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La crisis global del agua: contaminación, cambio climático y escasez amenazan el futuro

Los sistemas de agua dulce de todo el mundo están sometidos a una presión cada vez mayor, ya que la contaminación, el cambio climático y la actividad humana están llevando al límite a ríos, lagos, acuíferos y humedales. Estas fuentes de agua, vitales para la agricultura, el consumo humano, la industria y la biodiversidad, se enfrentan a retos sin precedentes que amenazan tanto a los ecosistemas como a las poblaciones humanas. Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Perspectivas del Medio Ambiente Mundial 7 (GEO-7), arroja luz sobre estas cuestiones urgentes, centrándose especialmente en la calidad del agua y la gestión de los recursos.

Alrededor del 42 % de las aguas residuales municipales de todo el mundo siguen vertiéndose al medio ambiente sin tratar

La calidad del agua ha ido deteriorándose de forma constante, impulsada por la escorrentía agrícola, la urbanización, la contaminación industrial y el cambio climático. Una de las consecuencias más graves de la contaminación por nutrientes es la eutrofización, en la que el exceso de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo provoca la proliferación de algas, lo que reduce los niveles de oxígeno en el agua y daña los ecosistemas acuáticos. Este fenómeno se observa cada vez más en regiones como Asia, Sudamérica y África, donde las prácticas agrícolas contribuyen en gran medida a la escorrentía de nutrientes. El impacto es de gran alcance: además de alterar la vida acuática, amenaza la salud humana, especialmente en las zonas que dependen del agua contaminada para el consumo y el riego.

La contaminación del agua dulce no se limita únicamente a los residuos agrícolas. Alrededor del 42 % de las aguas residuales municipales de todo el mundo siguen vertiéndose al medio ambiente sin tratar, y la producción de aguas residuales domésticas e industriales alcanzó los 359 000 millones de metros cúbicos anuales en 2021, lo que equivale aproximadamente al doble del caudal del río Danubio. Estas aguas residuales sin tratar degradan aún más la calidad del agua, lo que agrava los riesgos para los ecosistemas y la salud pública. En 2022, alrededor del 22 % de la población mundial utilizaba fuentes de agua potable contaminadas con aguas residuales, especialmente en regiones densamente pobladas de África, Asia y América Latina. La contaminación microbiana resultante supone el mayor riesgo para la salud en lo que respecta al agua potable a nivel mundial.

Restos de moluscos en el embalse de la Baells que embalsa las aguas del río Llobregat, en la provincia de Barcelona, Cataluña, durante la severa sequía que azotó la zona. Febrero 2024
Foto: Gonzalez-Cebrian/iAgua

A nivel mundial, las aguas subterráneas suministran alrededor del 25 % del agua utilizada en la agricultura de regadío

El cambio climático está agravando estos problemas de calidad del agua al elevar las temperaturas de las masas de agua dulce, acelerar las reacciones químicas y favorecer el crecimiento de algas nocivas. Las aguas más cálidas no solo perturban la vida acuática, sino que también aumentan la persistencia de patógenos transmitidos por el agua, como la E. coli, lo que compromete aún más la seguridad del agua. Los cambios en los patrones de precipitación también intensifican el problema, ya que las inundaciones introducen grandes cantidades de contaminantes en los sistemas de agua dulce, mientras que las sequías concentran los contaminantes en masas de agua cada vez más reducidas. Estos extremos amenazan tanto la disponibilidad como la seguridad del agua para el consumo y el uso agrícola.

Al mismo tiempo, la escasez de agua se está convirtiendo en un problema cada vez más acuciante. Desde 1980, las extracciones mundiales de agua dulce, estimadas actualmente en 4300 km³ al año, casi se han duplicado. La agricultura sigue siendo el mayor consumidor, y esta creciente demanda, agravada por el crecimiento demográfico y la industrialización, está dificultando el acceso a los recursos de agua dulce. Esto es especialmente crítico en zonas como el norte de África y Asia occidental, donde la escasez de agua es grave. En Sudamérica, la construcción de presas ha alterado los ciclos del agua, lo que ha afectado a la pesca y a los ecosistemas locales. El aumento del nivel del mar, impulsado por el cambio climático, también amenaza el suministro de agua dulce, especialmente en las regiones costeras, al provocar la intrusión de agua salada en los acuíferos.

