En una isla, el agua nunca está garantizada. No basta con esperar a que llueva: hay que medir cada gota, transportarla por geografías imposibles, almacenarla y, cada vez más, fabricarla a partir del mar. Los territorios insulares han convivido siempre con una conciencia que el resto del país empieza a descubrir ahora: la de que el recurso es finito, caro de producir y dependiente de la energía. Acuíferos al límite, demanda turística que se dispara en verano, infraestructuras dispersas y una factura energética elevada dibujan un escenario en el que la digitalización deja de ser una mejora para convertirse en una condición de supervivencia.
El décimo episodio de Conexión Agua, el videopodcast impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para difundir las actuaciones del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua —el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica dedicado al agua—, viaja a las islas para comprobar cómo se gestiona el recurso allí donde nunca sobra. Y lo hace cerrando con una mirada que conecta todos los territorios: la del Observatorio de la Gestión del Agua, la nueva plataforma que aspira a vertebrar la información hídrica de todo el país.
El episodio reúne la visión institucional del Gobierno de Canarias, el ciclo urbano de EMAYA en Palma de Mallorca y de EMMASA en Santa Cruz de Tenerife, el regadío de la Comunidad de Aguas Riegos Comarca Santa Cruz de La Palma, Breñas y Mazo y, como colofón, el Observatorio de la Gestión del Agua de la Dirección General del Agua. Cinco perspectivas que, desde realidades muy distintas, comparten una misma certeza: en el agua, lo que no se mide no se puede gobernar.
Canarias: coordinar siete islas y un mix que depende cada vez más de la desalación
La conversación arranca con Fernando Azcárate Camino, director de la Unidad de Proyectos del Ciclo del Agua (Fondos Next Generation) del Gobierno de Canarias, quien describe un archipiélago de siete realidades hídricas bien distintas. La gestión del agua se reparte entre consejos insulares de agua, cabildos, operadores municipales y comunidades de aguas privadas, y el papel del Gobierno autonómico, tal como recoge la propia ley canaria, es de coordinación y planificación. Una misma isla puede necesitar actuaciones opuestas en el norte y en el sur, y entre islas la madurez tecnológica es muy dispar.
Los fondos europeos vinculados al agua se canalizan en Canarias por tres líneas: el PERTE de los consejos insulares, el telecontrol de El Hierro y el futuro Observatorio del Agua de Canarias. Azcárate reconoce que la transformación está aún en ejecución y que su valor llegará cuando ofrezca lo que hoy falta: datos objetivos para tomar decisiones, conocer el estado real de las redes y gobernar los procesos de depuración y desalación con información fiable.
«En Canarias, más de la mitad del agua que se consume es desalada»
El abastecimiento canario descansa en buena medida sobre la desalación, y ahí aparece el nudo del episodio: el nexo entre agua y energía. La dependencia energética de una región árida es enorme, y todo lo que llega de acuíferos y galerías también debe tratarse. Por eso Azcárate subraya el papel de la innovación —cita al Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), que trabaja en reducir casi a la mitad el consumo energético de la desalación— y reclama, en el marco del Régimen Económico y Fiscal (REF) de Canarias, la actualización de la subvención estatal a la producción de agua, cifrada en torno a 8,5 millones de euros y congelada desde 2019, una palanca de inversión clave para el archipiélago.

Mallorca: soberanía sobre el agua y la energía en una ciudad que no deja de crecer
Desde Baleares, Jaume Femenías Blanch, director del ciclo del agua de EMAYA, la empresa municipal del Ayuntamiento de Palma, presenta una entidad fundada en 1943 que ha rebasado los ochenta años de historia. EMAYA no gestiona solo el ciclo del agua: también la recogida de residuos, la limpieza de la ciudad, una generadora y comercializadora propia de electricidad y gas y un área de ingeniería y planificación estratégica. Esa integración nace de una necesidad insular: al estar aislados de la península, han tenido que reparar sus propias bombas, mantener su laboratorio y sobredimensionar sus almacenes para resistir semanas sin suministro.
La presión demográfica explica el resto. Palma no llegaba a 300.000 habitantes en 1980 y EMAYA atiende ya a cerca de medio millón de personas —carga turística incluida—, con una proyección de crecimiento de la población de hasta el 20 % en quince años. A ello se suma una estacionalidad turística que dispara la demanda entre un 30 % y un 40 % entre invierno y verano. La respuesta ha sido diversificar fuentes —pozos y embalses, y desaladoras propias— y reforzar la soberanía sobre dos recursos estratégicos, el agua y la energía.
«Ya no hablamos de sequía, hablamos de escasez; y cuando tenemos agua, damos gracias, porque es un periodo entre sequías»
El proyecto Digital Aigua, seleccionado entre los cincuenta mejores de España en la segunda convocatoria del PERTE y dotado con cerca de seis millones de euros, ejecutado ya al 90 %, ha acelerado una hoja de ruta que la empresa preveía hasta 2030. Sus veintidós actuaciones han permitido sectorizar la red —llegarán al 85 % este año—, reducir fugas y aplicar gemelos digitales y modelización a la planificación. Femenías admite con franqueza que no todo ha salido bien: los 22.000 sensores nuevos, sumados a los 30.000 o 40.000 ya instalados, han multiplicado la información mucho más deprisa que la capacidad de gestionarla, y ese es el reto que abordarán a partir de julio. Destaca además un esquema de cooperación con otros municipios —cinco mesas territoriales que alcanzan a más del 60 % de la población de la isla— y reivindica el saneamiento como el gran olvidado: en una isla que vive del mar, las aguas residuales no pueden acabar en él.

