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Sobre el blog

Ramón López
Water and Waste Water Solution Center Director en Schneider Electric.
ABB

En los países donde hay mayor escasez de agua, la desalación se plantea como la mejor alternativa para producir agua de uso agrícola y doméstico. Construir una planta desaladora no es tarea fácil, requiere de gran conocimiento y sobre todo de músculo financiero. Por este motivo, en la mayoría de los casos este tipo de infraestructuras se ejecutan bajo el modelo BoT (Build Operate and Transfer), en el que una empresa se hace cargo de la construcción y la operación de la planta por un periodo de entre 20 y 30 años, asumiendo tanto su riesgo técnico como el financiero.

Si bien el mercado del agua está muy fragmentado, no hay muchas empresas que puedan acometer este tipo de obras. En las más importantes, la competencia por adjudicarse el proyecto se reduce a cinco o seis empresas que deben analizar bien los costes globales durante todo el proyecto para ajustar el precio al máximo, ya que, salvo algunas excepciones, la compañía que ofrezca el menor precio por metro cúbico de agua suele quedarse con el proyecto.

Inversor, constructor y operador

En este modelo existen tres roles que se suelen repetir en todas las licitaciones. Por un lado, una empresa que juega el papel de inversor o developer; por otro, una organización que ejerce de constructor o EPC; y finalmente, una tercera compañía encargada de operar y mantener.

En los países donde hay mayor escasez de agua, la desalación se plantea como la mejor alternativa para producir agua de uso agrícola y doméstico

El inversor tiene la visión global del proyecto y asume el riesgo total del proyecto, especialmente el financiero, que es el más difícil de transferir a sus socios o subcontratistas. Debe comprometerse con un precio por metro cúbico de agua durante todo el periodo de operación y con él debe ser capaz de obtener el retorno de inversión esperado.

El constructor suele ser un subcontratista del inversor al que se le transfieren los riesgos técnicos de la construcción, y su alcance incluye el diseño y la construcción de la planta. Cada constructor realiza su propio diseño para tratar de optimizar los costes y ser más competitivo. En este proceso, divide el alcance del proyecto en varios paquetes y llama a competir a diferentes empresas especialistas en cada materia.

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En el caso del operador, normalmente son empresas que solo proporcionan los recursos cualificados necesarios para poder operar y mantener la planta. El riesgo que asumen es bastante bajo, ya que casi todo reside en el inversor, que suele tener conocimiento para acometer estos trabajos.

Ineficiencias del modelo BoT

Con las tecnologías actuales este esquema de ejecución queda obsoleto o cuanto menos bajo cuestión. Hoy en día existen herramientas y soluciones que permiten optimizar el ciclo completo del proyecto: diseño, construcción y operación. Si cada actor involucrado se preocupa únicamente de optimizar su alcance, estamos perdiendo la visión holística del proyecto. El inversor y el constructor trocean el alcance pensando que de esta manera van a ser más competitivos, pero…, ¿y si se equivocan? Veamos las ineficiencias de este modelo de ejecución.

Hoy en día, CAPEX y OPEX están más entrelazados que nunca, ya que las soluciones más avanzadas permiten optimizar la operación y el mantenimiento desde la fase de diseño. El inversor, al dividir estos dos componentes, está impidiendo una optimización a largo plazo del proyecto.

Otra ineficiencia se comete cuando el constructor divide el CAPEX en demasiados paquetes para crear competencia en cada uno de ellos y optimizarlos de forma independiente. Esta forma de actuar dificulta la integración entre sistemas y complica la ingeniería, la puesta en marcha y el posterior mantenimiento.

Las soluciones tecnológicas

En el modelo actual, se están dejando de lado todas las soluciones tecnológicas que permiten optimizar el ciclo completo del proyecto, como las herramientas de simulación, las aplicaciones de eficiencia energética, las plataformas de integración de datos, la gestión de activos con posibilidad de mantenimiento predictivo, etc. Estas herramientas deberían ser tenidas en cuenta desde el diseño de la planta para optimizar el coste total del proyecto (CAPEX+OPEX). Sin embargo, actuar de esta manera implica modificar el modelo actual:

  •  El diseño de la planta debería realizarse teniendo en cuenta las herramientas de simulación, pero no todas las constructoras están preparadas para ello.
  • La división por paquetes debería ser menos granular para permitir la interoperabilidad de sistemas, lo que generaría menos “batallas” entre proveedores tecnológicos, pero más eficientes.
  • El constructor debería tener una visión del proyecto con mayor largo plazo, para poder valorar los beneficios que estas herramientas traen consigo en el OPEX.

Si no cambiamos la manera de trabajar ni cuestionamos los actuales modelos de negocio, estaremos perdiendo el potencial que las nuevas tecnologías nos están proporcionando. Alineando ambos aspectos (comercial y tecnológico) podremos encontrar entornos más eficientes para las empresas y más sostenibles para el medio ambiente.

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