Arantza Unzurrunzaga Iturbe, de la Diputación Foral de Gipuzkoa, cerró las intervenciones individuales de la mesa redonda con una presentación sobre el Plan Director de Permeabilización 2020-2035. Su exposición mostró una herramienta dinámica de aprendizaje para actuar sobre obstáculos fluviales en un territorio con cientos de azudes inventariados y con condicionantes técnicos, presupuestarios, patrimoniales y sociales.
Unzurrunzaga explicó que la Diputación trabaja con una clasificación operativa de tramos: verdes cuando el río ya ha mejorado su continuidad, naranjas cuando hay actuaciones en marcha y rojos cuando no se prevé intervenir antes de 2035. La priorización se apoya en tres criterios: oportunidad técnica, beneficio ecológico y presupuesto. En algunos casos, la demolición se ejecuta por fases para gestionar sedimentos, accesos difíciles, muros de carretera o incertidumbres hidráulicas.
La ponente insistió en que la permeabilización no es solo una cuestión técnica. Arqueología, concesiones, autoridad hidráulica y percepción social del paisaje condicionan cada decisión. El ejemplo de Soraluze, donde el proyecto inicial de cuatro azudes terminó con dos demoliciones tras reuniones con el municipio, sirvió para mostrar que avanzar más despacio puede ser necesario cuando se trabaja con la memoria y la sensibilidad de la población.



