Día Mundial del Agua 2026: dónde fluye el agua, crece la igualdad
Cada día, en 53 países del mundo, mujeres y niñas dedican 250 millones de horas a recolectar agua. No es una metáfora: son horas reales que no se invierten en ir al colegio, en trabajar, en descansar ni en participar en la vida pública. La ONU lo ha puesto en el centro de su campaña de 2026, bajo el lema "Donde fluye el agua, crece la igualdad", y el mensaje es tan sencillo como contundente: la crisis hídrica global no afecta a todos por igual, y son las mujeres quienes cargan con la mayor parte del peso.
Este 22 de marzo, el sector del agua tiene una oportunidad —y una responsabilidad— de mirarse al espejo.
Una crisis hídrica que no reparte sus cargas por igual
Los datos de ONU-Agua para 2026 dibujan un panorama que no admite eufemismos. Más de 2.100 millones de personas carecen de acceso a agua potable gestionada sin riesgos. De ellas, una proporción desproporcionada son mujeres y niñas: más de 1.000 millones no tienen acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura, y 380 millones viven en contextos de estrés hídrico alto o crítico, una cifra que podría crecer significativamente hacia 2050. En dos de cada tres hogares sin acceso a agua en las instalaciones, son ellas quienes salen a buscarla.
Este 22 de marzo, el sector del agua tiene una oportunidad —y una responsabilidad— de mirarse al espejo
Las consecuencias se encadenan con una lógica implacable. Las niñas que acompañan a sus madres a buscar agua faltan a clase. Las adolescentes abandonan los estudios cuando en sus escuelas no hay baños seguros o privados —algo que afecta a 156 millones de jóvenes de entre 10 y 19 años en todo el mundo—. Las mujeres adultas ven comprometida su salud, su seguridad y sus oportunidades económicas. Cecilia Sharp, directora de WASH y CEED de UNICEF, lo expresaba con precisión quirúrgica: «Cada paso que da una niña para recolectar agua es un paso que la aleja del aprendizaje, el juego y la seguridad. El agua insalubre, los baños y el lavado de manos en el hogar privan a las niñas de su potencial, comprometen su bienestar y perpetúan los ciclos de pobreza».
El cambio climático actúa como multiplicador de todas estas desigualdades. Las sequías, las inundaciones y la degradación de acuíferos golpean primero y con más fuerza a las comunidades más vulnerables, precisamente las que dependen de fuentes de agua no gestionadas y donde las mujeres asumen casi en exclusiva la carga de la provisión doméstica del recurso.
La brecha de género dentro del propio sector hídrico
Hay una segunda dimensión del problema que interpela directamente a quienes trabajan en el sector del agua. No es solo que las mujeres sufran de forma desproporcionada la crisis hídrica: es que siguen estando excluidas de los espacios donde se diseñan las soluciones.
Los datos son contundentes. A escala global, las mujeres representan algo más de una quinta parte de la fuerza laboral del sector hídrico, y mucho menos en puestos de liderazgo y toma de decisiones técnicas y estratégicas. En España, el informe Mujeres en la Transición Ecológica 2025 del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), publicado en julio de 2025, ofrece una radiografía precisa: solo una de cada cinco personas ocupadas en gestión sostenible del agua es mujer. El contraste con el conjunto de la economía resulta llamativo: en el resto de las actividades económicas, la proporción es prácticamente paritaria —una de cada dos—, mientras que en la economía verde en su conjunto apenas llega a una de cada siete.
La brecha se extiende también a la gobernanza. Según el mismo informe, las mujeres representan únicamente el 30% de los miembros de la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente, el principal foro de coordinación entre el Gobierno central y las comunidades autónomas en materia de política hídrica y ambiental. Y en la formación técnica, las alumnas siguen estando infrarrepresentadas en los ciclos de FP de Gestión del Agua y en los campos universitarios de Ingeniería Civil e Ingeniería de Materiales, precisamente las titulaciones que nutren los puestos técnicos del sector.
Es una paradoja que la campaña de la ONU señala con precisión: las mujeres son las principales gestoras del agua en el hogar y en la comunidad, las que más conocen las necesidades reales del recurso desde la base, y sin embargo están sistemáticamente ausentes de las mesas donde se toman las decisiones sobre infraestructuras, tarifas, políticas de precios y prioridades de inversión.
