, una inversión sostenida en conservación, modernización y adaptación de infraestructuras, de modo que la red de regulación continúe respondiendo con la misma eficacia ante escenarios hidrológicos cada vez más exigentes.