Gonzalo Magdaleno Payán, de la Subdirección General de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos, cerró la intervención sobre conectividad fluvial explicando la aplicación de la metodología europea de tramos de flujo libre, o free flowing rivers. Su ponencia aterrizó el artículo 9 en una tarea concreta: identificar qué barreras deben intervenirse para aumentar la longitud de ríos con conectividad longitudinal, lateral y vertical funcional.
Magdaleno explicó que el análisis se ha basado en la guía europea que establece una secuencia técnica de chequeos por tramo fluvial. Para ello, se segmenta la red hidrográfica, se analizan las barreras presentes en cada tramo y en la cuenca, y se comprueba su efecto sobre sedimentos, peces, conexión con llanura de inundación y acuífero. Con la información disponible, se analizaron 2.953 masas de agua de tipo río en cuencas intercomunitarias, equivalentes al 92% de las masas de agua de tipo río consideradas, y 65.402 kilómetros de ríos.
La fotografía de partida muestra que en torno al 11% de esa longitud, unos 7.000 kilómetros, puede considerarse de flujo libre. A partir de ahí, el trabajo consiste en focalizar barreras candidatas, priorizando obsoletas y tramos donde la intervención permita mejorar conectividad y funciones naturales de las llanuras aluviales. También se excluyen barreras no obsoletas, elementos en zonas de riesgo significativo de inundación, obstáculos que frenen invasoras o bienes de interés cultural.