La investigación internacional apunta, además, que esta exclusión no solo es injusta: es también ineficiente cuando alrededor del 14 % de los países aún no dispone de mecanismos que garanticen la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en la toma de decisiones relacionadas con el agua y la gestión de los recursos hídricos. Según ONU-Agua, cuando las mujeres participan en igualdad en la gobernanza del agua, los servicios resultan más inclusivos, más sostenibles y más eficaces. No es un argumento ideológico: es evidencia empírica acumulada en décadas de estudios sobre gestión comunitaria del agua, especialmente en Asia, África subsahariana y América Latina.
Cuando las mujeres participan en igualdad en la gobernanza del agua, los servicios resultan más inclusivos, más sostenibles y más eficaces
Lo que ya se mueve —y lo que sigue pendiente
El sector no parte de cero. Algunas de las principales operadoras del ciclo integral del agua en España llevan años construyendo una trayectoria concreta en esta materia, con resultados visibles. Aqualia firmó en octubre de 2025 su IV Plan de Igualdad junto a los sindicatos mayoritarios, y mantiene desde 2023 el Distintivo Igualdad en la Empresa del Ministerio de Igualdad renovado por cinco años más. La empresa cuenta con un programa de mentoring de talento femenino activo y es la primera operadora de servicios públicos de agua de ámbito nacional en obtener el sello de Empresa Familiarmente Responsable. Global Omnium, por su parte, ha duplicado los contratos a mujeres en los últimos seis años: el 31% de su plantilla son ya mujeres y 500 de ellas ocupan puestos directivos, según datos propios de la compañía.
Algunas de las principales operadoras del ciclo integral del agua en España llevan años construyendo una trayectoria concreta en esta materia
Sin embargo, los avances chocan con una inercia estructural difícil de vencer. Carmen Rodríguez, directora de Personas y Cultura de Aqualia, lo explicaba hace cuatro años: «El acceso de la mujer ha sido más tardío. Si esperamos un desarrollo natural de los acontecimientos, nos encontraríamos con que hasta dentro de 20 o 30 años no tenemos mujeres en puestos de toma de decisión».
En el camino, el propio MITECO, a través del informe mencionado anteriormente, ha dado un paso relevante al desarrollar un sistema de 53 indicadores con enfoque interseccional de género para medir de forma sistemática y bienal la evolución de estas brechas. Es, en sí mismo, un avance: lo que no se mide, no se gestiona. Las recomendaciones del informe apuntan a la necesidad de mejorar la formación técnica femenina en áreas verdes, facilitar el acceso de las mujeres emprendedoras a financiación, e integrar su voz en la planificación y evaluación de los proyectos hídricos.
A escala internacional, la campaña del Día Mundial del Agua 2026 pide explícitamente que las mujeres estén representadas en igualdad en todos los niveles de liderazgo hídrico: desde el diseño de infraestructuras y la formulación de políticas hasta la ingeniería, la ciencia aplicada, la gestión agrícola del agua y el liderazgo comunitario. Y pide también algo que con frecuencia se omite en el debate: involucrar a los hombres y niños como aliados activos en este cambio, no como espectadores. En este sentido, en iAgua llevamos años dando visibilidad a las mujeres que lideran la innovación y la gestión en el sector del agua, poniendo en valor un talento que existía, pero que no siempre ha tenido el altavoz que merece.
El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026 (WWDR), que publica UNESCO precisamente este 22 de marzo, dedica su edición íntegra a la relación entre agua y género. Sus recomendaciones de política pública interpelan a gobiernos, pero también a operadoras, consultoras, empresas tecnológicas y organismos de cuenca. El informe llega en un momento especialmente relevante: a mitad del camino hacia el horizonte 2030, el ODS 6 acumula un retraso significativo y la ventana para corregir el rumbo se estrecha.
El plazo se acorta
El ODS 6 —agua y saneamiento para todos antes de 2030— lleva años rezagado. El ODS 5 —igualdad de género— también. La ONU subraya que ambos están profundamente conectados: no es posible avanzar en uno sin progresar en el otro. Quedan cuatro años. En ese tiempo, el sector del agua tendrá que construir y rehabilitar infraestructuras, digitalizar redes, gestionar sequías cada vez más severas, negociar tarifas y diseñar políticas de adaptación climática. Todo eso será más difícil —y menos justo— si se afronta sin la mitad del talento disponible y sin atender las necesidades específicas de quienes más sufren cuando el agua falta.
Donde fluye el agua, crece la igualdad, dice la ONU. El sector hídrico podría añadir: y donde crece la igualdad, el agua —y las soluciones para gestionarla— fluyen mejor.