Foto: Pablo Gonzalez Cebrian/iAgua

A nivel mundial, las aguas subterráneas suministran alrededor del 25 % del agua utilizada en la agricultura de regadío. Sin embargo, los niveles de agua subterránea han disminuido en más del 30 % de los acuíferos regionales del mundo desde el año 2000. Si bien el agotamiento de las aguas subterráneas se ha ralentizado en el 20 % de estos acuíferos y se ha revertido en el 16 %, muchas regiones siguen sufriendo un estrés hídrico significativo. El uso excesivo de las aguas subterráneas no solo ha agotado las reservas de agua, sino que también ha provocado el hundimiento del terreno, lo que amenaza aún más la productividad agrícola y la disponibilidad de agua.

Los niveles de agua subterránea han disminuido en más del 30 % de los acuíferos regionales del mundo desde el año 2000

El riesgo de conflictos por el agua está en aumento, ya que muchos recursos hídricos del mundo son compartidos entre países. Los ríos y lagos transfronterizos constituyen aproximadamente el 60% del agua dulce global, y la falta de cooperación eficaz entre los países plantea riesgos geopolíticos considerables. Solo una pequeña proporción de los países con recursos hídricos compartidos cuenta con marcos de gestión, lo que aumenta el potencial de disputas. En 2023, se registraron 379 conflictos relacionados con el agua, lo que subraya los riesgos crecientes asociados a la seguridad hídrica.

Las comunidades indígenas, que a menudo viven en zonas que dependen de ecosistemas de agua dulce prístinos, son especialmente vulnerables. Las alteraciones del agua, ya sea por contaminación, uso excesivo o efectos del clima, amenazan no solo sus medios de vida, sino también sus identidades culturales, ya que muchos pueblos indígenas tienen profundas conexiones espirituales y culturales con las fuentes de agua de las que dependen.

Los ecosistemas de agua dulce experimentan las tasas más altas de pérdida de biodiversidad, con 89 especies confirmadas como extintas y 178 más en riesgo. Aproximadamente el 24% de las especies de agua dulce están amenazadas, debido a la fragmentación de hábitats, especies invasoras, sobreexplotación, contaminación y cambio climático. Los humedales, entre estos ecosistemas, enfrentan las mayores amenazas, ya que se están perdiendo tres veces más rápido que los bosques. La pérdida de biodiversidad en estos hábitats afecta directamente a las poblaciones humanas que dependen de ellos para obtener agua limpia, alimentos y medios de vida.

Los desafíos que enfrentan los sistemas de agua dulce requieren una acción urgente y coordinada. Una gestión eficaz de los recursos hídricos, el control de la contaminación y las estrategias para mitigar el cambio climático son esenciales para garantizar la conservación del agua para las generaciones futuras. El informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial 7 destaca la importancia de la gestión integrada de los recursos hídricos (GIRH), que puede equilibrar las demandas competitivas de agua mientras protege los ecosistemas. Es fundamental también incrementar la inversión en infraestructuras hídricas, especialmente en las regiones más vulnerables, para garantizar el acceso equitativo a agua potable.

El informe también destaca el papel de las tecnologías avanzadas, como los sensores remotos y la vigilancia basada en la inteligencia artificial, para mejorar la gestión del agua y detectar la contaminación de forma temprana. Sin embargo, estas herramientas deben ser accesibles para todas las naciones. A medida que el mundo se enfrenta a retos medioambientales cada vez mayores, está claro que los sistemas de agua dulce son vitales no solo para la supervivencia humana, sino también para la salud de los ecosistemas y la estabilidad de la economía mundial. La protección del agua es una necesidad urgente que exige una atención inmediata para garantizar un futuro sostenible.