Santa Cruz de Tenerife: de gestionar con estimaciones a gestionar con datos reales
La capital tinerfeña llega de la mano de Carla Ylenia Trujillo Pulido, directora del PERTE de EMMASA, la empresa mixta de aguas de Santa Cruz de Tenerife. Da servicio a una ciudad de más de 200.000 habitantes en la que cerca del 60 % del agua procede de la desalación, lo que obliga a operar infraestructuras muy tecnificadas, intensivas en energía y sin margen de error. A ello se añaden una orografía con grandes desniveles y barrios alejados de los centros de producción, que exigen una red robusta y muy sectorizada.
«Pasamos de gestionar con estimaciones a gestionar con datos reales»
El proyecto PERTE de EMMASA, con un presupuesto superior a los ocho millones de euros y cierre el 1 de junio, despliega sensores y registradores de fugas en más de 200 kilómetros de red, telelectura para más de 60.000 contadores, la digitalización de la desaladora y una planta fotovoltaica de más de 400 kilovatios, complementada con generación solar en los bombeos de agua potable. Buena parte ya está operativa: la red está monitorizada casi en tiempo real, la telelectura evita desplazamientos y reduce emisiones, y la gestión ha pasado de reactiva a preventiva.
Trujillo destaca una actuación menos visible pero decisiva: el cartografiado digital de la red de saneamiento, con más de 30.000 puntos revisados, y un censo vivienda a vivienda de los pozos negros del municipio, muchos de titularidad privada. Sobre un sistema de información geográfica (GIS) ya consolidado, esa nueva capa permite cuantificar los vertidos al subsuelo, cumplir la normativa ambiental y planificar la extensión del saneamiento con criterios sociales, técnicos y ambientales. El PERTE no es un punto final, insiste, sino el momento a partir del cual empezar a exprimir de verdad lo implantado.

La Palma: el agua privada de las galerías y el reto de regar con precisión
El regadío insular lo aporta Antonio Pérez Carballo, gerente de la Comunidad de Aguas Riegos Comarca Santa Cruz de La Palma, Breñas y Mazo, en el sureste de la isla. Explica una singularidad que distingue al modelo canario del continental: aquí el agua se gestiona mayoritariamente a través de comunidades de aguas privadas, entidades civiles reconocidas por una ley de 1956 que captan agua subterránea perforando pozos y, sobre todo, galerías horizontales. El agua queda vinculada al partícipe, no a la tierra, y se organiza un auténtico mercado de agua privada.
La comunidad reúne más de 6.000 participaciones procedentes de más de 30 captaciones repartidas por el este de la isla y abastece a unos 2.200 comuneros, en su mayoría agricultores. Distribuye agua para unas 650 hectáreas de cultivo —en torno a 250 de platanera y una cifra similar de aguacate, además de pequeños huertos, viñas y frutales— y suministra también a los municipios de Breña Baja y Mazo (unos 10.000 habitantes), a hoteles, al aeropuerto, a industrias y a una embotelladora; en invierno, cuando baja el riego, llega también a Santa Cruz de La Palma y Breña Alta.
«La digitalización nos aporta datos, capacidad de gestión y la agilidad que necesitamos para los retos climáticos que se nos vienen por delante»
La comunidad es beneficiaria de los fondos Next Generation a través de la Sociedad Mercantil Estatal de Infraestructuras Agrarias (SEIASA), con la que ha sacado adelante la modernización de la red de San Miguel. La infraestructura actual supera los cincuenta años y pierde entre el 15 % y el 20 % del agua antes de llegar a la finca; el nuevo sistema, que sirve el agua por contadores en parcela, reducirá drásticamente esas pérdidas y permitirá regar en función de la meteorología, frente al rígido turno actual que obliga a pedir el agua con más de cincuenta días de antelación.
Pérez Carballo dedica un tramo a la erupción de Cumbre Vieja (volcán Tajogaite) de 2021. Su comarca, en el sureste, solo sufrió lluvia de cenizas que dañó cultivos y colmató depósitos; el golpe se concentró en la vertiente oeste, donde la lava cubrió más de 1.200 hectáreas. Comunidades como Cruz Bermeja perdieron tres cuartas partes de su superficie y otras quedaron incomunicadas al cortar la colada sus conducciones, lo que ha exigido reconectar redes a través de los campos de lava una vez enfriados. Con los aforos de galerías y pozos reducidos entre el 30 % y el 80 %, concluye, la eficiencia ya no es una opción.

