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¿Serías capaz de nadar en una piscina que contiene residuos radiactivos?

  • ¿Serías capaz nadar piscina que contiene residuos radiactivos?

Sobre el blog

Jaime Méndez Hernando
Alumno de segundo año del Master Universitario en Ingeniería Química de la Universidad Politécnica de Madrid de la rama de Medio Ambiente y Procesos.
ABB

Breve introducción y contexto global

En un mundo totalmente inmerso en la búsqueda de recursos renovables para sustituir a los combustibles fósiles y a su contaminación asociada, una de las alternativas que se presentan es la obtención de electricidad mediante el uso generación de energía de origen nuclear.

Su metodología, explicada muy brevemente, se basa en la fisión nuclear: división de un núcleo atómico en varios más livianos, generando además subproductos (neutrones libres, fotones) y otros fragmentos del propio núcleo (partículas alfa y beta) junto con una gran cantidad de energía. Este proceso se lleva a cabo en reactores nucleares, que son equipos diseñados para iniciar, mantener y controlar estas reacciones usando uranio, plutonio y torio. La energía obtenida en forma de calor es canalizada con la intención de obtener vapor de agua, siendo esta última llevada a una turbina que activará un generador, produciendo finalmente energía eléctrica.

A priori puede parecer un sistema muy complejo y sutil, pero la realidad es que es una tecnología de producción energética que se lleva desarrollando desde los años 80 en todo el mundo. Tal es así que su estudio e investigación es de carácter masivo por las alta cantidades de energía que puede llegar a liberar y generar, junto con su multitud de aplicaciones.

En su defecto, y como gran parte de la población sabe y conoce, los residuos derivados son de una elevada toxicidad, peligrosidad e impacto, tanto en el medio ambiente como en la salud. Además, un mal control de este tipo de plantas industriales puede derivar en accidentes con consecuencias terribles (es el ejemplo de Chernóbil a finales de los años 80 o Fukushima en 2011).

En España no es una tecnología socialmente muy bien aceptada, básicamente por esto último que acabo de mencionar. Se ha optado por otro tipo de alternativas para la generación de electricidad limpia, como puede ser la energía solar y fotovoltaica (por ser uno de los países europeos con más horas de sol al año) o la energía eólica (altamente extendida por todo el territorio nacional y muy desarrollada). Sin embargo, existen países como Francia o China donde se ha apostado por la alternativa de carácter nuclear.

Tratamiento y almacenamiento

Una vez producida, el tratamiento de los residuos de carácter radioactivo debe de ser estricto y monitorizado en todo momento. De manera general, los residuos se subdividen en función de su actividad: muy baja, baja, media y alta. En España, aproximadamente el 95% de ellos pertenece a las tres primeras categorías.

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Una de las partes más importantes de su tratamiento, aparte de su reducción y posterior eliminación, el su almacenamiento tras su uso. En el caso de nuestro país, los residuos se almacenan en una instalación llamada El Cabril, ubicada en Hornachuelos (Córdoba), que inició su operación en octubre de 1992.

El sistema de almacenamiento se basa fundamentalmente, en la interposición de barreras de ingeniería (contenedores y celdas de hormigón) y barreras tanto naturales como artificiales (capas de cobertura) que aíslan de forma segura los residuos radiactivos durante el tiempo necesario para que se conviertan en sustancias inocuas. La manera más común de hacerlo es empleando piscinas llenas de uno de los fluidos más importante del universo: el agua.

La explicación de por qué utiliza este líquido es simple; el agua actúa como un blindaje contra la radiación que emiten estos residuos y como refrigerante, disipando el calor procedente del fondo de la piscina. Cómo también es de imaginar, el agua debe presentar unas características específicas relativas a su composición además de ser refrigerada de manera constante.

Si te sumergieras por accidente, ¿serías capaz de sobrevivir?

Aunque inicialmente esta aplicación pueda llevar a resultar sorprendente, todavía hay más. Imaginémonos por un momento que uno de los trabajadores de planta cae accidentalmente en el interior de la piscina, nadando sobre la superficie. ¿Estaría expuesto a la radiación procedente de los contenedores que se encuentran debajo de toda la masa de agua de la piscina?

El sentido común nos hace pensar que sí, pero la ciencia nos dice que no. Teóricamente, y si el agua esta correctamente tratada, el trabajador sería capaz de sumergirse durante un tiempo unos pocos metros sin que le pase absolutamente nada. Es más, si recurrimos a la ciencia, estaría sufriendo una cantidad inferior de radiación comparándolo respecto a si estuviera en la superficie. De manera ininterrumpida y a lo largo de la vida, las personas estamos sometidas a radiaciones de origen natural inofensivas, simplemente por el mero hecho de estar rodeados de elementos que la emiten, como por ejemplo el sol.

Existen casos reales que demuestran que esto es algo verídico. En 2010 un empleado especializado que estaba buceando y revisando la piscina de combustible gastado del reactor nuclear de Leibstadt (Suiza) detectó un elemento no identificado en el fondo de la piscina, llamando por radio a su supervisor para preguntarle qué debía hacer. Las instrucciones fueron claras: debía ponerlo en el interior de su cesta de herramientas. Debido al ruido que producían las burbujas durante el tratamiento del agua en la piscina, fue incapaz de oír la alarma de radiación.

Cuando sacó la cesta de herramientas del agua, las alarmas de radiación de toda la sala se dispararon y  buceador soltó la cesta mientras salía de la piscina. Las placas del dosímetro del buceador mostraron que había recibido una dosis de radiación superior a la normal, siendo extremadamente alta en su mano derecha.

El elemento (un tubo que se había desprendido del reactor durante el proceso) era tan radiactivo que, si hubiera estado en contacto con algún órgano vital, podría haberle causado la muerte. De esta forma, fue el agua la que actuó como barrera protectora entre la fuente de radiación y su propio cuerpo, salvándole así la vida.

Por tanto, respondiendo a la pregunta principal: sí, probablemente sobrevivas y te encuentres bien, siempre y cuando no te sumerjas a mucha profundidad y no tengas la brillante idea de coger algo que se encuentra en el interior de la piscina.

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Redacción iAgua