El Observatorio de la Gestión del Agua: el dato hídrico de toda España en tiempo real
El episodio se cierra con una mirada nacional. Fernando Pastor Argüello, coordinador del Área de Información Hidrológica de la Dirección General del Agua, junto a Guillermo Plaza Pascual y Mª Agustina López, jefes de servicio en la misma área, presentan el Observatorio de la Gestión del Agua. La obligación de custodiar y publicar la información hidrológica ya estaba en el artículo 33 de la Ley del Plan Hidrológico Nacional, y se materializa en instrumentos como el Boletín Hidrológico Semanal o el Anuario de Aforos; la novedad del Observatorio es ofrecer esa información en tiempo real y de forma homogénea.
Pastor explica que la plataforma no sustituye a los organismos, sino que los integra: mediante reglas y protocolos de comunicación (las API) recaba datos de las confederaciones y otras instituciones y los presenta de manera estandarizada. Se suma la Orden TED/1191/2024, de 24 de octubre, que mejorará el control volumétrico de captaciones y vertidos enviando esa información en tiempo real a las confederaciones y al propio Observatorio.
«El valor añadido es que se va a presentar de una manera homogénea todos los resultados que dan los diferentes organismos» (Fernando Pastor)
Guillermo Plaza detalla los tres grandes bloques de datos —meteorológicos, hidrológicos y de usos del agua—. En lo hidrológico, el Observatorio integra más de 1.000 estaciones de aforo y entre 400 y 450 embalses, con niveles, volúmenes, reservas y caudales de salida; incorpora los umbrales de aviso hidrológico en tres niveles —amarillo, naranja y rojo—, consensuados con las confederaciones y protección civil, además de unos 600 piezómetros, telenivómetros en los Pirineos y las zonas inundables asociadas a periodos de retorno de 10, 50, 100 y 500 años. Una calculadora de aportaciones de embalses, reservada a usuarios técnicos, anticipará el volumen que recibirá cada embalse a partir de predicciones meteorológicas.
La capa meteorológica llega de la mano de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que aportará observaciones en tiempo real, imágenes de radar y los modelos numéricos HARMONIE-AROME y el europeo ECMWF. Pastor lo resume como la creación de un servicio hidrometeorológico que une a AEMET y a la Dirección General del Agua, habitual en el resto de Europa. Por su parte, Mª Agustina López subraya el bloque de usos del agua —volúmenes captados y vertidos, origen de los recursos, reutilización— y el doble acceso, público y privado, con cumplimiento de la normativa de datos abiertos. El Observatorio incorporará además el Sello del Agua y un sistema de seguimiento de los indicadores del PERTE, y los datos validados se apoyarán en el Anuario de Aforos contrastado por el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX) y las confederaciones.

Epílogo: las islas como anticipo
Lo que une a estos cinco bloques no es la geografía —Canarias, Baleares y la escala nacional del Observatorio responden a realidades muy diferentes—, sino una misma intuición: en el agua, anticiparse ya no es opcional. Cuando el recurso es escaso y cada fallo tiene un impacto directo sobre la ciudadanía, la gestión reactiva deja de servir. Las islas lo aprendieron antes que nadie por pura necesidad, y por eso ensayan hoy soluciones —integración de la desalación en el mix, telecontrol, vigilancia detallada de acuíferos, riego de precisión— que el resto del país probablemente acabará incorporando a medida que el cambio climático tense también sus recursos.
El PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua actúa como catalizador de un proceso que ya estaba en marcha: convertir cada infraestructura del agua en una infraestructura inteligente. Y el Observatorio de la Gestión del Agua añade la pieza que faltaba, la que da sentido al conjunto: que ese dato, generado isla a isla y cuenca a cuenca, deje de vivir en silos y se comparta de forma homogénea y en tiempo real. Porque el reto, en las islas y en el continente, ya no es solo tener agua, sino tener el conocimiento para gestionarla.


